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sábado, 3 de septiembre de 2016

Qué significa la Ley Scout para un scout


Ley Scout
Un Scout debe tener siempre, en la mente y el corazón, tanto la Ley como la Promesa Scout, porque son los que hacen que un Scout sea Scout. Es decir, tanto la Ley como la Promesa, no son meros enunciados que se pronuncian en una ceremonia y que después quedan como ideales que no se pueden alcanzar. Tanto la Ley como la Promesa, deben ser el “motor” de la vida del Scout, de lo contrario, hacer una Promesa, para no cumplirla, basada en una Ley, en la que no se cree porque no se cumple, es algo destinado al fracaso. En otras palabras, si alguien hace una promesa, basada en una ley, pero no cree ni practica la ley, entonces tampoco puede llevar a cumplimiento, de modo perfecto, aquello que dice la promesa.
¿Qué dice la Ley Scout?
En su primer precepto, dice así: “El/La Scout ama a Dios y vive plenamente su Fe”. El precepto es bien claro: “ama a Dios” y “vive plenamente su fe”. Ahora bien, en el caso de los Scouts católicos, el Dios al que hay que amar es el Dios Uno y Trino, el Único Dios verdadero, en el que hay Tres Divinas Personas, una de las cuales, Dios Hijo, bajó del cielo, se encarnó en la Virgen, murió en la cruz por nuestra salvación, subió a los cielos, y al mismo tiempo que subió a los cielos, se quedó en la Eucaristía. Esto quiere decir que, para el Scout, “amar a Dios”, significa amarlo en la Eucaristía, porque Jesús es el Dios de la Eucaristía, el Dios de los sagrarios. De modo concreto, entonces, para el Scout católico, el cumplimiento del primer precepto de la Ley Scout, el más importante, coincide con el Primer Mandamiento de la Ley de Dios: “Amar a Dios y al prójimo como a uno mismo”. Sólo que es Dios al que hay que amar, está en la Eucaristía; esto quiere decir que, para cumplir el primer precepto, el Scout católico debe amar la Eucaristía, que se nos dona en cada Santa Misa y que permanece en el sagrario. Pero la Eucaristía no es una “cosa”, sino un “Alguien” y ese Alguien es Cristo Jesús. El Scout que no ama a Cristo Jesús en la Eucaristía, no puede, de ninguna manera, cumplir el primer precepto de la Ley Scout: “amar a Dios y vivir su fe”, porque ese Dios al que hay que amar y de cuya fe hay que vivir, tiene un rostro, un nombre y un cuerpo, Jesús de Nazareth, Presente en la Eucaristía.
            Por último, un Scout católico debe adorar a su Dios, Jesús Eucaristía, en el sagrario, y debe asistir a Misa -debidamente confesado- para recibir a Jesús Eucaristía en el corazón, para allí amarlo y adorarlo.
Sólo así, el Scout católico tomará fuerzas, que provienen del mismo Jesús Eucarístico, para cumplir la Promesa Scout, hacer lo posible para cumplir los deberes, ayudar al prójimo y vivir la Ley Scout.

viernes, 20 de marzo de 2015

La Ley Scout esconde el secreto de la felicidad para el Scout


        La Ley Scout esconde el secreto de la felicidad para un Scout y por eso mismo, un scout católico debe tener siempre presente, en su mente y en su corazón, tanto la Ley[1] como la Promesa[2] Scout: la Ley Scout le permitirá poner en orden a los valores más importantes de la vida; la Promesa Scout, a su vez, le permitirá vivir en concreto los valores y ponerlos por obra en la vida cotidiana; la unión de la Ley y de la Promesa -que es la puesta en obra de la Ley- dará la felicidad al Scout. Veamos un poco más en detalle el por qué. En el caso de los Scouts Católicos, es muy importante conocer la Ley Scout, porque sus preceptos, valores, normas y principios, se encuentran entre los más nobles y excelentes que pueda desear y adquirir un joven. Pero de entre todos estos preceptos, valores, normas y principios de la Ley Scout, hay uno, que es el más excelente de todos, y es el primero, porque en él está concentrada toda la Ley Scout: “El Scout ama a Dios y vive plenamente su Fe”. Si un Scout cumple con este precepto de la Ley Scout, cumple con toda la Ley Scout, porque sucede como con los Diez Mandamientos: así como el Primer Mandamiento –“Amarás a Dios por sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo”- resume y condensa a todos los Mandamientos, de manera tal que el que cumple el Primer Mandamiento, cumple todos los Mandamientos, así sucede con la Ley Scout: quien cumple con el primer precepto, cumple con toda la Ley Scout, porque en él está contenida toda la Ley.
         Por otra parte, no hay un precepto más hermoso -y aquí está la clave de porqué la Ley Scout esconde el secreto de la felicidad para el Scout- porque manda “amar a Dios” y “vivir plenamente” la Fe en Dios, y no puede haber un precepto más hermoso que el primero de la Ley Scout, porque manda amar al Amor, porque, como dice el Evangelista Juan, “Dios es Amor” (1 Jn 4, 8). Sucede lo que sucede con la Ley de Dios: no hay un mandamiento más hermoso que el primero, que manda amar a Dios. El Scout se encuentra, entonces, en la “obligación” –bendita- de “amar a Dios”, porque así lo establece su Ley, tal como sucede con los Mandamientos de la Ley de Dios, en donde se “manda” amar a Dios. Ésta es entonces la razón de porqué decimos que la Ley Scout esconde el secreto de la felicidad para el Scout: porque manda "amar al Amor", y no hay nada más hermoso que eso.
Ahora bien, hay que precisar que, en el caso de los Scouts Católicos, el Dios al que hay que amar, no es un Dios que esté lejano, perdido en el cosmos, y del cual se tienen pocas o ninguna noticia; "la fe que hay que vivir", en el caso de los Scouts católicos, nos dice que el Dios de los Scouts católicos es un Dios que es Uno en naturaleza y Trino en Personas, como enseña el Catecismo de Primera Comunión, y que se ha encarnado, de esas Tres Divinas Personas, la Segunda, el Hijo, en Jesús de Nazareth. Es decir, para el Scout católico, el Dios al que hay que amar, el Dios al que manda la Ley Scout amar, tiene un Rostro, un Cuerpo, un Nombre: Jesús de Nazareth, el Hombre-Dios, la Segunda Persona de la Santísima Trinidad, que se encarna en el seno de María Virgen y es Dios, de majestad y poder iguales al Padre y al Espíritu Santo.
Entonces, si el Scout católico quiere cumplir y vivir la Ley Católica, tiene que dirigirse a su Dios, que se ha encarnado en Jesús de Nazareth, para amarlo, con todas las fuerzas de su corazón. ¿Y dónde está ese Dios, al que el Scout católico debe amar, con todas las fuerzas de su corazón? Ese Dios, Jesús de Nazareth, está en la cruz y está en la Eucaristía, y es ahí adonde debe acudir el Scout católico para amarlo y adorarlo, para así cumplir con la Ley Scout.






[1] 1 El/La Scout ama a Dios y vive plenamente su Fe. 2 El/La Scout es leal y digno/a de toda confianza. 3 El/La Scout es generoso/a, cortés y solidario/a. 4 El/La Scout es respetuoso/a y hermano/a de todos. 5 El/La Scout defiende y valora la familia. 6 El/La Scout ama y defiende la vida y la naturaleza. 7 El/La Scout sabe obedecer, elige y actúa con responsabilidad. 8 El/La Scout es optimista aún en las dificultades. 9 El/La Scout es económico/a, trabajador/a y respetuoso/a del bien ajeno. 10 El/La Scout es puro/a y lleva una vida sana. Cfr. http://www.scouts.org.ar/nosotros/ley-y-promesa
[2] Yo (….……………………..), por mi honor PROMETO/ hacer cuanto de mí dependa/ para cumplir mis deberes para/ con Dios, la Patria, con los demás y/ conmigo mismo,/ayudar al prójimo/y vivir la Ley Scout. http://www.scouts.org.ar/nosotros/ley-y-promesa