sábado, 12 de septiembre de 2026

Análisis y crítica del fenómeno juvenil llamado “farmear aura”

 


Análisis y crítica del fenómeno juvenil llamado “farmear aura”

         1-Desde el inicio, hay errores en la misma denominación y dichos errores son dos: una inapropiada deformación del español y la adopción de un término proveniente del gnosticismo de la Nueva Era: “farmear” es una deformación del idioma inglés y una castellanización inapropiada, derivada del verbo inglés “to farm” que significa “Trabajar en la granja, cultivar, cosechar o explotar una tierra o cuidar animales”; el término “aura” proviene de la Nueva Era, según la cual el aura es un “halo energético” que rodea a la persona y solo puede ser observado por médiums y registrado por “cámaras fotográficas especiales”, todo lo cual constituye un engaño y una falsedad. Según el gnosticismo de la Nueva Era, el “aura” se puede fotografiar con una cámara especial, la “cámara de Kirlian”, un dispositivo fotográfico diseñado para capturar un fenómeno físico real conocido como efecto corona o descarga coronal. Fue inventada accidentalmente en 1939 por el investigador soviético Semyon Kirlian y su esposa Valentina. Aunque históricamente se le ha atribuido la capacidad de “fotografiar el aura” o la “fuerza vital” de los seres vivos, la comunidad científica ha demostrado que el efecto se debe exclusivamente a principios físicos y eléctricos conocidos. Para la Nueva Era, el “aura” es el qi o la fuerza vital del organismo; Dicen que refleja el estado emocional, el estrés o enfermedades del sujeto. Contrariamente a las fantasías gnósticas de la Conspiración de Acuario, hay una explicación científica demostrada para la aparición de este fenómeno y es que se trata de una descarga coronal eléctrica que se exactamente igual en objetos inanimados como monedas que varía según la humedad, la sudoración, la presión y la conductividad física del objeto en ese instante. El “aura” no es otra cosa que un fenómeno eléctrico producido cuando, al colocar una placa metálica conectada a una fuente de alto voltaje y alta frecuencia, la descarga eléctrica provoca la ionización (la ionización del aire es el proceso químico o físico mediante el cual las moléculas del gas que componen la atmósfera ganan o pierden electrones, lo que hace que adquieran una carga eléctrica y se transformen en iones) de los átomos del aire que está alrededor de los objetos (animados o inanimados); esta ionización genera gases que emiten luz (plasma), creando un halo brillante y colorido que queda registrado directamente en la película. Como vemos, el “aura”, lejos de ser lo que pretende la Nueva Era, es un simple fenómeno eléctrico. La palabra “aura”, cargada de gnosticismo (conocimiento alejado de Dios) es tomada por las redes sociales con un sentido equivalente al gnóstico.

         2-Hay un deseo de llamar la atención de los demás;

         3-No hay demostración de talentos reales (a diferencia, por ejemplo, del fenómeno callejero llamado “break dance”, surgido en la década de los ’80, en donde por lo menos sí había demostración de habilidades reales y no imaginarias);

         4-Las “batallas” solo consisten en imitar, en la realidad, características de personajes observados en las redes sociales;

         5-Esta imitación, a su vez, es solo imaginaria, ya que todo reside en las mentes de quienes los imitan, sin que haya en la realidad talento, poder o energía alguna;

         6-Es un fenómeno social provocado por las redes sociales, similar en un todo a lo que en un momento se llamó “flashmob” (reunión pública concertada por medio de las redes para bailar espontáneamente y luego retirarse), lo cual dio lugar a espectáculos verdaderamente grotescos por parte de algunos religiosos;

         7-Las “batallas de farmear aura” son una cara de la moneda, más pacífica si se quiere, cuando se las compara con los “teen takeover” (takeover, tomar el control), reuniones planificadas también por las redes sociales, pero para avasallar, arrasar y robar en masa a comercios de toda índole (cfr. https://www.youtube.com/watch?v=g9hGG2aDmvs Hundreds of teens takeover Lakeview, destroying neighborhood); el fenómeno del “teeen takeover” está lejos de ser resuelto (cfr. https://www.youtube.com/watch?v=U1Gqe_UQGYs Why Chicago’s teeen takeover problema remains unresolved); (cfr. https://www.youtube.com/watch?v=bwxmpk19DZQ Teens invited to “take over” Chicago City Hall during Wednesday meeting);

         8-El fenómeno de estas “batallas” se alimenta de un falso presupuesto tomado de las redes sociales: si no “genero contenido”, si no tengo “me gusta” y “comentarios”, entonces “no existo” y esto es falso de toda falsedad (cfr. https://www.religionenlibertad.com/blogs/francisco-javier-bronchalo/260828/farmear-aura-hablemos-esto_119778.html );

         9-Hay un vacío emocional y existencial que se oculta detrás de una pantalla; la pantalla es el escondite virtual para el joven que experimenta soledad, crisis afectiva o emocional.

         Conclusión:

Nada de esto es necesario con nuestro Dios Jesús: si alguien piensa que no existe para el mundo, hay un Dios para quien tú eres todo su mundo, al punto de haber bajado a la tierra para dar su vida por ti en la Cruz y para dejar su Cuerpo, su Sangre, su Alma, su Divinidad y todo el Amor infinito de su Sagrado Corazón solo para ti, para que lo recibas con todo el amor del que seas capaz. Y el Amor de todo un Dios vale infinitamente más que el reconocimiento pasajero, virtual y falso de las redes sociales.


miércoles, 29 de octubre de 2025

Misa para las Familias

 


 (Escuela Cortadera 291025)

         La familia es una institución creada por Dios, formada por el esposo-varón, la esposa-mujer y los hijos como frutos del amor de los esposos. La creación de la familia por Dios figura en el Génesis (cfr. 1, 26-27). Luego, a partir de Jesucristo, la familia es bendecida y unida al misterio pascual de Jesucristo por medio del Sacramento del matrimonio (cfr. Mt 4, 4), por medio del cual los esposos y los hijos reciben absolutamente todas las gracias más que necesarias para superar todas las tribulaciones que puedan surgir en el camino de santidad de los componentes de la familia hacia el Cielo.

         Sin embargo, en nuestros tiempos, el hombre se ha rebelado contra Dios y ha inventado nuevas formas de familias que no forman parte de su designio original y que no cuentan con su bendición y esto es importante tenerlo en cuenta, porque lo que no está bendecido por Dios está maldito.

         La Madre Mariana de Jesús Torres de Ecuador tuvo una serie de apariciones de la Virgen conocidas como “Apariciones de la Virgen del Buen Suceso”[1], en donde la Virgen le profetiza en nuestros tiempos sobre la crisis de la familia como consecuencia de la acción de la masonería, que intentaría destruir la familia, y esto sería un signo de la pronta venida del Anticristo.

         La Virgen le dice así la Madre Mariana: “Te hago saber que a partir del final del siglo XIX y poco después de mediados del siglo XX… habrá una corrupción total de las costumbres (morales)”.

         La Virgen nos sigue avisando del desprecio que habrá́ por los sacramentos: “ …el desprecio que tendrán los vivientes de ese siglo por el Sacramento de la Penitencia; como enraizados en el pecado tratarán de desconocerlo, para ellos nada será pecado; los mundanos harán caso omiso de él; los sacerdotes, unos lo mirarán con indiferencia, otros no lo administrarán, o lo harán despectivamente, alejando a las almas de él. El sacramento del matrimonio, el que representa la unión de Cristo con la Iglesia, será atacado y profanado en toda la extensión de la palabra… [se aprobarán] inicuas leyes procurando extinguirlo, facilitando a todos vivir mal y propagándose la generación de hijos mal nacidos y sin la bendición de la Iglesia, irá decayendo rápidamente el espíritu cristiano”.

La indiferencia hacia la Eucaristía, la pérdida del pudor y la infiltración del mal dentro de la misma Iglesia también se refieren a nuestros tiempos: ¡Ay, cuánto siento manifestarte que habrá muchos y enormes sacrilegios públicos y también ocultos, profanando la Sagrada Eucaristía!… ¡Muchas veces, en esa época, los enemigos de Jesucristo, instigados por el demonio, robarán en las ciudades las Hostias Consagradas, con el único fifin de profanar las Especies Eucarísticas! Mi Hijo Santísimo se verá rodado por el suelo y pisoteado por inmundas plantas. Casi no se encontrará inocencia en los niños ni pudor en las mujeres, y en esta suprema necesidad de la Iglesia, callará quien a tiempo debió hablar. Tiempos funestos sobrevendrán, en los cuales… aquellos que deberían defender en justicia los derechos de la Iglesia, sin temor servil ni respeto humano, darán la mano a los enemigos de la Iglesia para hacer lo que estos quieran. ¡Cuánto sufrirá la Iglesia durante esta noche oscura! … Careciendo de un prelado y padre que los guíe con amor paternal, dulzura, fuerza, sabiduría y prudencia, muchos sacerdotes perderán su espíritu, poniendo sus almas en gran peligro”.

Gracias a Dios, también la Virgen habla de las almas que se mantendrán fieles en estos tiempos difíciles: “… almas ocultas y bellas, que trabajarán con valentía y celo desinteresado por la salvación de las almas. Contra ellos, los impíos desencadenarán una guerra cruel, dejando caer sobre ellos vituperios, calumnias y vejaciones con el fin de impedir el cumplimiento de su ministerio. Pero, al igual que columnas, se mantendrán firmes y lo enfrentarán todo con el espíritu de humildad y sacrificio con el que ellos están investidos, en virtud de los méritos infinitos de mi Santísimo Hijo, quien les amará en las fibras más íntimas de su Corazón Santísimo y tierno”.

Cuando todo parezca perdido, cuando “el mal parecerá triunfar”, Nuestra Madre promete a la Madre Mariana que vendrá el momento de su victoria: Es llegada mi hora en la que Yo, de una manera maravillosa, destronaré a los soberbios y maldeciré a Satanás, pisoteándolo bajo mis pies y atándolo en el abismo infernal, dejando por fin libres a la Iglesia y a la Patria de esa cruel tiranía”.

La Virgen anuncia aquí, al igual que en Fátima siglos más tarde, el triunfo de su Inmaculado Corazón, lo cual nos sigue animando y llenando de esperanza. La última palabra la tendrá Ella y, si queremos estar en el lado ganador, debemos quedarnos muy cerca y mirarla siempre. No olvidemos que con nuestras oraciones y sacrificios podemos adelantar el tiempo del triunfo de la Inmaculada en el mundo. Con una Madre tan buena, ¿qué hemos de temer?

Prestemos atención a las palabras de la Virgen para que no descuidemos a la Eucaristía y a los Sacramentos, sobre todo al Sacramento de la Eucaristía, de la Penitencia y del Matrimonio, para que los Sagrados Corazones de Jesús y María sean los que reinen en nuestras familias.

 


jueves, 8 de febrero de 2024

El Carnaval no es para los católicos


 


Todos los años surge la misma pregunta, recurrente una y otra vez: ¿puede un católico participar/celebrar el carnaval?

Antes de entrar de lleno en la reflexión que nos conduce a la respuesta, tengamos como dato preliminar lo que decían los santos acerca del carnaval, como por ejemplo, Ana Catalina Emmerich. Su director espiritual escribía lo siguiente de la santa, para tiempos de carnaval: “Los días de carnaval eran para Ana Catalina Emmerich días de terribles sufrimientos a causa de los pecados que se cometen en esos días. Sobre esto llegó a decir: “Dios me hace ver todas las abominaciones y el libertinaje en pensamientos y la malicia de los corazones y las trampas tendidas por el Diablo”.

Teniendo en cuenta esto, consideremos qué es el Carnaval en sí mismo o, mejor dicho, qué es lo que No es el Carnaval: el Carnaval NO ES una mera expresión cultural de distintos pueblos en distintos lugares y tiempos de la historia humana; el Carnaval NO ES una “fiesta inocente”, en la que las personas pueden asistir lícitamente a tomar unos momentos o días de rélax o de descanso; el Carnaval NO ES una fiesta familiar; el Carnaval NO ES una celebración neutra, equidistante entre el bien y el mal, como si se lo pudiera ubicar moralmente entre ambos, sin importar sus consecuencias; en el Carnaval NO ESTÁ Dios ni su Santo Espíritu; en el Carnaval se cometen blasfemias, burlas sacrílegas, ofensas inimaginables, contra la Madre de Dios, contra Jesucristo, contra todo lo bueno, lo santo, lo verdadero. Y así podríamos seguir hasta el infinito.

Una vez considerado qué es lo que NO ES el Carnaval, consideremos entonces qué es lo que SÍ ES el Carnaval.

-El Carnaval es la exaltación de todo lo que Cristo ha venido a destruir: las obras del Demonio, el Pecado y las Pasiones sin control.

-En el Carnaval, a lo largo de la historia humana, desde que se tienen registros de su celebración, la figura central es el Enemigo de Dios y de las almas, el Demonio, a quien se ensalza, se adora, se rinde homenaje y esto nos dice prácticamente todo.

-En el Carnaval se dejan de lado, exprofeso, las Sagradas Personas de Nuestro Señor Jesucristo y de la Madre de Dios, María Santísima, porque siendo el Carnaval una “fiesta de las tinieblas” no hay, como dicen las Escrituras, “nada en común entre la luz -la Luz Eterna que es Cristo- y las tinieblas -que es el Príncipe de las tinieblas, el Ángel caído, Satanás.

-Al ser dejados de lado Nuestro Señor y la Virgen, en el Carnaval no existen frenos espirituales, ni morales, ni mucho menos racionales a las pasiones depravadas de los hombres, en donde todas y cada una de las pasiones es dejada a su libre y plena expresión, destacándose en cada persona una pasión “personal”, que es la fuente de su vicio o pecado dominante; por ejemplo, en unos será la lujuria, en otros, la pereza, en otros, la gula, y así.

-En el Carnaval se exalta todo lo que el Pecado Original contaminó, arruinó, destruyó, en el hombre, comenzando por la carne, por los placeres carnales, haciendo de estos el principal sino único objetivo de la participación en estos decadentes bacanales.

-Se instala en el Carnaval la idea de la diversión por la diversión en sí misma, sin una causa y sin un objetivo, como en el cristianismo, en donde la alegría se origina en Dios, que es “Alegría infinita”, tal como dice Santa Terea de los Andes. Este deseo de “diversión por la misma diversión”, no es inocente, además de ser un signo del fin de los tiempos, ya que fue profetizada por Nuestra Señora de Lasalette, quien en una de sus apariciones, advirtió que una de las señales de la pronta Venida de su Hijo sería que “en los Últimos Tiempos todo el mundo buscará divertirse” y esto lo podemos ver no solo en el Carnaval, sino en prácticamente en todos los aspectos de la vida cotidiana de nuestros días, en donde la diversión prevalece como criterio para realizar o no realizar una actividad -por ejemplo, “no vengo a Misa porque no es divertida”-, lo cual es una grave tergiversación de la naturaleza de los hechos, ya que la Santa Misa no es ni divertida ni aburrida, sino un misterioso don de la Divina Misericordia por el cual Dios perdona nuestros pecados, derrota a nuestros enemigos espirituales, nos alimenta con la substancia de su Cuerpo y de su Sangre y nos abre las Puertas del Reino de los cielos.

Por todo esto y mucho más, nos damos cuenta acerca de las razones por las cuales el católico debe alejarse del Carnaval como si del Demonio mismo se tratase (que se trata del Demonio).

 

martes, 7 de noviembre de 2023

La Familia, creación de Dios

 



         Cuando nos preguntamos qué es una familia, podemos definirla como una “comunión de personas unidas en el amor”, pero debemos ser un poco más precisos, porque la “comunión de personas”, para se familia, deben ser el “varón-papá”, la “mamá-mujer” y los hijos, sean biológicos o adoptados, que son el fruto del amor de los esposos. Solo así, podemos decir que la familia es comunión de personas -padre-madre-hijos- unidos por el amor -el amor familiar-.

         La familia le pertenece a Dios, porque fue Dios quien la creó; fue Dios quien creó al hombre como varón y mujer y dispuso que el varón, al unirse a la mujer, y la mujer, al unirse al varón, no solo encontraran la felicidad en ese encuentro, sino que el fruto de la felicidad y del amor del varón y de la mujer, unidos en matrimonio, fueran los hijos. Entonces, en un primer momento, el varón y la mujer forman el matrimonio y cuando aparecen los hijos, como fruto del amor que los une, entonces el matrimonio se transforma en familia.

         La familia entonces, como dijimos, pertenece a Dios, porque Él la creó, Él fue quien la ideó en su Sabiduría Divina y Dios creó un solo modelo de familia, el modelo formado por el papá-varón, la mamá-mujer y los hijos frutos del amor de los esposos. Los hombres pueden inventar muchos modelos alternativos de familias, pero solo una es válida ante los ojos de Dios y es la familia que Él creó y que figura en el Génesis: “Dios creó al hombre a su imagen y semejanza, lo creó varón y mujer”. No hay ningún otro modelo de familia agradable a Dios que no sea el que Él mismo creó.

         Otro aspecto a tener en cuenta es que toda familia cristiana debe tener como modelo, como ejemplo, a la Sagrada Familia de Nazareth, formada por San José, por la Virgen y por el Niño Jesús. Los padres varones deben tener por modelo de esposo fiel, dedicado y providente a San José; las mamás mujeres deben tener como modelo de madre y esposa dedicada a su familia, a la Virgen Santísima, la Madre de Dios; los hijos de la familia deben tener como modelo y ejemplo al Hijo de la Familia de Nazareth, Jesús, y tratar de ser como era Él cuando era Niño: amaba a sus padres más que a nada en el mundo, les profesaba un respeto y un cariño enorme, los ayudaba en sus tareas, los acompañaba en todo momento, obedecía siempre con prontitud y alegría.

         La familia debe también tener un altar en el hogar, en donde se encuentren Jesús, la Virgen, San José y los santos católicos de su devoción, para reunir a orar, al menos una vez a la semana y esto porque el centro de la familia no puede ser el televisor o la computadora, porque así la familia se arruina. Solo si la familia tiene como centro a los Sagrados Corazones de Jesús y María, solo así, la familia encontrará lo que Dios tiene para darle: paz, alegría, fortaleza, serenidad, amor, como un anticipo del cielo.

lunes, 20 de febrero de 2023

Un cristiano católico no debe nunca, bajo ninguna circunstancia, participar del Carnaval

 



            Un cristiano católico no debe nunca, bajo ninguna circunstancia, participar del Carnaval

          Quien se precie de ser católico, hijo de Dios por el bautismo, no debe nunca participar del Carnaval, por las siguientes razones:

          Ante todo, en el Carnaval se exalta, se ensalza, se glorifica, todo aquello que Cristo derrotó en la Cruz: el Demonio, las pasiones, el hombre viejo dominado por el pecado, el pecado en todas sus formas y variantes.

          En el Carnaval se exalta al Demonio: esto es una realidad que podemos constatar en todas las culturas de todas las naciones del mundo, en cualquier época de la humanidad; desde las culturas más refinadas y avanzadas, hasta las más primitivas, en el Carnaval, la figura central es el Demonio; es al Ángel caído a quien se recuerda de diversas maneras, con disfraces alusivos, con bailes, con música desenfrenada. Un católico no puede JAMÁS participar en esta idolatría demoníaca llevada a cabo en todos los carnavales de todos los puntos de la tierra.

          En el Carnaval se exaltan las pasiones del hombre, las pasiones no dominadas ni por la razón humana ni mucho menos por la gracia; se exalta, se promociona, se premia, el desenfreno y la alegría no solo banal, sino la alegría de las bajas pasiones, la alegría pecaminosa, la alegría que no viene de la Alegría Increada que es Dios, sino una alegría basada en motivos humanos no originados en las virtudes sino en los vicios y pecados y también originada en causas preternaturales provenientes del Ángel caído.

          En el pecado se exalta, se ensalza, se glorifica, al hombre caído, al hombre viejo, al hombre dominado por las pasiones sin control, sobre todo las pasiones carnales que conducen al pecado de la lujuria, pasiones y pecados que son la causa de la pérdida eterna de las almas en el Infierno; pasiones y pecados que son la principal causa de la caída de las almas en el lago de fuego, tal como lo dicen los Pastorcitos en las apariciones de Fátima: “Los pecados de la carne (la lujuria) son la causa de la mayor parte de las condenaciones en el Infierno”. Si en el Carnaval se exaltan los pecados, el que ocupa el primer puesto es el de la lujuria, seguido por la embriaguez, dos de las principales causas por las cuales se cierran al hombre las Puertas del Cielo y se abren las Fauces del Infierno.

          Por el Carnaval se pierde la gracia santificante, al participar del mundo de pecado que consiste el Carnaval, gracia necesaria para la disposición del alma para participar del inicio de la Cuaresma con el Miércoles de cenizas. Los días previos al inicio de la Cuaresma deben ser preparatorios para participar de la misma con el alma en gracia, pero por el Carnaval, se olvida toda referencia a la Pasión Salvadora del Redentor Jesucristo, para dar rienda suelta a las pasiones descontroladas del hombre sin Dios.

          En el Carnaval, entonces, se celebra mundanamente todo lo que ha sido derrotado por Cristo en la cima del Calvario, en la Santa Cruz, por lo que celebrar el Carnaval es celebrar mundana y sacrílegamente, con una alegría no humana sino preternatural sobre la Sangre de Cristo, pisoteándola y burlándose sacrílegamente de la Sangre del Cordero.

          Por último, en el Carnaval se exaltan todos los pecados posibles en su máximo grado, al punto de considerar que la humanidad, después del Carnaval, sigue todavía viva por un designio de la Divina Misericordia, que con su brazo frena la Justicia Divina, tal como lo dicen los santos, como Santa Faustina Kowalska en su Diario[1]: “Estos dos últimos días de Carnaval, he vivido una gran acumulación de castigos y pecados. El Señor me dio a conocer en un instante los pecados de todo el mundo estos días (de Carnaval). Me desmayé de terror y, a pesar de conocer toda la profundidad de la Divina Misericordia, me maravillé de que Dios permita que exista la humanidad".

 



[1] Diario de Santa Faustina, n. 926.

 

jueves, 16 de febrero de 2023

A propósito de la obtención de la Copa del Mundo por la Selección Argentina en Qatar 2022

 


Nuestra Señora de las nieves antárticas

Considerando el hecho en sí mismo -una competencia deportiva, un partido de fútbol-, alguien podría decir, con razón, que se trata de algo superficial, casi banal, pasajero, sin mayor trascendencia.

Les damos la razón, sin embargo, hay algunos aspectos que vale la pena considerar y que hacen que esta final de la Copa del Mundo -la más televisada en la historia, que fue vista casi por cuatro mil millones de personas, además de ser la más dramática y la mejor final de todos los tiempos-, hacen que trascienda el mero aspecto futbolístico.

A nivel natural, fue como un soplo de alegría -instantánea, pasajera, superficial en cuanto emocional, pero alegría al fin- que recorrió nuestra amada Patria, tan castigada, no tanto por desastres naturales ni guerras -que sí las hubo, contra el terrorismo apátrida y contra los usurpadores ingleses en Malvinas-, sino por una clase política populista, inoperante, indolente de las verdaderas urgencias de la Nación Argentina, preocupadas solo por el poder y el dinero y esto desde hace setenta u ochenta años, y ese soplo de alegría disolvió, aunque sea por un breve instante, las amarguras que la Nación Argentina padece desde hace décadas.

El Pueblo Argentino, sufrido y castigado por la inoperancia de sus dirigentes, salió a las calles de literalmente todo el país, desde Humahuaca, Jujuy, hasta la Base Marambio, en la Antártida Argentina, en la provincia de Tierra del Fuego e Islas Malvinas; desde el Oeste cuyano -Mendoza, San Juan, San Luis, La Rioja-, hasta el este bonaerense -toda la provincia de Buenos Aires, incluida su Capital, Ciudad de la Santísima Trinidad y Puerto de Santa María de los Buenos Aires; desde lo más profundo del Norte argentino Tucumán, Salta, Chaco, Catamarca-, hasta lo más profundo del Sur -Chubut, Santa Cruz, Tierra del Fuego e Islas Malvinas-, pasando, cómo no, por el centro de nuestro amado país -Córdoba, Santiago-. En la Capital, Buenos Aires, se calcula que la concentración fue de unos cuatro a cinco millones de personas, algo que ningún dirigente político, utilizando todas las artimañas y coerciones que suelen utilizar, pudo lograr jamás, a lo que hay que agregar que, milagrosamente -literalmente, por un milagro, por una intervención divina, no hubo fallecidos, aunque sí hubo desmanes, ya que nunca falta quien no entiende la situación y hace lo que no debería hacer-. Es decir, todo el país -imposible nombrar todas las provincias, pero fue todo el país, literalmente- estuvo unido -brevemente, fugazmente, pero unido-, sin ninguna clase de banderías políticas, sin ninguna mención a ninguno de los innumerables desastrosos partidos políticos que des-gobiernan la Argentina desde hace décadas. Lo que unió a la Argentina fue la alegría por el triunfo de la Selección y aquí hay que hablar del triunfo en sí, puesto que a todas luces fue un triunfo que reivindica la meritocracia, es decir, el premio al mejor y en este caso, al mejor de los mejores, el equipo argentino. Si nos tuviéramos que guiar por los parámetros del mundo, que abomina de la meritocracia en pos de una anti-natural “igualdad” -los seres humanos no somos todos iguales y por ello nos complementamos y tenemos necesidad unos de los otros, lo cual lleva a una armónica convivencia humana-, en el equipo argentino no estarían los mejores, sino los “iguales” y así es imposible, de toda imposibilidad, ganar nada. Por otra parte, al haber sido un triunfo sacrificado, reivindica valores olvidados en este mundo progresista, modernista y anti-cristiano: el esfuerzo, el sacrificio, la solidaridad, el deseo de ser el mejor y la puesta en práctica, por obra, de aquello que conduce al camino del éxito -aunque este no esté asegurado de ninguna manera-, la superación de las adversidades, la superación de las voces que sin conocer ni apreciar el mérito, el esfuerzo y el sacrificio, denostan a los que sí lo hacen, y así con muchos otros valores y virtudes mostrados a lo largo de la competencia.

Los jugadores dieron, al mundo entero, una mínima, pequeñísima muestra, pero muestra al fin, de la vigencia perenne del orden natural: si bien con seguridad, por los tiempos de apostasía en los que vivimos, casi ninguno está unido por el sacramento del matrimonio, pero la gran mayoría mostró al mundo que el orden natural, creado por Dios, está más vigente que nunca, porque todos se mostraron con sus familias, con sus esposas, sus hijos, sus familiares, dando así una fugaz pero inmortal postal de la familia natural, la familia creada por Dios, formada por el varón, la mujer y los hijos frutos del amor esponsal -aun cuando, suponemos, la mayoría no esté unido por el sacramento del matrimonio, por lo que no es, de ninguna manera, una reivindicación, ni siquiera implícita, de las uniones extra-sacramentales- y esto es de un valor incalculable, porque esta postal -fugaz- se dio en el contexto en el que las más perversas mentes del planeta -como el PSOE en la amada España- decretan leyes inicuas intentando dar validez legal a lo que es anti-natural[1].

Un aspecto a considerar es que, en el "canto del Mundial", que se popularizó entre los argentinos, si bien es un típico canto popular futbolístico, con lo cual parecería que no hay nada para rescatar, sin embargo, sí hay algo para rescatar y es la mención a "los pibes de Malvinas", aunque en realidad debería decir: "los Héroes de Malvinas", pero como sea, la mención de las Islas Malvinas y de quienes dieron sus vidas para recuperarlas del invasor inglés, contribuye a la lucha contra la desmalvinización propuesta por los sucesivos gobiernos "democráticos" que en este y en otros aspectos, obraron y obran en contra de los verdaderos intereses de la Patria.

Otro aspecto a considerar -y nos parece que es el elemento sobrenatural que le da una trascendencia superior al hecho fubolístico en sí- es que la Bandera Argentina ondeó, materialmente, en todo el país, y flameó sola, sin ninguna bandería de la (inicua) política argentina y además, ondeó -al menos virtualmente, pero ondeó-, por TODO EL MUNDO, debido a que, como decíamos al inicio, se trató del evento deportivo más televisado en la historia, al menos del deporte. ¿Y cuál es la importancia de que la Bandera Nacional Argentina haya ondeado en el País y en todo el mundo?

Y aquí, en la respuesta a esta pregunta, viene lo que consideramos el aspecto sobrenatural del triunfo de la Selección y que hace trascender lo meramente deportivo: la Bandera Nacional Argentina, por disposición divina, ES el Manto celeste y blanco de la Inmaculada Concepción y esto no es un dato dicho por autores piadosos, sino, además, porque es una verdad histórica: el General Belgrano recibió la gracia de homenajear a la Inmaculada Concepción, Nuestra Señora de Luján, dando a la Bandera Argentina los colores del Manto de la Virgen, según las declaraciones del hermano del General Belgrano y según las investigaciones de numerosos historiadores que llegaron a esta conclusión luego de rigurosas investigaciones científicas historiográficas. Entones, al ser el Manto de la Inmaculada Concepción, a través del triunfo deportivo, podemos decir, con toda certeza, que el Manto de la Inmaculada Concepción flameó, ondeó, aun por un breve instante, por todo el mundo, cubriendo sobrenaturalmente al mundo y cobijándolo bajo su protección maternal.

Además de la alegría de una tercera Copa Mundial, en el triunfo de la Selección podemos contemplar -al menos en nuestra modesta opinión-, una mínima restauración del orden natural, una reivindicación de la meritocracia, sin lo cual nadie llega a ningún lado y lo más hermoso de todo, que la celeste y blanca, la Bandera Argentina, que es el Manto de la Inmaculada Concepción, cubrió todo el mundo envolviéndolo, como si la Madre de Dios, en su advocación de la Inmaculada Concepción, en su advocación de Nuestra Señora de Luján, hubiera cubierto el mundo, resguardándolo de la tormenta que se avecina.



[1] El PSOE, filial inconfesada del Partido Comunista, “legalizó” hasta dieciséis (16) tipos diferentes de familias, contrariando intencionalmente al orden natural creado por Dios.