jueves, 25 de julio de 2013

Las razones de por qué las relaciones prematrimoniales, la “píldora del día después”, la anticoncepción y el homomonio, son contrarias al Amor Divino y a la felicidad del ser humano


En una encuesta realizada recientemente entre los jóvenes que asisten a las JMJ de Río de Janeiro (cfr. edición digital de La Nación, http://www.lanacion.com.ar/1603882-la-sexualidad-y-una-iglesia-mas-cercana-los-cambios-que-mas-esperan-los-), se les preguntó a un grupo de participantes qué era lo que esperaban del Papa Francisco. Algunas de las respuestas sorprendieron -ingratamente-, debido a que la gran mayoría de los jóvenes entrevistados eran -según los encuestadores- católicos y de gran formación religiosa. Las ingratas y sorprendentes respuestas acerca de cuáles eran los cambios que los jóvenes esperaban del Papa fueron, según esta encuesta de la consultora Ibope realizada a unos 4004 jóvenes, las siguientes: “La mayoría apoyó el uso de la píldora del día después y las relaciones pre-matrimoniales (80%), la anticoncepción, el fin del celibato para curas y monjas (74%) y la posibilidad de que las mujeres celebren misa (61%). Sobre el casamiento entre personas del mismo sexo, las opiniones están más divididas: el 51% cree que debería aceptarse”.
Debido a que, en la misma encuesta, los jóvenes también se quejaron -sin razón, porque la queja no estaba fundada- de que “la Iglesia no explicaba las razones del “no” a estos cambios” pretendidos por la mayoría de los encuestados, damos las siguientes razones por las cuales las relaciones prematrimoniales, la “píldora del día después”, la anticoncepción y el homomonio son contrarios al Amor Divino y a la felicidad del ser humano.


El 80% de los encuestados apoyó el uso de la “píldora del día después”. ¿Por qué la Iglesia no la aprueba, y jamás la aprobará?
Porque la píldora del día después es abortiva porque su acción central es impedir la anidación del ovocito fecundado y como el ovocito fecundado no es una célula compleja sino un cuerpo humano en su estado de cigoto, animado por un alma inmortal, y como la eliminación consciente y voluntaria de este ser humano, llamada aborto, es un crimen, la Iglesia jamás aprobará el uso de la píldora del día después. El aborto es el asesinato de un ser humano, de una imagen viviente del Dios Viviente, y este aborto es provocado por medio de la píldora los del día después, y por este motivo, el uso de esta píldora contradice al Amor divino, que en cuanto Amor es vida y no muerte, y es contrario a la felicidad del ser humano, porque el ser humano fue creado para el Amor y la vida y no para la muerte.


El 80% de los encuestados apoyó las relaciones pre-matrimoniales. ¿Por qué la Iglesia no las aprueba, y jamás las aprobará?
Porque las relaciones pre-matrimoniales significan ausencia del Amor de Cristo entre los novios y presencia de pasión carnal. Los verdaderos “novios católicos” son aquellos que se aman con el Amor de Cristo, el cual es un amor puro y casto. La pureza y la castidad son signos de que los novios se aman en Cristo, con su Amor, que es un amor verdadero, porque “amar” significa “desear el bien del otro”, y el mayor bien que se pueden desear quienes se aman en Cristo, como verdaderos novios, es que aquel a quien se ama, permanezca, conserve y acreciente el estado de gracia santificante, y este estado se logra, en el noviazgo católico, con la castidad y la pureza. Por el contrario, el mayor mal y el más grande daño que se puede hacer a una persona en este mundo -mayor todavía que el quitarle la vida física- es el privarlo de la gracia santificante, es decir, el ser causa para que cometa un pecado mortal, porque para esta persona significa que se le abren las puertas del infierno y se le da un empujón para que caiga en él. Si alguien ama de veras a otra persona, nunca permitirá ni será causa de que caiga en pecado mortal, y esto sucede cuando los que se llaman “novios” tienen relaciones pre-matrimoniales, porque así pierden el estado de gracia santificante.
Por definición, entonces, “amar con amor de novios”, implica sí a la pureza o castidad, ya que se cumple con la esencia del amor, que es desear el bien del otro, y el mayor bien es el de la gracia santificante. La negación de la pureza y de la castidad, implica la negación del Amor de Cristo, con lo cual los novios no deben llamarse novios porque no lo son, debiendo buscar cualquier otro nombre para la relación. En la relación pre-matrimonial se da un tipo de “amor” que es impuro, y se acerca muchísimo a la pasión carnal, la cual es negación del Amor puro y espiritual de Cristo. Esta es la razón por la cual las relaciones pre-matrimoniales no son permitidas por la Iglesia, que ama a sus hijos con el Amor de Cristo y por lo tanto desea el máximo bien para ellos, el estado de gracia santificante. Si alguna vez la Iglesia aceptara las relaciones pre-matrimoniales, se comportaría como una madre desnaturalizada que no ama con amor verdadero a sus hijos.


Una gran mayoría de los encuestados apoyó la anticoncepción. ¿Por qué la Iglesia no la aprueba, y jamás la aprobará?
Porque la anticoncepción implica una visión hedonista del cuerpo y de la sexualidad humana, y Dios no creó el cuerpo y la sexualidad humana para el placer, sino para el Amor. Esto quiere decir que para que el amor humano entre el varón y la mujer sea pleno, debe estar integrado en y ser partícipe del Amor divino. Ahora bien, esta integración y participación en el Amor divino se da cuando la sexualidad humana cumple el fin para la cual la creó la Divina Bondad y la Divina Sabiduría: ser elemento de unión en el amor entre los esposos y obtener, como fruto del amor expresado en esta unión, el hijo.


Una gran mayoría de los encuestados apoyó el homomonio. ¿Por qué la Iglesia no lo aprueba, y jamás lo aprobará?
Porque Dios es Amor y Sabiduría infinita, y en Él no hay sombra alguna de maldad; todo lo que Él hace, lo hace con Amor y Sabiduría, las cuales se expresan en la creación del hombre en dos sexos complementarios: Dios creó al hombre varón y mujer, para que en la unión de ambos sexos encontraran la felicidad y alcanzaran la plena realización de sus personas uniéndose en matrimonio heterosexual. La expresión máxima de este amor heterosexual es el hijo, que aparece como fruto del amor esponsal entre el varón y la mujer, convirtiendo al mismo tiempo al matrimonio en familia compuesta por el varón, la mujer y el (los) hijo (hijos). Solo en esta unión de sexos complementarios, solo en este matrimonio heterosexual, solo en esta familia así formada, se expresan en su plenitud el Amor y la Sabiduría divina, y el hombre -varón y mujer- alcanzan su plena felicidad. Además, la unión entre el varón y la mujer se convierte en signo visible, ante el mundo, del “gran misterio” de Cristo Esposo y la Iglesia Esposa.
La Divina Bondad creó la sexualidad humana en dualidad complementaria para que en esta dualidad varón-mujer el hombre encontrara su felicidad, que consiste en amar al otro -el “otro” es el varón para la mujer y la mujer para el varón-, amor que alcanza su plenitud en su fruto mejor, el hijo. La sexualidad humana es buena y santa solo cuando se inserta plenamente en el designio del Amor divino, que quiso que por medio de ella el hombre se uniera con su ser complementario y en esta unión alcanzara la felicidad. Nada de esto se da en la el homomonio.


Una gran mayoría de los encuestados apoyó el fin del celibato y la ordenación sacerdotal de mujeres. ¿Por qué la Iglesia no los aprueba, y jamás los aprobará?
El celibato en los consagrados no significa represión de la sexualidad, sino integración de la misma en un proyecto de vida que trasciende absolutamente la naturaleza humana. Por medio del celibato, el consagrado -sacerdote, religioso, religiosa- renuncia al amor esponsal humano, legítimo y santo cuando está santificado por el sacramento del matrimonio-, para abrazar un Amor supra-humano, sobrenatural, celestial, con todo su ser, sin reservarse nada, porque ese Amor lo amó primero: es el Amor de Dios, es Dios, que es Amor. Suprimir el celibato sería, por lo tanto, negar a Dios Trino el derecho que tiene sobre sus creaturas, a algunas de las cuales Él elige para amarlas con exclusividad, sin que compartan otros amores humanos, por legítimos que estos sean. Suprimir el celibato sería también suprimir el derecho del consagrado de responder con la donación total de su ser, de su existencia y de su corazón, a Dios Trino, que lo eligió para amarlo con exclusividad.
Con respecto a la ordenación sacerdotal de mujeres, ni la Iglesia, ni el Papa, ni todos los obispos del mundo, aunque se unieran y decretaran que las mujeres pueden ser ordenadas “sacerdotisas”, lograrían hacerla efectiva, porque sencillamente no tienen potestad para hacerlo, y no tienen potestad para hacerlo porque el sacerdocio ministerial lo “inventó” Dios Trino y lo ejerció en la tierra la Segunda Persona de la Santísima Trinidad, Dios Hijo, que encarnándose en el seno virginal de María Santísima por obra del Espíritu Santo y no por concurso alguno de varón, asumió una naturaleza humana de sexo masculino, manifestándose de esta manera el Dios invisible a través de la naturaleza corpórea humana, visible, de un varón, Jesús de Nazareth. Es decir, fue Dios Trino quien quiso que el sacerdocio ministerial fuera ejercido en su Iglesia por varones, es decir, por hombres, seres humanos, de sexo masculino, y este es el motivo por el cual ni el Papa, ni la Iglesia, ni los obispos, ni los cardenales, ni todos los laicos del mundo, tienen poder alguno para implementar el sacerdocio femenino.

Valgan estas reflexiones como una modestísima contribución a las JMJ de Río de Janeiro.

miércoles, 24 de julio de 2013

El Papa Francisco a los jóvenes: "Vivan con alegría"

El Santo Padre Francisco ha pedido a los jóvenes, en la primera misa celebrada en las Jornadas Mundiales de la Juventud en Río de Janeiro, que "vivan alegres". ¿Cómo debe interpretarse este pedido del Santo Padre? En el mismo sentido que en el mandato de Jesús resucitado a sus discípulos, cuando les dice: "Alégrense". “Alégrense” (cfr. Mt 28, 8-15). Si el mandato de Jesús, antes de Pascua de Resurrección, era: “Amaos los unos a los otros”, ahora, el mandato, luego de resucitado, es: “Alégrense”. No dice más palabras que una sola palabra: “Alégrense”, y lo dice en modo imperativo: “Alégrense”. La orden de Jesús a su Iglesia naciente es perentoria, imperativa, no condicionada por nada: “Alégrense”. La primera palabra de Jesús resucitado es un mandato imperativo: “Alégrense”. No condiciona este mandato a nada; no dice: “Miren, hagan esto o hagan lo otro, ocúpense de esto o de lo otro, y si les queda tiempo, y si pueden, alégrense”; dice, lisa, llana y claramente: “Alégrense”.
El motivo por el cual el cristiano debe estar alegre, en toda circunstancia, y en todo momento de la vida –aún en los más dolorosos, aún en el dolor y en el llanto-, es porque Cristo ha resucitado. La certeza de que el sepulcro está vacío, y de que el sepulcro ha quedado vacío, porque el cuerpo muerto de Jesús ya no está más, porque su cuerpo, ahora vivo, ocupa el altar eucarístico, es el motivo de la alegría del cristiano.
La alegría del cristiano no viene por motivos mundanos, no viene por circunstancias terrestres; tampoco la alegría del cristiano surge del mismo cristiano: la alegría con la cual Cristo nos pide que nos alegremos, es la alegría que brota del mismo Ser divino; “Dios es Alegría infinita”, dice Santa Teresa de los Andes, y Dios no puede ser otra cosa que alegría y gozo, porque se complace en su propia Tri-Unidad beatísima.
Dios es Alegría porque es la santidad en sí misma, y la fuente de toda santidad, y la santidad es pureza, dulzura, amor, alegría, en donde no cabe ni la tristeza, ni la melancolía, ni el llanto ni la amargura. El cristiano se alegra con una alegría que no es suya; se alegra con la alegría del Ser divino, que nos comunica Cristo resucitado.
En el evangelio, Jesús “sale al encuentro” de las santas mujeres, que vienen de visitar el sepulcro vacío. Hoy, Jesús nos sale al encuentro, no ya desde el sepulcro vacío, sino desde el altar, porque Él dejó el sepulcro vacío para ocupar el altar, con su cuerpo glorioso, vivo y resucitado, en la Eucaristía. Jesús nos sale al encuentro de nuestras vidas en cada comunión eucarística, y como es el mismo Jesús resucitado que sale al encuentro de las santas mujeres, a nosotros también nos dice: “Alégrense”.
Pero no solo Jesús nos manda alegrarnos.
La Iglesia nos dice: “Cristo resucitado está en la Eucaristía: alégrense”, y si no nos alegramos por nuestro encuentro con Cristo en la Eucaristía, es porque el árbol de las preocupaciones de la vida no nos deja ver el bosque de la alegría de Cristo resucitado.
Alegrémonos, porque Cristo ha resucitado; alegrémonos, porque su cuerpo muerto, que estaba tendido, frío, en el sepulcro, ya no está más muerto en el sepulcro: ahora su cuerpo está vivo, glorioso, resucitado, lleno de la vida y de la alegría divina, en el altar eucarístico.

Alegrémonos, porque el Dios de la Alegría infinita viene a nuestro encuentro, en este valle de dolor y de lágrimas, en la Eucaristía.

sábado, 16 de marzo de 2013

Qué es y qué no es Cuaresma y Semana Santa





Qué es lo que no es:
         -Un tiempo como cualquier otro
         -Un tiempo de descanso
         -Un tiempo de vacaciones
         -Un tiempo para el mundo

Qué es:
-Un tiempo para rezar el Rosario
-Un tiempo para leer la Biblia y meditar en la Palabra de Dios
-Un tiempo para hacer obras buenas, ayudando al que lo necesita (enfermos, pobres, etc.)
-Un tiempo para pensar en Jesús que camina al Calvario para morir en Cruz y salvarnos
         ¿De  qué nos salva?
         De tres grandes enemigos:
         -El demonio
         -El mundo
         -La carne
         El demonio nos tiende lazos: soberbia, vanidad, orgullo, sensualidad, mentira, hipocresía, falta de amor, pereza, malos pensamientos, malos deseos, malas obras, superstición (Gauchito Gil, Difunta  Correa, San La Muerte).
         El mundo nos tiende lazos: pensar sólo en cosas materiales, no rezar, ver televisión, ver internet, pensar en el fútbol, en la música, en la diversión, en las salidas.
         La carne, que es lo opuesto al espíritu, nos aparta de Jesús y su Cruz, porque hace que el cuerpo pida lo que no necesita: comer de más, dormir de más, no hacer lo que es el deber de estado, huir del esfuerzo y del sacrificio.
         Jesús nos libra de estos enemigos en la Cruz:
         Nos libra del Demonio, porque en la Cruz lo derrotó para siempre: el Demonio creía que lo había vencido, porque consiguió matarlo, pero como Jesús es Dios, Él destruyó la muerte en la Cruz y resucitó el Domingo de Resurrección, para darnos la vida eterna.
         Nos libra del mundo, porque Jesús en la Cruz nos atrae con la fuerza del Amor de Dios llevándonos a la santidad y apartándonos de las cosas vanas: las riquezas materiales, los honores y la gloria del mundo. Jesús en la Cruz nos enseña que no debemos desear las riquezas terrenas, sino que debemos vivir la santa pobreza de la Cruz. Él en la Cruz, es pobre, porque no tiene nada que le sea propio, porque todas las cosas materiales que tiene: su corona de espinas, sus clavos de hierro, su lienzo, su Cruz de madera, el cartel que dice que es Rey de los judíos, todo, le pertenece a Dios Padre, entonces no tenemos que desear más bienes terrenos que los que Jesús tiene en la Cruz. Pero Jesús nos enseña también que tenemos que desear los bienes del cielo, y por eso nos dice: “Atesorad tesoros en el cielo”. ¿Y cuáles son esos bienes? La Cruz, la Eucaristía, la Virgen María, las obras buenas. Esos bienes sí tenemos que desear y atesorar, así como el avaro atesora el oro y la plata en su caja fuerte.
         Nos libra de la carne, porque en su Cuerpo crucificado está crucificada nuestra humanidad, y así nos enseña a sacrificarnos, a vencer la pereza, a vencer las pasiones que nos dominan, porque la Cruz es el camino para ir al cielo, y si no pasamos por la Cruz, si no crucificamos nuestras pasiones, nunca vamos a poder entrar en el cielo.
         La Cuaresma entonces es el tiempo de la Iglesia que nos regala Dios para que recemos y obremos el bien, uniéndonos a Jesús que va, camino del Calvario, con la Cruz a cuestas. Sólo si lo seguimos a Él en el Via Crucis, podremos resucitar, en esta vida, a la vida de la fe y de la gracia, y en la otra,  a la vida eterna.
         Para esto es el tiempo de Cuaresma, y no para otra cosa.

miércoles, 13 de marzo de 2013


Os anuncio un gran gozo:
Tenemos Papa:


El argentino Jorge Mario Bergoglio es el nuevo papa, Francisco I


el eminentísimo y reverendísimo Señor,
Don Jorge Mario,
Cardenal de la Santa Iglesia Romana,
que se ha impuesto el nombre de
Francisco 

Junto a Su Santidad Benedicto XVI,
prometemos al nuevo Vicario de Cristo
"reverencia y obediencia incondicional"

lunes, 11 de febrero de 2013




¡Te agradecemos de todo corazón, Santo Padre Benedicto XVI, tu servicio a la Santa Madre Iglesia! ¡Que el Espíritu Santo suscite un sucesor con tu misma fe, sabiduría y caridad!

jueves, 7 de febrero de 2013

Por qué "no" al Carnaval y "sí" al Miércoles de Cenizas



El mundo de hoy nos invita, a través de los medios de comunicación, a celebrar el Carnaval, palabra que pareciera ser (aunque no lo es) la conjunción de "carne" y "val", o sea, "baile de la carne", aunque también podría significar: "carne para Baal". 
Inmensas multitudes se preparan -o ya lo están haciendo- para festejar este "baile de la carne", o "carne para Baal" o Carnaval. Quien no lo hace, corre el riesgo de ser tachado de retrógrado, retrasado, medieval, oscurantista, fanático. Sin embargo, el cristiano, y más todavía el joven cristiano, tiene sobradas razones para oponerse a la fiesta pagana del Carnaval, con todas sus fuerzas, para al mismo tiempo celebrar, con serena alegría, el Miércoles de Cenizas, inicio del tiempo de Cuaresma. 
¿Cuáles son las razones que nos llevan a rechazar firmemente el Carnaval, al tiempo que adherimos de todo corazón al Miércoles de Cenizas?
El fundamento de la oposición está en la "teología del cuerpo", desarrollada ampliamente por el Beato Juan Pablo II: el cuerpo humano -recién nacido, adulto, anciano; alto, bajo; delgado, obeso, etc.- ha sido redimido por Jesucristo. Él, en cuanto Verbo de Dios, se ha encarnado en un alma y en un cuerpo humano, y ha ofrendado ese cuerpo en la Cruz para nuestra salvación y lo continúa ofrendando, glorioso y resucitado, en cada Eucaristía, y ha convertido al cuerpo humano, por el bautismo sacramental, en "templo del Espíritu Santo" (cfr. 1 Cor 6, 19). Si el cuerpo es templo del Espíritu Santo, entonces debe ser tratado como algo sagrado, y no puede ser exhibido impúdicamente, públicamente, tal como se hace en los carnavales, porque eso significa profanar el templo dedicado a Dios.
San Pedro nos pide que demos "razones de nuestra fe" (1 Pe 3, 15), y por este motivo, damos aquí algunas razones.
Mientras el Miércoles de Cenizas exalta la castidad y la pureza del cuerpo destinado a la muerte, porque de esa manera resucitará glorioso para no morir nunca más, el Carnaval, por el contrario, exalta la impureza y el desenfreno de las pasiones.
El Miércoles de Cenizas, con su austeridad y su llamado a la penitencia y a la conversión, anuncia que el Reino de los cielos está cerca, y por lo tanto es un mensaje de alegría y de esperanza, porque el cuerpo humano, destinado a la muerte y a la corrupción, por la Pasión y Muerte de Jesucristo, está destinado ahora a la vida eterna, a la gloria y a la inmortalidad; el Carnaval, por el contrario, con su exaltación de la carne, con su glorificación de la sensualidad, con la adoración idolátrica del cuerpo sin glorificar, constituye en sí mismo un mensaje de desesperación, de tristeza, de amargura, aunque esté disfrazado de falsa alegría, porque glorifica un cuerpo que, sin la gracia de Cristo, está destinado inevitablemente a la muerte y a la corrupción.
         El Miércoles de Cenizas habla de un mundo futuro, próximo, ya en germen por la gracia, el mundo de la vida eterna y del Reino de los cielos, en donde el cuerpo humano será colmado de la gloria divina; el Carnaval habla de un mundo pasado, perimido, vencido, sumergido en la corrupción de la carne y del pecado.
         El Miércoles de Cenizas, con su llamado a la sobriedad, a la austeridad, a la penitencia y a la mortificación, aparenta ser un tiempo de tristeza, de lamento, de amargura y de rechazo de la alegría; pero en realidad, es fuente de alegría y de alegría profunda y verdadera, porque la penitencia y la mortificación son las puertas por las que entra la alegría misma del Ser trinitario, de Dios, que es en sí mismo “Alegría infinita”, como dicen los santos; por el contrario, el Carnaval, que con su exaltación de la carne de corrpución aparenta alegría y felicidad, esconde en sí mismo la más profunda de las tristezas y la más honda de las amarguras, porque cierra el camino al encuentro con el Ser Purísimo y perfectísimo de Dios, y sin Dios y su pureza, no hay verdadera alegría.


         Finalmente, mientras el Carnaval exalta las pasiones sin control del cuerpo sin glorificar, cuerpo que envejece y que se corrompe, el Miércoles de Cenizas llama a mortificar al cuerpo en esta vida para prepararlo para la eterna juventud que vivirá en el Reino de los cielos, cuando sea glorificado por el Dios eternamente Joven, Cristo Jesús. 

sábado, 26 de enero de 2013

Los engaños de los anticonceptivos y abortivos



Métodos Anticonceptivos y abortivos (preservativos, píldoras, AHE)

La “píldora del día después” es abortiva.

Muchos justifican las relaciones pre-matrimoniales porque dicen que se puede disfrutar del placer del sexo, al tiempo que se evita la llegada de un hijo inesperado, recurriendo a métodos anticonceptivos, entre ellos, la AHE (Anticoncepción Hormonal de Emergencia).
A estos hay que decirles que el sexo no es para el placer. En todo caso, el único placer sexual lícito, es el de los esposos, en el acto conyugal, único acto sexual lícito y acorde a la naturaleza humana, puesto que posee en sí mismo sus dos fines esenciales: la unión y la procreación. Con respecto a la AHE (Anticoncepción Hormonal de Emergencia), es necesario saber que no se trata de un mero anticonceptivo, puesto que, además de espesar el moco uterino y retrasar la ovulación, provoca cambios tales en el útero de la mujer, que hacen imposible la anidación del cigoto. Y debido a que el cigoto es ya un nuevo ser humano, con carga genética correspondiente a una persona diferente a la de la madre, su eliminación, causada por la AHE, constituye un aborto. En otras palabras, la AHE, además de ser anticonceptiva, es también abortiva, por lo cual su uso es doblemente inaceptable.

Otros dicen que, dado el caso de que la mujer quede embarazada, se puede recurrir a la interrupción del embarazo, en el estadio en el que se encuentre, puesto que se trata de una parte del cuerpo de la mujer, y como cada cual es libre de disponer de su cuerpo…
Antes que nada, hay que decir que la expresión “interrupción del embarazo” es un eufemismo por “eliminación de un inocente en el vientre materno”. Un niño en gestación no es “una parte del cuerpo de la madre”: es una persona, un nuevo ser, independiente de la persona y del ser de la madre, poseedor de un cuerpo y de un alma, autónomo en sí mismo. Es un ser humano, cuyo primer derecho es el derecho a vivir.

Interrumpir el embarazo soluciona muchos problemas…
Nunca será lícito eliminar una vida humana como método para “solucionar” el “problema” del embarazo adolescente. Nada se soluciona con la eliminación de un niño en gestación; antes bien, se agregan problemas gravísimos de todo orden antes inexistentes, principalmente para la madre, como el Síndrome Post Aborto. Este último es una secuela psicológica que la mujer que aborta suele arrastrar por mucho tiempo, casi siempre para toda la vida. Consiste en un gran sentimiento de culpa que le produce tristeza y desasosiego, y es habitual que caiga en estados depresivos, preguntándose con frecuencia se pregunta cómo habría sido su hijo.

Bien, concedido que el embrión no es “parte del cuerpo” de la mujer, como las mujeres son dueñas de sus cuerpos y tienen derecho a decidir sobre él, tienen derecho entonces a extirpar algo que no quieren llevar consigo.
¿Es realmente así? ¿Tenemos “derecho a decidir” sobre nuestro cuerpo? Un ejemplo de sentido común nos hará ver que no podemos hacer lo que queremos con nuestro cuerpo. Si vamos al médico, y le pedimos que nos ampute el brazo, “porque es mi cuerpo y tengo derecho a decidir sobre él”, el médico, con toda seguridad, nos preguntará si estamos en nuestros cabales, y se negará a amputar nuestro brazo “porque nosotros decidimos sobre nuestro cuerpo”. Si no se puede arrancar porque sí a un miembro del cuerpo, ¡con cuánta más razón no se puede quitar la vida, extirpándolo del seno materno, al embrión, que es una persona humana con derecho a vivir! Si no podemos decidir mutilar nuestro cuerpo, ¿cómo vamos a pretender quitar la vida a un ser humano minúsculo, inocente e indefenso?

            Hay esposos que quieren tener más tiempo para sus proyectos personales, y para eso, deciden espaciar el nacimiento de los hijos. Otros, sostienen que la vida de pareja es para "disfrutar" la sexualidad. Para unos y otros, es lícito el recurso a los métodos anticonceptivos. ¿Qué se puede decir a esto?
                Ante todo, hay que decir que en el acto sexual motivado en el verdadero amor, el amor conyugal, por su propia naturaleza, hay un doble significado, inseparables el uno del otro: el unitivo y el procreador; separar el uno del otro rebaja el acto sexual a una búsqueda egoísta y hedonista del placer, al tiempo que se pretende quitar de en medio la dimensión procreadora. En otras palabras, la separación de ambos significados del acto conyugal demuestra egoísmo porque lo que se busca en la relación sexual es el placer y no la procreación, la cual es evitada por medios artificiales.

            ¿Qué decir del llamado “sexo seguro”?
Detrás de esto hay una concepción de la paternidad y de la maternidad egoísta, contraria a la naturaleza humana, que lleva a considerar al hipotético hijo como un “mal” a evitar, un “riesgo” que no hay que correr, para lo cual hay que acudir al “sexo seguro”, cuya “seguridad” está dada por los métodos anticonceptivos. Se busca, intencionadamente, evitar la vida. El egoísmo se paga caro, porque la consecuencia a largo plazo es lo que se llama “invierno demográfico”: nacen muchos menos de los que mueren, y así la población de un país o de una nación va disminuyendo cada vez más, hasta terminar desapareciendo.

            Usar anticonceptivos no es tan malo después de todo, porque lo único que se hace es evitar que se unan dos células.
Con la anticoncepción, cualquiera sea el método -mecánica (preservativo), química (hormonas, espermicidas), quirúrgica (vasectomía, ligaduras de trompas) y otros (interrupción del acto)-, no se evita simplemente que dos células se unan: se impide la generación de una nueva vida, se cierra la unión sexual a la aparición de una nueva persona. Cuando se produce la fecundación en las Trompas de Falopio, por la unión de los gametos sexuales –espermatozoide y ovocito-, se fusionan sus respectivos materiales genéticos, originando la aparición de un ser humano que se distingue, por su ADN, del padre y de la madre. No hace falta ser genetista, ni siquiera médico, para comprender que a partir del encuentro del espermatozoide y el óvulo se dispara el mecanismo de la vida. A los 9 meses de ese encuentro, sin necesidad de nada adicional –ni medicación ni tratamiento- la mujer da a luz un bebé. Usar anticonceptivos entonces quiere decir no solo no permitir la unión de dos células: significa decirle “no” a la vida que surge del acto sexual. Y si esto se dice de los métodos anticonceptivos, mucho más cabe decir de los métodos abortivos (el Dispositivo Intrauterino o DIU o la Anticoncepción Hormonal de Emergencia, o “píldora del día después”).

            Si no se pueden usar los anticonceptivos, ¿qué métodos se pueden usar para espaciar los nacimientos?
            Los esposos están llamados a dar la vida, y por lo tanto su sexualidad no puede nunca separar la unión de la procreación, so pena de falsificar dicho llamado. El hedonismo egoísta, que es el que lleva a recurrir a los métodos anticonceptivos, se contrapone radicalmente al amor esponsal, que se abre a la vida al tiempo que comunica el amor mutuo de los esposos. En todo caso, si por legítimos motivos se debe recurrir a la regulación de la natalidad, esta debe hacerse de modo tal que respete la naturaleza interna ante todo de la mujer, y el método que garantiza esto es el de la auto-observación y el de la planificación familiar natural.

 Preguntas para trabajo personal y/o grupal
¿Por qué los métodos anticonceptivos y los abortivos
se oponen al verdadero amor?
¿Por qué el “sexo seguro” no es seguro?
¿Puede una madre decidir
por sí misma el aborto de su propio hijo?
¿Por qué la “Anticoncepción Hormonal de Emergencia” es abortiva?
¿Qué es el “Síndrome Post-Aborto?
           
            -Discapacitados
Si los discapacitados son seres humanos como los demás, ¿por qué no permitirles que disfruten del sexo como los llamados “normales”?
Las personas discapacitadas, como así también quienes no poseen discapacidades, están llamadas a vivir la plenitud del amor en la donación de sí mismos. En otras palabras, están llamados, como todos, a vivir la castidad, que no es mera represión de impulsos pasionales, sino fuerza espiritual positiva que orienta la pulsión sexual y el placer que se deriva de ella, a su objeto adecuado, vale decir, el acto matrimonial.
-Música, diversiones
La casi totalidad de la música que escuchan los jóvenes hoy en día, presentan a la práctica sexual precoz, libre e indiscriminada como algo “normal” a la vez que divertida y placentera. Todavía más, el adolescente o joven que no se pliega a este modo de ver y de practicar la sexualidad, es excluido. Escuchar esta clase de música, ¿es causa o consecuencia de este tipo de conducta? ¿Se puede escuchar esta música y alcanzar la felicidad al mismo tiempo?
 Es por todos conocido que la música induce a determinados comportamientos, puesto que modifica la conducta. Si un determinado tipo de música –como la gran mayoría de la música escuchada por los jóvenes en la actualidad- promueve e induce una práctica sexual que, por lo precoz e indiscriminada, carece del sustento de un amor verdadero, profundo y espiritual, quien escuche dicha música, no solo no alcanzará nunca la felicidad, sino que vivirá en un estado de permanente angustia, aún cuando aparente exteriormente que “todo va bien”. El motivo es que sólo la castidad y el pudor hacen al joven verdadera y plenamente feliz.
-Pornografía
            Si todos mis amigos ven pornografía, y si en los medios de comunicación se puede acceder fácilmente a ella, y si no hago ningún mal a nadie, ¿por qué no ver pornografía?
            Por la pornografía el ser humano se degrada a una condición aún más baja que los animales irracionales, desde el momento que estos, al hacer uso de su sexualidad, son guiados por su instinto animal, mientras que el hombre, ser racional, al usar y/o producir pornografía, ofusca su razón y pervierte su corazón, dando al cuerpo y a la sexualidad un uso que ni los animales irracionales se atreverían a darle.
            ¿Contra qué atenta la pornografía?
Atenta, al igual que la prostitución, contra la dignidad de la persona humana, al rebajarla a un objeto sexual, y contra el verdadero amor, al cual se lo reemplaza por una apetencia fría y material del cuerpo y de la genitalidad humana. Constituye además una gran mentira, al aceptar como verdadero una falacia, como es el intercambio de sexo por dinero.
            Pero, ¿no podríamos decir que es una forma de amar?
Es una forma degradada y perversa del amor, entendido y vivido este como compromiso de dos personas, el separar la sexualidad de la totalidad de la persona, reduciéndola a esta a un mero objeto de placer ilícito. Un ejemplo podría ayudarnos: quien va caminando por el desierto, comienza a experimentar, por efecto del intenso calor y de los rayos del sol, alucinaciones de todo tipo -visuales, sensitivas, táctiles, auditivas-, a las que podemos llamar “espejismos”. Así, se encamina decididamente al espejismo, en busca de lo que creyó ver –un banquete para saciar su hambre, una fuente de agua para saciar su sed-, pero al llegar, se da con la realidad: en donde creía ver un manjar, no hay nada, con el agravante de que se encuentra más cansado que al principio, y con el hambre y la sed insatisfechos. Es esto lo que sucede con la pornografía (y con todas las formas de sexualidad que se viven sin el amor esponsal): son todos espejismos que vacían al alma y le provocan más sed y hambre de amor.
¿Qué decir a quienes sostienen que la pornografía es “necesaria” para la maduración afectiva y psicológica del adolescente y del joven?
Que produce todo lo contrario: una impresionante involución en la afectividad y en la capacidad de amar verdadera y profundamente, además de provocar una fijación psicológica que lo aísla de la vida real. Quien introduzca a un joven en la pornografía, en vez de ayudarlo, lo daña en su mente y en su corazón, la mayoría de las veces, de modo irreversible e irreparable.
¿Qué decirle a un joven que se siente atraído por la pornografía?
Que ha sido hecho para algo más alto y hermoso que el engaño que supone la pornografía. Que no se deje atraer por espejismos que sólo le provocarán vacía en el corazón. Que su capacidad de amar debe orientarse hacia lo verdaderamente hermoso y bello, que es la conquista del amor puro, el amor que lo lleva a la plenitud de sí mismo.
-Masturbación
A medida que los chicos y chicas crecen, sus cuerpos van adquiriendo de a poco una forma distinta a la que poseían en la niñez, aunque sin ser todavía la forma adulta definitiva. Es lo que se llama “adolescencia”, la cual va acompañada de un nuevo modo de percibir la propia persona, la sexualidad, las relaciones con los demás, etc. Todo esto se produce como consecuencia de que comienzan a secretarse unas substancias llamadas “hormonas sexuales”, cosa que no ocurría en la niñez. Esto lleva a la exploración de la genitalidad y al descubrimiento del auto-erotismo o masturbación. Algunos dicen que esta forma de sexualidad auto-erótica es algo positivo que debe alentarse en los púberes y en los adolescentes, puesto que forma parte de su desarrollo sexual. ¿Qué podemos decir a esto?
                El hombre ha sido hecho para trascender, para salir de sí por la fuerza impulsora del amor que se despierta ante el ser amado y donarse al ser amado –el varón ante la mujer y  viceversa-, y en esto alcanzar su felicidad. El placer sexual no es nunca un fin en sí mismo, y cuando se lo persigue como tal, desvinculándolo del desarrollo integral de la persona en el amor entre varón y mujer, se convierte en fuente de dolor y de pesadumbre. La masturbación, en cuanto auto-erotismo, constituye una falta contra el amor, porque bloquea o más bien invierte la dirección del amor, que ya no se dirige más al otro, sino que permanece en sí mismo, frustrando la donación de sí y por lo tanto, produciendo tristeza y vacío en el alma. 
¿Es aconsejable enseñar a los adolescentes que la genitalidad es fuente de placer? ¿Es buena para el púber y el adolescente la creencia de que la masturbación es un placer y que por lo tanto pueden practicarla si lo desean?
La masturbación, alimentada ante todo con las actuales ofertas de Internet y de los medios de comunicación -que ofrecen imágenes eróticas a todo momento y con fácil acceso-, además de conducir a la adicción, produce una falsificación del amor y un enfriamiento de este, el cual es sustituido por un sucedáneo que aleja cada vez más a la verdadera felicidad de la persona. La sexualidad no es, como sostienen algunos, “un aspecto más de la sexualidad”; es un acto que provoca sólo tristeza porque aísla a la persona y la priva de donarse en su totalidad para trascender en el verdadero amor.
-Violación y abusos
Existen movimientos sociales y partidos políticos en Europa que propician la libre unión sexual entre adultos y niños, es decir, la legitimación de la pedofilia, la cual implica la violación. ¿Qué se puede responder a esta propuesta?
La violación, el abuso sexual y la pedofilia, son todas gravísimas faltas contra el amor, cuya esencia es desear el bien de quien se ama. Al llevar a cabo estos aberrantes hechos, quien comete estas acciones degrada a sus víctimas al irrumpir en el núcleo más íntimo del ser. Sus acciones son absolutamente repudiables, y su responsabilidad es mayor cuanto mayor es la confianza que le había sido depositada. Semejantes faltas contra la dignidad de las personas y de los niños, y contra el amor verdadero, no solo no pueden nunca ser legitimadas, sino que ni siquiera deben ser propuestas.
-Prostitución
Cada individuo es dueño de su cuerpo y por lo tanto, puede hacer con él lo que quiera. La prostitución es parte de la libertad del ser humano.
La prostitución es una grave falta contra el amor y contra la dignidad de las personas, y en el caso de ser ejercida voluntariamente, se trata de un ejercicio erróneo de la libertad, porque ser libres no quiere decir “hacer lo que quiero”, sino “elegir entre dos bienes”, para quedarnos con el bien más grande, y en el caso de la prostitución, no hay ningún bien a elegir en la comercialización del propio cuerpo. Una persona humana no puede jamás, por la dignidad intrínseca a todo ser humano -independientemente de cuál sea su raza, su credo, su color de piel, su posición o estatus económico y social-, ser rebajada a un objeto de placer, a una mercancía que se usa y se desecha. Quienes lo hacen voluntariamente, y todavía más, quienes obligan a otros a hacerlo –proxenetas, tratantes de blancas, etc.-, cometen un grave error y una gran falta contra la dignidad de las personas y contra el verdadero amor, además de verse implicados en el nefasto negocio del sexo.