Existen varias razones por las cuales el católico dice “no”
al Carnaval:
Porque en el Carnaval se exalta al hombre viejo, al hombre
caído en el pecado y dominado por la concupiscencia de la carne y de los ojos;
de esa manera, se vuelve al estado anterior al Santo Sacrificio de Cristo,
sacrificio por el cual nos liberó del pecado al derramar su gracia en nuestras
almas, por medio de la Sangre derramada en la Cruz;
Porque en el Carnaval se exaltan las pasiones, se glorifica
a la carne, se ensalza el pecado, haciendo así vana la Redención obrada por
Nuestro Señor Jesucristo en el Calvario;
Porque en el Carnaval el personaje central homenajeado es el
Demonio, el Ángel caído, Satanás, el Ángel Apóstata, que se rebeló contra el
Ser Divino Trinitario y su Amor infinito y eterno, negándose a reconocerlo como
lo que Es, Dios de infinita majestad y bondad y erigiéndose él, el Ángel
Apóstata, como un falso dios. En todas las culturas y en todos los tiempos de
la humanidad, en cualquier lugar en el que se celebre el Carnaval, el Demonio
es explícita o implícitamente alabado y ensalzado, desplazando así al Único que
merece ser alabado, ensalzado y adorado, Dios Uno y Trino y su Mesías, el Hijo
de Dios, la Segunda Persona de la Trinidad encarnada en Jesús de Nazareth.
Porque en el Carnaval se hace burla explícita no solo de las
virtudes humanas y cristianas –naturales y sobrenaturales-, incitando
explícitamente a obrar de forma viciosa y no virtuosa, sino también de la
gracia santificante, que hace partícipe al alma de la Vida divina trinitaria al
unirla a la Pasión, Muerte y Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo,
eligiendo de esta manera el pecado, que cierra las puertas del cielo.
Finalmente, porque predispone al mal, al quitar el freno a
la concupiscencia, con lo cual el alma se olvida o no encuentra interés en
participar del inicio de la Sagrada Cuaresma, el tiempo penitencial en el que
la Iglesia se une al ayuno de cuarenta días de Nuestro Señor en el desierto,
como preparación para la Pasión.
En
definitiva, porque se ensalza el pecado y no la gracia; porque se exalta al
hombre viejo y no al hombre nuevo, renovado por la Sangre del Redentor; porque
se glorifica al Demonio y se reniega del Salvador Jesucristo; porque sumerge al
alma en los placeres terrenos, haciéndola olvidar de los verdaderos gozos, los
gozos celestiales, que se viven sólo si se participa de la Pasión del Señor en
esta vida, es que los católicos decimos “no” al Carnaval.
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