miércoles, 18 de abril de 2018

Los argumentos médicos prueban que los argumentos abortistas son irracionales y carentes de sustento científico


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(Homilía para una escuela secundaria)

         Puesto que somos seres humanos y lo que nos distingue a los seres humanos es la racionalidad, en todo debate –y mucho más en algo tan serio, como el aborto, en donde están en juego la vida de miles de inocentes- es necesario usar argumentos racionales y no irracionales, a fin de no traicionar nuestra naturaleza humana. Es decir, cuanto más racionales sean nuestros argumentos, mejor fundamentada estará nuestra posición, más humanos seremos y más razón tendremos. Por el contrario, cuanto menos racionales sean nuestros argumentos, tanto más nos alejaremos de lo que nos caracteriza y nuestra posición se debilitará, por cuanto estará fundada en argumentos irracionales, carentes de razón. Esto no quiere decir que no podamos utilizar argumentos supra-racionales, por cuanto estos últimos no son contrarios a la razón, sino superiores a ella. Los argumentos racionales provienen de la mente humana, de la razón humana; los argumentos supra-racionales, provienen de la Mente Divina, de la Inteligencia Divina y por eso son superiores a los de la razón humana, pero no contrarios a ella. Los argumentos irracionales, se oponen tanto a los racionales como a los supra-racionales y al carecer de razón, se fundan solo en la voluntad, es decir, son voluntaristas o, lo que es lo mismo, emocionalistas, en el sentido que se originan en las emociones y no en la razón. Pues bien, los argumentos favorables al aborto son de este último orden: irracionales, voluntaristas, emocionalistas, lo cual es peligroso, porque es en este tipo de argumentos en los que se fundamentan las ideologías totalitarias y sectarias. En el caso del aborto, tenemos que decir que TODOS los argumentos a favor del aborto son irracionales, por lo que la posición abortista se califica, desde el inicio, como irracional, ideológica y emocional. Dicho esto, pasemos a analizar y refutar los argumentos favorables al aborto.

         ¿Cuáles son los argumentos más comunes a favor del aborto?

         “El embrión es un grupo de células y por eso puede ser extraído sin problemas”. FALSO. El embrión y mucho antes, el cigoto, es ya una persona humana porque su material genético, aportado por la combinación de los 23 genes paternos y 23 genes maternos, es totalmente distinto al material genético de cualquiera de los dos progenitores. La Academia Nacional de Medicina afirma que la vida humana comienza en el momento de la fecundación, es decir, cuando el espermatozoide toma contacto con la zona pelúcida del ovocito. En ese instante, ya inicia una nueva vida humana, y si es vida humana, es ser humano y si es ser humano, es persona humana. En su declaración del 23 de Diciembre de 1995, la Academia Nacional de Medicina dice así: “La puesta en marcha del proceso de formación de una vida humana se inicia con la penetración del óvulo por un espermatozoide. La nueva célula restante (cigoto), contiene su propio patrimonio cromosómico, donde se encuentra programado biológicamente su futuro; y, este hecho científico, con demostración experimental, es así tanto dentro como fuera del organismo materno”. Es decir, desde el punto de vista científico, el cigoto –mucho antes que sea “un grupo de células”- es un ser humano, con un patrimonio cromosómico propio, distinto al de la madre y el padre. Y si es una persona humana, tiene derechos, como toda persona humana de más edad y el primer derecho humano es el derecho a la vida. El cigoto no es una célula, sino un embrión uni-celular. Es un embrión con el tamaño y la forma de una célula, pero es un embrión.

         “La mujer tiene derecho sobre su cuerpo y por lo tanto puede hacer con él lo quiera, como extirparse un grupo de células o un embrión”. FALSO. Sí es cierto que la mujer tiene derecho sobre SU cuerpo, pero NO sobre el cuerpo de su hijo. Aunque esté recién concebido, el cigoto es un nuevo ser humano, que tiene un cuerpo del tamaño y la forma de una célula, pero es un cuerpo al fin y al cabo, y es un cuerpo que es suyo, propio, del niño concebido, y no de la madre. La madre, con su cuerpo, si quiere puede extirparse un riñón, para donarlo, o un pulmón; ésos sí son parte de su cuerpo. Pero el cigoto y el embrión después, NO ES PARTE DE SU CUERPO, por lo que no tiene derechos sobre él.

         “Antes de los 14 días no es persona; es pre-embrión, solo después de los 14 días es embrión”. FALSO. Como vimos, desde el primer instante de la fecundación, ya hay una nueva vida humana, en la que está contenida toda la información genética –genotipo- que luego se desarrollará –fenotipo-, con lo cual no hay nada, ni cualitativa ni cuantitativamente, que permita afirmar que, a partir de determinado momento –en este caso, el 14º día- que comience a ser un ser humano. COMIENZA A SER UN SER HUMANO CON LA FECUNDACIÓN.

         “Desde la fecundación hasta la implantación se habla de gestación; solo en la gestación se habla de embarazo. Por lo tanto, desde el punto de vista moral, es ético hablar de “interrupción de la gestación”, lo que no sería aborto”. FALSO. El argumento para rebatir esta falsedad es igual al anterior: es cigoto-vida humana-ser humano-persona humana desde la fecundación, por lo que hacer una distinción entre fecundación e implantación para hablar de gestación y embarazo no tiene relevancia. En cualquier caso, atentar contra el cigoto, apenas concebido, es atentar contra la vida de un ser humano.

         “El aborto terapéutico salva la vida de la mujer, por lo que si se lo autoriza, disminuyen las muertes maternas”. FALSO. No existe enfermedad en el mundo que se “cure” con la muerte del niño por nacer. El embarazo no es una enfermedad, como así también el aborto no es una “terapia”. El médico que diga que el aborto es terapéutico, o no sabe de medicina, o no se molestó en estudiar cómo solucionar el problema de salud de la madre embarazada, que en NINGÚN CASO se soluciona con la muerte del niño. Matar al niño no solo no curará a la madre, sino que puede incluso llegar a matarla, además de agregar un homicidio al problema de la enfermedad materna.

         “Si el embarazo es producto de una relación sexual no consentida, está justificado el aborto, porque el Estado no puede obligar a llevar a término el embarazo no deseado. Es ejercer una violencia sobre la mujer”. FALSO. Una tragedia –la relación no consentida- no se soluciona con otra tragedia aún mayor, el homicidio del niño por nacer. Todavía más, agrava la tragedia pre-existente. Además, abortar supone ejercer máxima violencia –mortal- sobre un inocente al que se le quita la vida, superior infinitamente a la supuesta violencia de tener que continuar obligadamente el embarazo, con el agravante de que no soluciona nada, sino que empeora todo. En todo caso, la solución es continuar con el embarazo y, si aun después de nacido, no se lo quiere al niño, se lo da en adopción.

         “Interrumpe los proyectos de una joven”. FALSO. Si la joven quiere seguir con su vida, que lo dé en adopción, pero pretender continuar la vida propia después de asesinar al propio hijo, no tiene sentido.

         “El aborto eugenésico previene las enfermedades genéticas, como el Síndrome de Down”. FALSO. No previene las enfermedades genéticas; lo único que hace, es hacer desaparecer, literalmente, a seres humanos nacidos con defectos cromosómicos –como la trisomía del par 21 o Síndrome de Down-, y es lo que sucede en la actualidad en países como Islandia, por ejemplo, en donde el 100% de los niños con Síndrome de Down son abortados. El aborto no disminuye la incidencia de la enfermedad, porque se siguen concibiendo niños con Síndrome de Down; lo que hace es volverlos invisibles, porque los asesina en el vientre materno.

         Como vemos, TODOS LOS ARGUMENTO ABORTISTAS SON FALSOS E IRRACIONALES, FRUTO DE UNA IDEOLOGÍA QUE NO USA LA RAZÓN, SINO LA EMOCIÓN Y LA EMOCIÓN VIOLENTA, PARA HACER DESAPARECER A UNA PERSONA HUMANA RECIÉN CONCEBIDA. No hay ni puede haber ningún argumento a favor del aborto que tenga sustento científico. No lo hay, por lo que, el que está a favor del aborto, es un irracional, un ideólogo y un fanático de la muerte.
         Un aspecto a considerar es el de la Misericordia Divina: Dios perdona el pecado del aborto si alguien ya lo cometió, porque la Misericordia de Dios es infinita, pero con la condición de que no se lo vuelva a cometer.

viernes, 13 de abril de 2018

Debemos luchar contra el pecado si queremos ser santos



         Todos los hombres nacemos con la mancha del pecado original, pero además, debemos enfrentarnos con otra clase de pecado: el que nosotros mismos cometemos[1]. Este pecado, que no es heredado de Adán, sino que es nuestro, se llama “actual” y, según el grado de malicia, puede ser mortal o venial.
         En la base del pecado está la ausencia de amor y la presencia de malicia, de parte de nosotros hacia Dios. Esto lo podemos ejemplificar en el grado de obediencia que se da entre un hijo y su progenitor[2]. Antes que nada, debemos decir que un verdadero hijo que ama verdaderamente a su padre/madre, obedecerá no con fastidio y enojo, sino con amor, porque en él el amor es verdadero y grande en relación a sus padres, por lo que obedecer no es una muestra de desagrado, sino una forma de demostrarles su amor por ellos. Si el hijo desobedece en asuntos de menor importancia, esto no significa que no los ame: es un amor imperfecto, pero existe. Sin embargo, si este mismo hijo desobedece a sus padres, de forma deliberada, en asuntos más graves, entonces hay que concluir que, o no los ama, o bien se ama a sí mismo mucho más que a sus padres, es decir, en él priva el egoísmo –amor desordenado a sí mismo- por encima del amor genuino a los progenitores. Y ese amor desordenado de sí es una versión falsificada de amor, porque en realidad es malicia. La desobediencia en temas graves demuestra no solo ausencia de amor, sino presencia de malicia.
         Lo mismo sucede en nuestras relaciones con Dios. Su amor por nosotros está “codificado” o más bien explicitado en los Diez Mandamientos –y en los Mandamientos de Jesús en el Evangelio, como perdonar siempre, cargar la cruz, que son especificaciones de los Diez Mandamientos-, puesto que todo lo que Dios manda hacer o no hacer, está motivado por su amor por nosotros y solo busca nuestro bien y nuestra felicidad. Si desobedecemos sus Mandamientos en cuestiones de menor importancia esto no implica que necesariamente neguemos a Dios nuestro amor, aunque sí demuestra que tenemos hacia Dios un amor imperfecto. Ese acto de desobediencia en el que la materia no es grave, es el pecado venial[3]. Por ejemplo, una mentira “pequeña” en la que no resulta el daño ni perjuicio de nadie: “¿Dónde estuviste anoche?”, “En el cine”, cuando en realidad nos quedamos toda la noche viendo televisión, sería un pecado venial.
         Pero incluso en materia grave puede ser venial por ignorancia o falta de consentimiento pleno. Por ejemplo, es pecado mortal mentir bajo juramento. Pero si al momento de mentir yo pienso que el perjurio es venial y lo cometo, Dios me lo imputa como pecado venial. O si juro falsamente porque quien me preguntó no me dio tiempo a reflexionar (falta de reflexión suficiente) o porque el miedo a las consecuencias disminuyó mi libertad de elección (falta de consentimiento pleno), también sería pecado venial. En estos casos podemos ver que falta la malicia de un rechazo de Dios consciente y deliberado; en ninguno resulta evidente la ausencia de amor a Dios.
         Estos pecados se llaman “veniales” (del latín “venia”, que significa “perdón”) porque Dios perdona prontamente los pecados veniales sin el sacramento de la confesión; un sincero acto de contrición y propósito de enmienda bastan para su perdón. Pero esto no quita importancia, porque todo pecado, incluso el venial, implica falta de amor a Dios[4]. El pecado venial trae un castigo, aquí o en el Purgatorio; cada pecado venial disminuye un poco el amor  a Dios en nuestro corazón y debilita nuestra resistencia a las tentaciones. Un ejemplo de los santos como Santa Teresa de Ávila nos puede ayudar: ella compara al Amor de Dios como un gran brasero con brasas incandescentes; cuando cometemos un pecado venial, es como si arrojáramos agua, en escasa cantidad, sobre el brasero. No se apagarán las brasas, pero alguna que otra quedará más apagada. El pecado mortal equivale a arrojar todo un balde de agua sobre el brasero: ahí sí las brasas se apagan y en vez del fuego y el calor que había antes, ahora se levanta una espesa humareda de humo negro.
         La multiplicación de los pecados veniales no forma un pecado mortal, porque el número no cambia la especie del pecado, aunque por acumulación de materia de muchos pecados veniales sí podría llegar a ser mortal; su descuido abre las puertas al mortal[5]. Si alguien ama a Dios sinceramente, hará el propósito de evitar todo pecado deliberado, sea éste venial o mortal.
         Un pecado objetivamente mortal puede ser venial subjetivamente, debido a especiales condiciones de ignorancia o falta de plena advertencia, o un pecado venial puede hacerse mortal bajo circunstancias especiales.
         Por ejemplo, si creo que es pecado mortal robar un poco de dinero y a pesar de ello lo hago, para mí será un pecado mortal. O si continúo robando pocas cantidades hasta hacerse una suma considerable, para mí sería un pecado mortal. Pero si nuestro deseo y nuestra intención es amar y obedecer en todo a Dios, no tenemos por qué preocuparnos de estas cosas[6].
        



[1] Cfr. Leo J. Trese, La Fe explicada, Ediciones Logos, Rosario 2013, 73.
[2] Cfr. ibidem.
[3] Cfr. ibidem, 74.
[4] Cfr. ibidem.
[5] Cfr. ibidem.
[6] Cfr. ibidem.

jueves, 5 de abril de 2018

Una vez caídos en el pecado original, solo Dios podía rescatarnos



         Una imagen puede darnos una idea de lo que significa para nosotros, los seres humanos, el pecado original. Imaginemos un hombre que, distraídamente, camina por el borde una piscina muy profunda, pero que tiene agua solo hasta la mitad, de manera que si alguien cae en ella, no puede salir por sus propios medios[1]. Pues bien, a nuestro hombre de la historia, es lo que le pasó: por caminar distraído, se cayó en la pileta. No se ahogó, porque sabía nadar, pero como las paredes eran muy altas, por más esfuerzos que hiciera, no podía salir de ninguna manera. Si un buen samaritano no hubiera pasado por ahí y le hubiera tendido una cuerda permitiéndole salir, con toda seguridad se hubiera terminado ahogando. Una vez fuera de la pileta, el hombre pensaba así: “Es sorprendente lo imposible que me era salir de allí y lo poco que me costó salir”. Esta simple historia refleja bastante bien la condición de la humanidad después del pecado de Adán y Eva: fue muy fácil caer, pero imposible salir y nunca hubierámos salido del pecado, si Jesucristo no hubiera acudido en nuestra ayuda. El pecado de Adán dejó a toda la humanidad en la situación del hombre del pozo, porque era imposible saldar la deuda del pecado, al haber sido cometido contra Dios que, como es infinito, el pecado se volvió infinito, al ofender a su infinita majestad. Es algo similar a lo que sucede entre los seres humanos: no es lo mismo arrojar un tomate a un hombre cualquiera, que al presidente de la Nación: al que hace esto, le corresponde una pena y un castigo mucho mayor que al primero. Lo mismo pasaba con nosotros después del pecado de Adán: puesto que la ofensa era infinita, al ser la majestad de Dios infinita, era imposible para nosotros, los seres humanos, reparar esa ofensa, porque nosotros no somos infinitos, sino finitos y limitados. Nunca nada que hagamos, aun cuando se tratara del hombre más santo entre todas, podría saldar la deuda contraída por Adán, porque el valor de nuestras acciones buenas es limitado. Pero quien viene en nuestra ayuda, es el mismo Dios en Persona, porque solo Dios podía saldar la deuda contraída, ya que Dios es infinito y sus acciones tienen un valor infinito. Siendo Dios infinito, solo Él podía reparar la malicia infinita del pecado. Para reparar nuestra falta y pagar nuestra deuda, Dios mismo se encarnó, en la Persona del Hijo de Dios: al encarnarse, asumió nuestra naturaleza humana –menos el pecado-, de manera tal que cualquier acción que Jesús realizara –por ejemplo, clavar un clavo en la carpintería de su padre adoptivo, San José-, tenía un valor infinito, porque Él no era un simple hombre, sino Dios hecho hombre sin dejar de ser Dios. Con la más pequeña de sus acciones, Jesús tenía la facultad de reparar todos los pecados de todos los hombres, desde Adán y Eva hasta el último hombre nacido en el último día de la historia humana, el Día del Juicio Final[2]. Y Jesús hizo mucho más que clavar un clavo para salvarnos –con esto solo podría habernos salvado-: entregó su Cuerpo, su Sangre, su Alma y su Divinidad en la cruz, para pagar la deuda del pecado, para vencer a los tres grandes enemigos de la humanidad –el Demonio, el Pecado y la Muerte- y para concedernos la gracia de ser hijos adoptivos de Dios. Con su muerte en cruz, Jesús reparó por nuestros pecados, pero eso no implica que inmediatamente todos somos buenos y santos, porque la satisfacción de Cristo no quita la libertad de nuestra voluntad[3]. Es decir, debemos demostrar a Dios que lo amamos y esa demostración la hacemos toda vez que, libremente, elegimos cumplir su voluntad, expresada en los Diez Mandamientos y en los Mandamientos de Jesús en el Evangelio. Jesús murió en la cruz para pagar la deuda que debíamos a Dios, pero nosotros debemos responderle, libremente, agradeciendo su sacrificio, para así demostrarle que verdaderamente lo reconocemos como nuestro Redentor. Solo así evitaremos encontrarnos entre los hijos de la Serpiente, los hijos de las tinieblas, y seremos verdaderamente hijos adoptivos de Dios, hijos de la luz, hijos de la Virgen.


[1] Cfr. Leo J. Trese, La Fe explicada, Ediciones Logos, Rosario 2013, 70-71.
[2] Cfr. Trese, ibidem, 72.
[3] Cfr. Trese, ibidem, 72.

miércoles, 4 de abril de 2018

El conocimiento humano a nada conduce sino está iluminado por la Sabiduría de la Cruz



(Homilía en ocasión del aniversario de un instituto de educación Primaria y Secundaria)

         Una institución que se dedica a impartir conocimientos es, por sí misma, un bien inapreciable para la sociedad en la que está inserta porque permite que los integrantes de las familias, célula básica de la sociedad, se perfeccionen, al adquirir conocimiento. El conocimiento es una perfección; es algo que hace al individuo más perfecto de lo que era antes, porque antes no poseía ese conocimiento y ahora sí. No poseer conocimiento es el equivalente a carecer de un bien básico y elemental de la vida humana. El ser humano es un ser inteligente –la inteligencia, facultad espiritual que emana del alma espiritual, es lo que lo distingue de los seres irracionales- y, porque es inteligente, busca siempre saber. Se puede decir que la sed de saber es inherente al hombre y es la razón por la cual el hombre, buscando satisfacer esa sed de saber, se dedica a investigar a sí mismo y a su entorno. El hombre, como ser inteligente que es, busca siempre respuestas a los interrogantes que él mismo se formula, como fruto de su actividad inteligente. Una institución educativa, al impartir el conocimiento por el cual el hombre satisface esta sed de saber, contribuye a su desarrollo y perfeccionamiento en cuanto persona, es decir, en cuanto ser creatural inteligente.
         Ahora bien, el hombre no es solo un ser inteligente, sino que también está dotado de voluntad, la cual también es una capacidad espiritual. Por medio de la voluntad, el hombre puede amar y cuanto más ama, más plenamente realiza su capacidad volitiva, como así también, cuanto más estudia e investiga, más plenamente realiza su capacidad intelectiva.
Una institución educativa es un don en el sentido de que permite, al ser humano, realizar en su plenitud las facultades de su alma, sus capacidad intelectivas y volitivas. Es decir, una institución educativa contribuye a que el ser humano se realice cada vez más plenamente como ser humano, al permitir el desarrollo de lo que lo distingue como ser humano, las capacidades intelectuales y volitivas de su alma espiritual.
Pero para que ambas potencias espirituales -la inteligencia y la voluntad- alcancen su verdadero desarrollo y expandan al máximo sus capacidades, es necesario que la inteligencia sea siempre guiada por la Verdad Una y Absoluta y que la voluntad desee siempre el Bien Uno y Absoluto. Cuando la inteligencia no busca la Verdad Una y Absoluta y cuando la voluntad no desea el Bien Uno y Absoluto, ambas potencias espirituales dejan de cumplir su función de perfeccionar al hombre, porque la verdad relativa y el bien que no es absoluto son imperfectos y por lo tanto, el ser humano que se contente con el relativismo y con el bien moral inferior, nunca tenderá ni alcanzará la perfección. Y la institución educativa que se deje guiar por el relativismo y el bien moral inferior, deja de cumplir con su cometido de facilitar la perfección del ser humano.
         En todo orden del conocimiento humano, tanto la inteligencia como la voluntad tienen que estar guiados por el Amor a la Verdad y al Bien Absolutos, no relativos. Esto quiere decir que es falsa la aserción: “Cada cual tiene su propia verdad; cada cual decide qué está bien y qué no está bien”. Eso es falso, porque la Verdad es una sola, es Absoluta, y el Bien es uno solo, es Absoluto. No hay una verdad a medias, como tampoco hay un bien a medias. Quien se contenta con la verdad y el bien a medias, nunca alcanzará la plenitud de la perfección.
         Ahora bien, es necesario tener en cuenta que, en el plano ontológico, en el plano de la realidad substancial de las cosas, la Verdad y el Bien Absolutos no son ideales abstractos e inexistentes: tienen un Rostro, un Cuerpo, un Nombre y es Jesús de Nazareth, el Hombre-Dios. Jesús es la Verdad de Dios Encarnada; Jesús es el Amor y la Misericordia Divina encarnados y por eso no hay Verdad más grande que Jesús y no hay Amor más grande que Jesús.
         Todo conocimiento humano debe estar guiado y orientado hacia la Verdad y el Bien absolutos, Cristo Jesús, para que pueda así cumplir su objetivo de perfeccionar al espíritu humano. Cualquier conocimiento humano que no esté guiado hacia Cristo Jesús, ni orientado por Cristo Jesús, ni iluminado por Cristo Jesús, está condenado, desde el inicio, al más completo fracaso. El conocimiento humano a nada bueno conduce si no está iluminado por la Sabiduría de la Cruz.
         Entones, una institución educativa tiene por fin impartir conocimientos, de modo que los jóvenes sean cada vez más perfectos, al ejercitar sus capacidades intelectivas y volitivas, pero esto solo se realiza y se cumple cabalmente cuando la inteligencia y la voluntad están guiadas por la Verdad Absoluta y el Bien Absoluto. Y la Verdad Absoluta y el Bien Absoluto no son entes abstractos, inexistentes en la realidad: tienen, como hemos dicho, un Rostro, un Cuerpo y un Nombre: Jesús de Nazareth. Por esta razón, el Santo Crucifijo en las aulas y la Religión Católica en su curriculum educativo no solo no deben estar ausentes de toda institución educativa, sino que deben formar la esencia de su ser educativo.

miércoles, 28 de marzo de 2018

Jesús muere en la cruz y resucita para darme una nueva vida



         Si hiciéramos una encuesta entre jóvenes católicos acerca de quién es Jesús, obtendríamos diferentes respuestas: por ejemplo, muchos jóvenes contestarían que Jesús es alguien que hizo algo bueno en el pasado pero que no tiene mayor trascendencia en el presente. Otros opinarían que era una persona buena, con grandes ideales y que despertó en muchos la capacidad de realizar sus propios sueños e ideales. Otros contestarían que hay dos Jesús: el verdadero, el que era el hijo de un carpintero, que fundó una religión nueva, pero que finalmente terminó muerto en la cruz, y el legendario, el inventado por sus amigos y seguidores, que lo idealizaron tanto en su figura, que inventaron hechos maravillosos como los milagros o incluso la resurrección, pero en realidad, ese Jesús nunca existió. Mucho peor, otros dirían que Jesús era un revolucionario, porque se preocupaba mucho por los pobres, lo cual es ofender a Jesús porque los revolucionarios han sido todos personas violentas y maliciosas y Jesús no era así. Todas estas respuestas acerca de Jesús son falsas y se caracterizan por coincidir en que Jesús, sea quien sea que haya sido, para la inmensa mayoría de los jóvenes de hoy, del siglo XXI, Jesús no tiene una mayor incidencia en sus vidas, porque la inmensa mayoría de los jóvenes vive, en su realidad concreta, como si Jesús nunca hubiera existido. Muy pocos jóvenes, ante la pregunta de “¿Cuáles son los mandamientos específicos de Jesús?”, responderían que son “amar al enemigo”, “perdonar setenta veces siete”, “cargar la cruz de cada día”, “negarnos a nosotros mismos”, “seguirlo a Él por el camino del Calvario”, además de los Diez Mandamientos, porque los Diez Mandamientos son mandamientos dados por Dios y Jesús Dios. Y todavía menos serían los jóvenes que responderían afirmativamente ante la pregunta de si es necesario cumplir los Mandamientos de Dios para ser felices –entre ellos, la castidad- y esto porque, para muchos jóvenes católicos de hoy, la existencia de Jesús es indiferente lo cual se demuestra por el hecho de que, una vez terminada la instrucción religiosa, abandonan la iglesia, sin llegar nunca a practicar la religión. Para muchos jóvenes la existencia de Jesús es indiferente, porque piensan que no tiene nada que ver con sus vidas concretas, reales.
         La realidad acerca de Jesús es muy distinta: Jesús no solo es real y está vivo, sino que es Dios en Persona –es la Segunda Persona de la Trinidad- y su vida tiene una relación directa con la vida personal de cada joven, lo crea o no lo crea ese joven. Todavía más, la vida del joven se desarrollará en su plenitud o se frustrará, según sea la relación que mantenga con Jesús. Si el joven ignora a Jesús, la vida del joven fracasará, aun cuando parezca triunfar desde el punto de vista mundano. Por el contrario, si conoce y sigue a Jesús y se preocupa por vivir en su vida los Mandamientos de Jesús, su vida y su existencia terrenas serán tan maravillosas, que aun cuando en el mundo pase desapercibido, en el sentido de no tener “fama” mundana provocarán la admiración de generaciones enteras. En otras palabras, encontrar a Jesús, conocerlo, amarlo, seguirlo, hace que la vida de un joven sea plena –en todo el sentido de la palabra, es decir, hace que la vida sea una vida verdaderamente feliz, aunque no con la felicidad como la entiende el mundo-; cuando un joven conoce y ama a Jesús y sigue sus mandatos, la vida de ese joven luego es conocida y admirada no solo por el estrecho círculo de familiares, amigos y conocidos, sino por cientos de miles de personas, porque su recuerdo perdurará de generaciones en generaciones y esto es lo que sucede con los santos. Cientos de miles de jóvenes santos que han conocido y amado a Jesús, han encontrado la plenitud y el sentido en esta vida terrena y luego la felicidad en la vida eterna y por eso su fama perdura aunque pasen cientos de generaciones. Pero el joven que no conozca a Jesús, ni se interese por seguir sus mandamientos y se aparte de Él, aun cuando triunfe en este mundo y alcance los más resonantes éxitos mundanos –fama, dinero, poder-, será un joven cuyo recuerdo no perdurará más allá de su existencia terrena y su vida terrena no será plena ni verdaderamente feliz y tampoco tendrá paz y alegría en su corazón, aunque tenga a su alcance todo lo materialmente disponible en la actualidad.
         ¿Cuál es la razón por la cual la vida de un joven cambia radicalmente, si conoce y sigue a Jesús como si no lo hace? La razón es que Jesús es Dios; es Dios Hijo hecho hombre, sin dejar de ser Dios y al ser Dios, es la Vida, la Alegría, la Paz en sí mismas y da de sí mismo a quien se le acerca, así como el sol ilumina a los planetas que se le acercan. Y porque es Dios, Jesús tiene en sus manos la vida del joven, de todo joven, de cada joven. Él ama tanto a los jóvenes –y a todos los hombres, independientemente de su edad-, que murió en la cruz y resucitó para que el joven tuviera acceso a una nueva vida, una vida que es el anticipo de la eternidad y es la vida de la gracia, y esa vida es verdaderamente lo que hace que el joven sea feliz y tenga alegría y paz en su corazón.
         ¿Dónde se obtiene esta vida nueva que nos da Jesús? De la Sangre y Agua que brotaron de su Costado traspasado –que para nosotros, los católicos, se hace realidad por los sacramentos-: cuando el centurión romano traspasó el Costado de Jesús y de su Corazón brotó Sangre y Agua, con la Sangre y el Agua se derramó el Amor de Dios contenido en su Corazón, el Espíritu Santo, que es Quien nos da la vida nueva de Dios y en Dios. Es por eso que el joven que se arrodilla ante Jesús crucificado y permite que su Sangre caiga sobre Él, recibe con esta Sangre al Espíritu de Dios y el Espíritu de Dios lo hace vivir una vida nueva, la vida de la gracia, la vida de los hijos de Dios. Pero como para nosotros, los católicos, el Amor de Dios se nos comunica por los sacramentos, es por eso que el joven que frecuenta los sacramentos, sobre todo la Confesión y la Eucaristía, es verdaderamente pleno y feliz.
         La Semana Santa es el tiempo propicio para no solo preguntarnos quién es Jesús, sino para acercarnos a Él, para que Él, que es Dios Hijo, nos dé su gracia, para que así comencemos a vivir una vida nueva, una vida verdaderamente nueva, la vida de los hijos de Dios. Para esto murió Jesús en la cruz: para liberarme de lo que me avejenta, que es el pecado, y para donarme lo que verdaderamente me hace joven, que no es la edad biológica, sino el Espíritu de Dios. Jesús muere en la cruz y resucita para darme una nueva vida, la vida de la luz, la vida de hijos de Dios.
         El joven que conoce y ama a Jesús, vive esta vida en su plenitud; el joven que se desinteresa por Jesús y no quiere saber nada de Él, se pierde lo mejor de esta vida. Aprovechemos el tiempo de Semana Santa para conocer lo mejor de esta vida: Cristo Jesús. ¿Dónde está Cristo Jesús, para ir a conocerlo? Como dijimos, para nosotros, los católicos, Cristo Jesús está Presente en la Cruz y en la Eucaristía. No dejemos pasar la oportunidad de conocer y amar a Aquel que puede transformar mi vida en una vida de plenitud y de gracia, Cristo Jesús. No nos quedemos con las manos vacías: aprovechemos este tiempo de Semana Santa para acercarnos y conocer a lo más hermoso que tiene la vida: Jesús, el Hijo de Dios, que me espera con los brazos abiertos en la cruz para darme todo el Amor de su Sagrado Corazón Eucarístico.


martes, 27 de marzo de 2018

Via Crucis para los jóvenes



Oraciones iniciales.

Por la señal, de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Acto de contrición.

Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío; por ser Vos quien sois, Bondad infinita y porque os amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón de haberos ofendido; también me pesa porque podéis castigarme justamente con las penas del infierno por mis pecados cometidos libremente, si no obtengo con tu ayuda una perfecta contrición. Ayudado de vuestra divina gracia, propongo firmemente nunca más pecar, confesarme, y cumplir la penitencia que me fuere impuesta, para que así pueda algún día llegar a disfrutar de vuestra compañía, del Padre y del Espíritu Santo, en las moradas eternas que Tú me tienes preparado para mí, pobre pecador. Amén.


1ª Estación: Jesús es sentenciado a muerte.


(De rodillas) V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
R. Pues por tu santa cruz redimiste al mundo.

Meditación: Luego de sufrir un juicio injusto, Jesús es condenado a muerte. La causa de su condena es la verdad de su afirmación de que Él es el Hijo de Dios, que ha venido a este mundo para salvarnos. Cada vez que elegimos el pecado volvemos a condenar a muerte a Jesús. Cada vez que negamos a Jesús como a nuestro Salvador y Redentor, renovamos la sentencia de muerte de Jesús. ¡Oh Jesús, perdóname por todas las veces que he negado que Tú eres mi Dios, mi Rey y mi Salvador y en vez de cumplir tus Mandamientos, he preferido hacer mi voluntad!
Padrenuestro, Avemaría y Gloria.
Jesús, pequé: Ten piedad y misericordia de mí.
Bendita y alabada sea la pasión y muerte de nuestro Señor Jesucristo y los dolores de su santísima Madre, triste y afligida al pie de la cruz.


2ª Estación: Jesús carga con la cruz a cuestas.


(De rodillas) V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
R. Pues por tu santa cruz redimiste al mundo.
Meditación: Cargan sobre los hombros de Jesús un pesado leño. Pero no es el madero lo que hace pesada la cruz: son mis pecados. En el madero de la cruz que lleva Jesús sobre sus hombros, van mis pecados. Todos. Desde los veniales hasta los mortales. Él recibirá en mi lugar el castigo que yo me merezco por esos pecados. Cuando el madero de la cruz quede impregnado de su Sangre Preciosísima, mis pecados quedarán borrados para siempre. ¡Oh Jesús, que yo me decida a no pecar más, para no hacer más pesada tu cruz!
Padrenuestro, Avemaría y Gloria.
Jesús, pequé: Ten piedad y misericordia de mí.
Bendita y alabada sea la pasión y muerte de nuestro Señor Jesucristo y los dolores de su santísima Madre, triste y afligida al pie de la cruz.


3ª Estación: Jesús cae por primera vez bajo el peso de la cruz.


(De rodillas) V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
R. Pues por tu santa cruz redimiste al mundo.
Meditación: ¡Qué fuerza tiene el pecado, que hace tambalear y caer a Dios! Son mis pecados, aquellos pecados en los que caigo una y otra vez, los que hacen caer a Jesús. En su caída, Jesús se lastima sus manos, sus rodillas, sus piernas. Sus heridas se abren y dejan salir abundante sangre. ¡Oh Jesús, graba en mi mente y en mi corazón tu caída bajo la cruz, para que yo me decida a no volver a caer en el pecado por falta de lucha espiritual!
Padrenuestro, Avemaría y Gloria.
Jesús, pequé: Ten piedad y misericordia de mí.
Bendita y alabada sea la pasión y muerte de nuestro Señor Jesucristo y los dolores de su santísima Madre, triste y afligida al pie de la cruz.


4ª Estación: Jesús se encuentra con su Madre, la Virgen.


(De rodillas) V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
R. Pues por tu santa cruz redimiste al mundo.
Meditación: En su camino hacia el Calvario, colmado de dolores y penas por causa mía, Jesús recibe un alivio: se encuentra con su Madre, la Virgen. Si bien los soldados impiden que la Madre y el Hijo se fundan en un abrazo, la mirada materna y amorosa de María es más que suficiente para darle fuerzas a su Hijo, a fin de que Jesús pueda llegar hasta el Calvario y así poder dar su vida por mi salvación. ¡Oh María Santísima, Madre de Dios y Madre mía, acompáñame tú en el camino del Calvario y cuando yo desfallezca, mírame con tus ojos de amorosa Madre y, al igual que a Jesús, dame las fuerzas para llevar mi cruz!
Padrenuestro, Avemaría y Gloria.
Jesús, pequé: Ten piedad y misericordia de mí.
Bendita y alabada sea la pasión y muerte de nuestro Señor Jesucristo y los dolores de su santísima Madre, triste y afligida al pie de la cruz.


5ª Estación: el Cireneo es obligado a llevar la cruz.


(De rodillas) V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
R. Pues por tu santa cruz redimiste al mundo.
Meditación: viendo los soldados que Jesús iba a morir antes de llegar a la cima del Monte Calvario y movidos por el deseo de que sea crucificado y no por verdadera compasión, obligan a Simón de Cirene a ayudarle a Jesús a llevar su cruz. Muchas veces llevo la cruz como Simón de Cirene: obligado, sin un sentido sobrenatural. ¡Oh Jesús, ayúdame a llevar la cruz como Tú la llevas, con amor y no por obligación y para eso dame del amor con el que Tú abrazas la cruz!
Padrenuestro, Avemaría y Gloria.
Jesús, pequé: Ten piedad y misericordia de mí.
Bendita y alabada sea la pasión y muerte de nuestro Señor Jesucristo y los dolores de su santísima Madre, triste y afligida al pie de la cruz.


6ª Estación: la Verónica enjuga el Rostro de Jesús.


(De rodillas) V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
R. Pues por tu santa cruz redimiste al mundo.
Meditación: la Verónica, compadeciéndose del dolor de Jesús, se arrodilla para enjugar su Santo Rostro y así aliviar en algo las penas de su Corazón. En recompensa a su gesto de misericordia, Jesús deja estampada milagrosamente su Santa Faz en el lienzo de la Verónica. ¡Oh Jesús, yo no tengo un lienzo para que imprimas tu Rostro en él, pero te ofrezco mi corazón, mi pobre corazón, para que dejes impreso en Él, grabado a fuego con el Amor de Dios, tu Santa Faz!
Padrenuestro, Avemaría y Gloria.
Jesús, pequé: Ten piedad y misericordia de mí.
Bendita y alabada sea la pasión y muerte de nuestro Señor Jesucristo y los dolores de su santísima Madre, triste y afligida al pie de la cruz.


7ª Estación: Jesús cae por segunda vez.


(De rodillas) V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
R. Pues por tu santa cruz redimiste al mundo.
Meditación: a mitad de camino hacia el Calvario, Jesús cae por segunda vez. No es el peso del madero lo que lo hace vacilar y caer. Su Cuerpo es fuerte y puede resistir el peso del leño. Es su Alma Santísima la que, abrumada por la malicia de mis pecados, desfallece de angustia y dolor. ¡Oh Jesús, por tu segunda caída, ayúdame para que no vuelva más a caer en mis pecados!
Padrenuestro, Avemaría y Gloria.
Jesús, pequé: Ten piedad y misericordia de mí.
Bendita y alabada sea la pasión y muerte de nuestro Señor Jesucristo y los dolores de su santísima Madre, triste y afligida al pie de la cruz.


8ª Estación: Jesús consuela a las hijas de Jerusalén.


(De rodillas) V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
R. Pues por tu santa cruz redimiste al mundo.
Meditación: las mujeres piadosas de Jerusalén se conmueven al ver a Jesús en tan lastimoso estado: golpeado, herido, fatigado, cubierto de salivazos, bañado en su propia sangre, y lloran por Él. Pero Jesús les dice que no lloren por Él, sino ellas y por toda la humanidad, porque en la condición en la que Él se encuentra es como el pecado deja al alma. ¡Oh Jesús, dame la gracia de poder llorar mis pecados, para no provocarte ya más heridas en tu Cuerpo sacratísimo!
Padrenuestro, Avemaría y Gloria.
Jesús, pequé: Ten piedad y misericordia de mí.
Bendita y alabada sea la pasión y muerte de nuestro Señor Jesucristo y los dolores de su santísima Madre, triste y afligida al pie de la cruz.


9ª Estación: Jesús cae por tercera vez.


(De rodillas) V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
R. Pues por tu santa cruz redimiste al mundo.
Meditación: agobiado por el peso de tantos pecados, el Hombre-Dios Jesucristo cae por tercera vez. No solo lleva mis pecados personales –todos mis pecados, desde el primero hasta el último-, sino que lleva todos los pecados de todos los hombres, desde Adán y Eva hasta el último hombre nacido en el Día del Juicio Final. ¡Oh Jesús, tu Sangre Preciosísima quita los pecados del mundo para que la humanidad pueda nacer de nuevo, sin malicia –sin relaciones pre-matrimoniales, sin aborto, sin pornografía, sin drogas, sin violencia hacia los padres y los hermanos, sin envidias, sin avaricia- y en estado de gracia!
Padrenuestro, Avemaría y Gloria.
Jesús, pequé: Ten piedad y misericordia de mí.
Bendita y alabada sea la pasión y muerte de nuestro Señor Jesucristo y los dolores de su santísima Madre, triste y afligida al pie de la cruz.


10ª Estación: Jesús es despojado de sus vestiduras.


(De rodillas) V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
R. Pues por tu santa cruz redimiste al mundo.
Meditación: al llegar a la cima del Monte Calvario, los soldados arrancan las vestiduras de Jesús y de forma tan violenta, que todas sus heridas vuelven a abrirse, dejando brotar abundantemente su Sangre Preciosísima. Jesús se despoja de las vestiduras y queda vestido con un manto rojo, el manto de su propia Sangre, la Sangre con la cual lavará nuestros pecados. Jesús se deja despojar de sus vestiduras, para reparar por todos aquellos que, despojados del pudor y de la santa pureza, se dejan arrastrar por las pasiones más bajas. ¡Oh Jesús, por el manto de Sangre con el que te cubriste en el Calvario, dame la gracia de desear vivir siempre en la santa pureza de cuerpo y alma!
Padrenuestro, Avemaría y Gloria.
Jesús, pequé: Ten piedad y misericordia de mí.
Bendita y alabada sea la pasión y muerte de nuestro Señor Jesucristo y los dolores de su santísima Madre, triste y afligida al pie de la cruz.


11ª Estación: Jesús es clavado en la cruz.


(De rodillas) V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
R. Pues por tu santa cruz redimiste al mundo.
Meditación: Jesús permite que sus manos y sus pies sean atravesados por gruesos clavos de hierros, los cuales le provocan profundos dolores y hacen brotar abundante sangre. Jesús deja traspasar sus manos por los clavos de hierro, para que mis manos nunca se eleven contra mi hermano, sino que se tiendan hacia él en gesto de ayuda y misericordia, y para que se eleven al cielo en gesto de agradecimiento a Dios por el sacrificio en cruz de Jesús. Jesús deja traspasar sus pies, para que mis pasos se aparten del pecado y se dirijan en pos de Jesús, cargando la cruz, camino al Calvario. ¡Oh Jesús, que mis manos solo obren la misericordia y que mis pasos se encaminen detrás de tu cruz!
Padrenuestro, Avemaría y Gloria.
Jesús, pequé: Ten piedad y misericordia de mí.
Bendita y alabada sea la pasión y muerte de nuestro Señor Jesucristo y los dolores de su santísima Madre, triste y afligida al pie de la cruz.´


12ª Estación: Jesús muere en la cruz.


(De rodillas) V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
R. Pues por tu santa cruz redimiste al mundo.
Meditación: luego de tres horas de larga y dolorosa agonía suspendido en el madero de la cruz, Jesús muere a las tres de la tarde. Con su muerte, ha vencido a los tres grandes enemigos de mi alma: el Pecado, la Muerte y el Demonio. Pero además, con la Sangre de su Corazón, que brotó luego de ser traspasado en la cruz, me concedió la vida nueva, la vida de la gracia, la vida que me hace vivir como verdadero hijo de Dios y no como hijo de las tinieblas. ¡Oh Jesús, crucifícame contigo, para morir al hombre viejo y nacer al hombre nuevo, el hombre que vive la vida de la gracia, la vida de Dios!
Padrenuestro, Avemaría y Gloria.
Jesús, pequé: Ten piedad y misericordia de mí.
Bendita y alabada sea la pasión y muerte de nuestro Señor Jesucristo y los dolores de su santísima Madre, triste y afligida al pie de la cruz.


13ª Estación: Jesús es colocado en brazos de su Madre.


 (De rodillas) V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
R. Pues por tu santa cruz redimiste al mundo.
Meditación: descienden de la cruz el Cuerpo muerto de Jesús y lo colocan en brazos de su Madre, María Santísima. Es tanto el dolor de la Virgen, que de sus ojos brotan tan abundantes lágrimas, que cayendo sobre el Rostro de Jesús, tumefacto, lívido, cubierto de sangre, barro y salivazos, lavan su Rostro y lo dejan casi tan hermoso como cuando estaba vivo. Llora la Madre la muerte de su Hijo y lo ama a tanto, que desearía cambiar su vida por la muerte de Jesús, para Ella morir y Jesús vivir. La causa de la muerte de Jesús son mis pecados y por eso mismo, yo soy la causa de las lágrimas de la Virgen. ¡Nuestra Señora de los Dolores, dame el dolor de tu Inmaculado Corazón; dame las lágrimas de tu amor, para que arrepentido de mis pecados, llore contigo la muerte de tu Hijo Jesús!
Padrenuestro, Avemaría y Gloria.
Jesús, pequé: Ten piedad y misericordia de mí.
Bendita y alabada sea la pasión y muerte de nuestro Señor Jesucristo y los dolores de su santísima Madre, triste y afligida al pie de la cruz.


14ª Estación: Jesús es sepultado.


(De rodillas) V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
R. Pues por tu santa cruz redimiste al mundo.
Meditación: depositan el Cuerpo muerto de Jesús en el sepulcro nuevo de José de Arimatea, quien así demuestra su amor por su Señor. Cuando se cierra la puerta con la piedra, el sepulcro queda en silencio, frío y a oscuras, porque no entra la luz del sol. Es la figura del corazón humano sin Dios: oscuro, frío, sin alabanzas a su Señor. Pero el Domingo de Resurrección, el sepulcro resplandecerá con una luz más intensa que miles de millones de soles juntos: la luz de la gloria del Ser trinitario de Jesús, que glorificará su Cuerpo, resucitándolo para la vida eterna. Es la figura del corazón del hombre que, en gracia, recibe el Cuerpo glorioso de Jesús Eucaristía. ¡Oh Jesús, haz que mi corazón, oscuro y frío como el sepulcro del Viernes Santo, sea resplandeciente por la gracia como el sepulcro el día de la Resurrección, cuando Tú ingreses en él por la Comunión Eucarística!
Padrenuestro, Avemaría y Gloria.
Jesús, pequé: Ten piedad y misericordia de mí.
Bendita y alabada sea la pasión y muerte de nuestro Señor Jesucristo y los dolores de su santísima Madre, triste y afligida al pie de la cruz.

Oración Final:

Te suplico, Señor Jesucristo, por intercesión de tu Madre la Virgen y por el rezo y meditación de tu Santo Via Crucis, que me concedas las gracias que necesito para la salvación de mi alma y la de mis seres queridos y que me acompañes de ahora en adelante en cada momento de mi vida, hasta que me llegue la hora del feliz tránsito a la vida eterna en tu compañía y la de tu Madre Santísima. Amén.

Nuestra Señora de los Dolores, tú que acompañaste a tu Hijo Jesús en el camino del Calvario, acompáñame también a mí para que, muriendo al hombre viejo, pueda nacer a la vida de la gracia, la vida de los hijos de Dios, como anticipo de la vida eterna que por la Misericordia Divina espero gozar en la eternidad. Amén.