Mostrando entradas con la etiqueta familia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta familia. Mostrar todas las entradas

martes, 7 de noviembre de 2023

La Familia, creación de Dios

 



         Cuando nos preguntamos qué es una familia, podemos definirla como una “comunión de personas unidas en el amor”, pero debemos ser un poco más precisos, porque la “comunión de personas”, para se familia, deben ser el “varón-papá”, la “mamá-mujer” y los hijos, sean biológicos o adoptados, que son el fruto del amor de los esposos. Solo así, podemos decir que la familia es comunión de personas -padre-madre-hijos- unidos por el amor -el amor familiar-.

         La familia le pertenece a Dios, porque fue Dios quien la creó; fue Dios quien creó al hombre como varón y mujer y dispuso que el varón, al unirse a la mujer, y la mujer, al unirse al varón, no solo encontraran la felicidad en ese encuentro, sino que el fruto de la felicidad y del amor del varón y de la mujer, unidos en matrimonio, fueran los hijos. Entonces, en un primer momento, el varón y la mujer forman el matrimonio y cuando aparecen los hijos, como fruto del amor que los une, entonces el matrimonio se transforma en familia.

         La familia entonces, como dijimos, pertenece a Dios, porque Él la creó, Él fue quien la ideó en su Sabiduría Divina y Dios creó un solo modelo de familia, el modelo formado por el papá-varón, la mamá-mujer y los hijos frutos del amor de los esposos. Los hombres pueden inventar muchos modelos alternativos de familias, pero solo una es válida ante los ojos de Dios y es la familia que Él creó y que figura en el Génesis: “Dios creó al hombre a su imagen y semejanza, lo creó varón y mujer”. No hay ningún otro modelo de familia agradable a Dios que no sea el que Él mismo creó.

         Otro aspecto a tener en cuenta es que toda familia cristiana debe tener como modelo, como ejemplo, a la Sagrada Familia de Nazareth, formada por San José, por la Virgen y por el Niño Jesús. Los padres varones deben tener por modelo de esposo fiel, dedicado y providente a San José; las mamás mujeres deben tener como modelo de madre y esposa dedicada a su familia, a la Virgen Santísima, la Madre de Dios; los hijos de la familia deben tener como modelo y ejemplo al Hijo de la Familia de Nazareth, Jesús, y tratar de ser como era Él cuando era Niño: amaba a sus padres más que a nada en el mundo, les profesaba un respeto y un cariño enorme, los ayudaba en sus tareas, los acompañaba en todo momento, obedecía siempre con prontitud y alegría.

         La familia debe también tener un altar en el hogar, en donde se encuentren Jesús, la Virgen, San José y los santos católicos de su devoción, para reunir a orar, al menos una vez a la semana y esto porque el centro de la familia no puede ser el televisor o la computadora, porque así la familia se arruina. Solo si la familia tiene como centro a los Sagrados Corazones de Jesús y María, solo así, la familia encontrará lo que Dios tiene para darle: paz, alegría, fortaleza, serenidad, amor, como un anticipo del cielo.

viernes, 18 de octubre de 2019

La familia como iglesia doméstica y su relación con la evangelización


Resultado de imagen de familia

         Los Padres de la Iglesia llamaban a la familia con el título de: “Iglesia doméstica” y en realidad es así, porque el esposo representa a Cristo Esposo; la esposa a la Iglesia Esposa y los hijos, representan a los bautizados.
         Esta característica de la familia católica en cuanto a su naturaleza es muy importante, porque define su función en la sociedad de los hombres y esta función es idéntica a la de la Iglesia Universal: misionar, es decir, comunicar al mundo que Cristo es Dios y es el Único Salvador, que por su muerte y sacrificio en cruz ha derrotado para siempre a las fuerzas del mal: el paganismo, el demonio, el pecado y la muerte.
         Entonces, si la Iglesia Universal misiona, evangeliza, transmite la Buena Noticia de Cristo Dios muerto y resucitado, entonces la familia, que es iglesia doméstica, también debe misionar, evangelizar, transmitir la misma Buena Noticia de Cristo Dios.
         Ahora bien, para poder cumplir su misión según la voluntad de Dios, los miembros de la familia deben hacer oración juntos, para que Cristo esté con ellos, según sus palabras: “Donde dos o más estén reunidos en mi Nombre, allí estoy Yo”. Y además de rezar, los miembros de la familia, iglesia doméstica, deben conocer y vivir los Diez Mandamientos –no basta con saberlos de memoria, sino que hay que vivirlos- de la Ley de Dios, además de los preceptos de la Iglesia; a esto se le suma la tarea de estudiar el Catecismo.
         Sólo así, con oración y formación, la familia, iglesia doméstica, puede pasar a la acción, esto es, la misión. No puede haber misión si antes no hay oración y formación, condiciones indispensables para que el Espíritu Santo actúe en y a través de las familias.
         Así, las familias se santifican a sí mismas y se convierten a su vez en focos de irradiación de santidad divina –según palabras de Juan Pablo II-, santidad que es luz celestial para un mundo que vive en las tinieblas del ateísmo, del materialismo dialéctico y del paganismo.
         Oración, formación, acción-misión, es la clave entonces para que la familia, iglesia doméstica, bajo la guía de María Virgen y del Espíritu Santo, sea la portadora, para el mundo, de la luz de Cristo Dios.

miércoles, 7 de noviembre de 2018

Existe una sola familia creada por Dios: papá-varón, mamá-mujer y los hijos, biológicos o adoptados



         Cuando Dios creó al hombre, lo creó varón y mujer y lo creó de manera tal que el varón encontrara en la mujer su mayor contento y felicidad y viceversa, que la mujer encontrara en el varón su mayor contento y felicidad. Y los creó de tal manera que el varón, al unirse a la mujer por amor, formaran una familia, unida por el amor y en su Sabiduría divina dispuso que el fruto de este amor entre el varón y la mujer, fueran los hijos. Los hijos, entonces, son el fruto del amor de los esposos. El amor de los esposos se hace fecunda y, en cierto modo, se prolonga y perpetúa en los hijos. En esta familia, así formada por Dios, compuesta por el papá-varón, la mamá-mujer y los hijos nacidos de esta unión, el hombre encuentra su máxima dicha y felicidad. Si existiera otro modelo de familia, en el que el hombre pudiera ser más feliz y encontrar una mayor plenitud de vida y amor, Dios la habría creado, porque Dios, que es Amor y Sabiduría infinitas, sólo quiere lo mejor para la creatura que más ama, el hombre. Esto quiere decir que, al no haber otro modelo de familia, el modelo que Dios creó en su Sabiduría y Amor, el formado por el varón, la mujer y los hijos, es el modelo más perfecto de familia. Ningún otro modelo de familia puede suplantar o mejorar el modelo original creado por Dios, formado por el papá-varón, la mamá-mujer y los hijos –biológicos o adoptados-.
         En el mundo de hoy, caracterizado por ser un mundo sin Dios, el ser humano sin Dios ha propuesto y propone, continuamente, diversos modelos de familias –dos papás, dos mamás, hijos procreados artificialmente, etc.-, pero ninguno de estos modelos familiares, ni es agradable a Dios, ni es un modelo en el que el hombre encuentre su plenitud, la realización de su amor y su máxima felicidad. Por este motivo, cualquier modelo de familia que se oponga al modelo original de Dios –papá-varón, mamá-mujer e hijos-, es absolutamente contrario a la felicidad del hombre. El cristiano, por lo tanto, no puede aceptar ninguno de los nuevos “modelos familiares”, nacidos de su pensamiento soberbio y contrarios al Amor de Dios. Si el hombre insiste en imponer sus propios modelos familiares, contrarios al designio divino, sólo encontrará en ellos tristeza, dolor, amargura y muerte. Seamos fieles al proyecto de Sabiduría y Amor de Dios, que ha creado, para la plena realización del hombre, a la familia humana compuesta por el papá-varón, la mamá-mujer y los hijos, frutos del amor esponsal.

viernes, 5 de octubre de 2018

La familia planeada por Dios es solo una


Resultado de imagen para familia
         La familia planeada por Dios es solo una y es la formada por el papá-varón, la mamá-mujer y los hijos, naturales o adoptados. Hoy el hombre ha formado numerosos modelos de familias, pero son todos inventos humanos, anti-naturales y contrarios al plan de Dios. El modelo inventado y deseado por Dios desde toda la eternidad es uno solo y es el único válido, porque Él es el Creador del género humano y sabe qué es lo que le hace falta y lo que necesita el hombre para ser feliz. El varón necesita una mujer; la mujer, un varón; ambos, un hijo; el hijo, necesita un papá-varón y una mamá-mujer. Aun cuando todas las legislaciones del mundo apoyaran los diversos modelos de familias inventados por el hombre, ninguno sería del agrado de Dios y ninguno daría satisfacción plena al hombre.
         Ahora bien, puesto que proviene de Dios, la familia –compuesta por el papá-varón, la mamá-mujer y los hijos- necesitan de Dios, es decir, necesitan estar en comunicación y en unión con Dios. No en vano los Padres de la Iglesia llamaban a la familia “Iglesia doméstica”. La razón por la cual es una Iglesia doméstica es que, al ser creación de Dios, la familia no se entiende sin Dios y esa es la razón por la cual muchas familias entran en crisis en sus diferentes miembros, porque cortan de raíz esta comunicación y unión con Dios. Cuanto más esté la familia unida a Dios, en la fe y en el amor, tanto más recibirá de Él su influjo y su vida divina y tanta más luz y fortaleza de Dios tendrá esa familia. Pero lo opuesto también es realidad y es la razón por la cual las familias se disgregan y sus miembros se dispersan, porque no tienen a Dios en su centro. Para los católicos, la unión con Dios se da por la fe, por el amor y por los sacramentos, de ahí la absoluta necesidad de que la familia frecuente la Iglesia para recibir el influjo vital de la gracia que la Iglesia le comunica a sus miembros por los sacramentos. Una familia sin Dios y sin sacramentos es una familia que se expone a la disolución y a la dispersión de sus miembros. Es de suma importancia, para la familia, esta unión con Dios en la fe y en el amor y esta unión con Dios se da por medio de los sacramentos y por medio de la oración, de ahí que las familias deban congregarse alrededor de un altar en donde se encuentren Jesús Crucificado, la Virgen, San Miguel Arcángel y los santos de mayor devoción de la familia. Una familia que reza unida, permanece unida y se salva unida. Solo cuando la familia vuelva a ser la Iglesia doméstica, en la que todos sus miembros estén unidos a la Trinidad por la fe, el amor y los sacramentos, la familia tendrá la paz y la alegría de Dios.

jueves, 13 de octubre de 2016

La fuente de la paz para matrimonios y familias


         Hoy las familias están acechadas por innumerables problemas: drogas, alcoholismo, violencia, inseguridad, desempleo, etc.
         ¿Por qué fracasan? Las causas de los fracasos matrimoniales-familiares son de orden psicológico-moral y espiritual.
         Causas psicológico-morales:
         Algunas de ellas son:
No hay diálogo entre las personas que componen el grupo familiar, como consecuencia del ritmo de vida que se lleva, o bien por la preeminencia de los medios de comunicación masivos (televisión, internet).
         No hay respeto mutuo entre cónyuges, o bien entre padres e hijos; predominan la impaciencia, la intolerancia, el maltrato, por sobre la paciencia, la mansedumbre y el amor.
         No hay perdón, lo que demuestra soberbia, al igual que el no pedir perdón, es también muestra de soberbia. Cuando un cónyuge comete un error grave –adulterio, alcoholismo, etc.-, es muestra de soberbia no reconocer el error y no pedir perdón, mientras que para el otro cónyuge, es muestra de soberbia el no perdonar, cuando el que se equivocó pidió perdón.
         Muchos de los problemas se originan por dar por supuesto que lo que yo pienso que la otra persona piensa, es verdad, cuando no lo es.
         Se pone el acento en lo que el otro cónyuge hace mal, o no hace, o deja de hacer, en vez de valorar lo positivo; del otro lado, hay decidia en cumplir los deberes esponsales. Frente a un problema, se busca siempre culpabilizar al otro, sin asumir nunca la propia parte de culpa pero, sobre todo, no se busca hacer las tareas en común, es decir, en vez de intentar solucionar el problema entre dos, se pone en la actitud de juez del otro.
         Causas espirituales:
         Importan las causas psicológico-morales, pero el 99% de los fracasos matrimoniales y familiares tiene una sola causa: lo que falla es el fundamento o basamento espiritual, es decir, la vida espiritual de los esposos y los integrantes de la familia, la cual es extremadamente débil o, peor aún, inexistente.
         A estos núcleos familiares se les aplica la parábola de la casa construida sobre arena (cfr. Mt 7, 24) y no sobre roca, puesto que la Roca es Cristo y si el edificio espiritual de los cónyuges, del matrimonio y de la familia, no es Jesucristo, entonces bastan los vientos de las tribulaciones y las inundaciones de los problemas cotidianos, para que la familia se venga abajo.
         Esto sucede cuando los esposos no recurren a la gracia del sacramento del matrimonio, desaprovechando así el tesoro de gracias inagotables que ofrece este sacramento. Es como si el gerente del banco nación me diera la llave de la caja fuerte para que saque todo el dinero, pero en vez de usarla a la llave, la dejo de lado.
         Esa llave es:
         Oración entre los esposos  y con los hijos.
         Vida sacramental: confesión y comunión frecuentes.
         Eucaristía dominical.
         De esta manera, se aprovecha el tesoro infinito de gracias que en sí contiene el matrimonio sacramental, gracia la cual no solo hace prácticamente imposible toda desavenencia, toda discordia, todo malentendido, sino que concede a los esposos y a las familias la paz de Dios, la alegría de Dios, la fortaleza de Dios, la sabiduría de Dios.
         En la gracia sacramental del matrimonio, están contenidas absolutamente todas las gracias necesarias para que el matrimonio y la familia afronten todas las tribulaciones que puedan sobrevenir, con fortaleza, alegría, paciencia, sabiduría, además de conceder a los integrantes de la familia la humildad, la mansedumbre y el amor, consecuencias directas del reinado de la gracia de Jesucristo en los corazones.

         Preguntas para trabajar en grupo:
         ¿Cuáles son los peligros que acechan a las familias en nuestros días?
         ¿Cuáles son las causas de los fracasos matrimoniales y de las crisis familiares?
         ¿Cuáles son las causas psicológico-morales?
         ¿Cuáles son las causas espirituales?
         ¿Con qué parábola ilustra Jesús a quienes construyen sus vidas sin el fundamento de la fe?
         ¿Con qué ejemplo se puede ilustrar la ausencia de la gracia sacramental en la familia y el matrimonio?
         ¿De qué manera se puede sacar provecho al sacramento del matrimonio?
        

         

viernes, 13 de marzo de 2015

La oración es la fortaleza de la familia


         ¿Qué es lo que hace fuerte a una familia? Hay familias que ponen sus fortalezas en diversas cosas, como por ejemplo, alianzas matrimoniales, y es así como muchos, en la nobleza, se casan por conveniencia, para fortalecer sus títulos nobiliarios y acrecentar sus fortunas; otros, no tan nobles, pero deseosos también de aumentar sus fortunas, entablan alianzas matrimoniales sólo por conveniencia financiera, porque las respectivas familias tienen dinero y posesiones materiales; otros, ponen su confianza y fortaleza en la fama; otros, en la belleza; otros, en los talentos; otros, en la inteligencia; y así, hay familias en las que se destacan futbolistas, músicos, científicos, artistas.
         Estas familias depositan su confianza y fortaleza en talentos humanos.
         Pero todas estas cosas son efímeras, pasajeras, porque hoy están y mañana no; hoy están y mañana desaparecen. Una familia, que hoy es conocida porque tiene a un futbolista muy famoso y reconocido, multimillonario, que sale en televisión todos los días –y que por eso es una familia muy fuerte-, de la noche a la mañana, puede dejar de serlo, porque ese futbolista, o se muere, o se enferma gravemente, o por el motivo que sea, deja de jugar al fútbol, y así, lo que había sido el motivo de su fuerza humana, en segundos, se viene abajo.
         Así sucede con las realidades humanas: todo pende de un hilo, y ese hilo lo sostiene Dios con su poder, con su omnipotencia divina.
         Los humanos ponemos nuestra confianza y nuestra fuerza en seguridades humanas y creemos que todo funciona porque somos nosotros, los seres humanos, los que hacemos que las cosas funcionen. Pensamos que somos el motor del universo, y no nos damos cuenta de que el Motor del universo es Dios Uno y Trino y que ninguna de nuestras seguridades humanas es segura, si Dios no las asegura.
         Lo mismo pasa con la familia: la fortaleza de la familia no está en los lazos de sangre, ni en alianzas de conveniencia, en pactos por dinero, ni en seguros contra terceros: la fortaleza de la familia está en Dios y a Dios se llega por la oración y el ejemplo y modelo y camino de oración es Jesús en la cruz.
         Jesús en la cruz es ejemplo y modelo de oración para la familia, porque la oración de Jesús crucificado es la oración perfecta, porque es la oblación de Sí mismo como Víctima Pura y Santa, que expía los pecados del mundo y dona, con su Sangre derramada y su Cuerpo entregado, la gracia santificante que nos perdona los pecados y nos concede la filiación divina.
         Jesús en la cruz es el Camino de oración para la familia, porque nadie va al Padre sino por Jesús, el Unigénito, que en la cruz extiende sus brazos para donarnos el Espíritu Santo, el Espíritu que nos hace ser hijos de Dios y nos hace exclamar “Abbá”, es decir, “Padre”.
         Es entonces la oración y solo la oración la que hace fuerte a la familia, y la oración a Cristo crucificado, en Cristo crucificado, con Cristo crucificado, y es la razón por la cual en ninguna familia debe faltar el crucifijo –ni Jesús sin la cruz, ni la cruz sin Jesús-, que nunca debe ser un adorno, lo cual constituiría un agravio, sino un lugar de elevación del alma a Dios, es decir, un lugar de oración, de encuentro del alma con el Padre, por Cristo, en el Espíritu.
         Y si Jesús crucificado es el Camino que nos conduce al Padre, la Virgen al pie de la cruz es quien nos conduce a su Hijo Jesús, porque así como nadie va al Padre sino lo conduce el Hijo, así también es cierto que nadie va al Hijo sino lo conduce la Madre.
         La oración es la fortaleza de la familia, y es la oración ante el crucifijo, pero es también la oración que es la Santa Misa, porque en la Santa Misa, Jesús no está representado en su sacrificio, como en el crucifijo, sino que renueva, en la realidad, su Santo Sacrificio de la cruz, de modo sacramental e incruento, de manera que si ante el crucifijo se hace oración ante una representación pictórica de Jesucristo, en la Santa Misa se hace oración ante Jesucristo crucificado en la realidad, que entrega su Cuerpo en la Eucaristía y derrama su Sangre en el cáliz.

         La familia que reza a Jesús en la cruz y en la Misa, es verdaderamente fuerte, con la fortaleza misma de Dios.

sábado, 27 de octubre de 2012

¡Para toda la vida! El matrimonio, para que el amor dure para siempre


La familia constituida por papá-varón, mamá-mujer, e hijos, no es algo artificial, ni depende de la religión o de la cultura, ya que sus características son ancestrales.

-Matrimonio
            ¿Para qué casarse? Muchos se casan y se separan o divorcian al poco tiempo.
            No da lo mismo casarse que no casarse. Además, el hecho de que muchos se casen y al poco tiempo decidan separarse y/o divorciarse, no dice nada en contra del matrimonio. Casarse quiere decir planear juntos un proyecto de vida y amor y estar dispuestos a llevarlo a cabo hasta el fin, lo cual necesita un amor fuerte, de esposos, sellado con el matrimonio. El matrimonio es como la “garantía” de que los esposos se aman tanto, que no dejarán solo al otro en ese proyecto común. La separación no es nunca un bien en sí mismo sino un mal menor, que en muy contados casos se puede tolerar; el divorcio, por el contrario, no es nunca aceptable. En todo caso, la separación puede y debe evitarse, y para ello, los esposos deben recurrir, a tiempo, a especialistas (terapeutas especializados en matrimonios, psicólogos, sacerdotes, etc.) que puedan ayudarlos a superar las desavenencias.

            La única diferencia entre las relaciones pre-matrimoniales y las del matrimonio, es que unos no están casados, y otros sí. Da lo mismo estar o no estar casados para tener relaciones, porque lo único que los diferencia es una ceremonia religiosa y un papel firmado por ambos.
            El placer erótico y sexual se justifica sólo cuando dos personas se aman tanto que deciden convertirse en esposos. Sólo entre esposos unidos en matrimonio, la relación sexual comunica el amor que cada uno siente por el otro, además de abrirse a la vida, a la aparición de un hijo, que va a ser el fruto de ese amor. Por todo esto, el matrimonio, que “hace posible” las relaciones sexuales entre el varón y la mujer, es algo profundo que va más allá de la ceremonia religiosa y que de ninguna manera se limita a un papel firmado por los cónyuges: implica un compromiso vital, basado en un amor profundo y verdadero, todo lo cual se encuentra ausente en las relaciones pre-matrimoniales.

            Hay muchos que viven juntos y se llevan bien, sin casarse por la Iglesia. El matrimonio no hace falta, ya que en el fondo no es más que una costumbre que viene de épocas pasadas, pero que ha perdido validez para el mundo de hoy.
En el mundo moderno de hoy, en muchos ámbitos se considera difícil o incluso imposible vincularse a una persona por toda la vida, e incluso se va todavía más allá, al burlarse abiertamente de los esposos que se comprometen a la mutua fidelidad como garantía de la indisolubilidad del matrimonio.
Pero el matrimonio con sus características ancestrales –indisolubilidad y fidelidad-, al tiempo que se corresponde a las exigencias de felicidad de los cónyuges –lo cual no se da en las llamadas “uniones libres”-, no puede nunca “pasar de moda” ni quedar “perimido”, puesto que se estas características se encuentran enraizadas en la misma naturaleza del varón y de la mujer, que exige la donación personal y total de los cónyuges para el alcanzar la felicidad propia y la de los hijos.

-Familia
            ¿Es verdad que la familia humana tal como la hemos conocido hasta hace poco, es decir, la formada por el padre, la madre y los hijos, es sólo una “construcción cultural” y que como tal puede y debe ser reemplazada por las modernas “familias”, compuestas por las más diversas combinaciones?
Un niño en gestación, que “viene en camino”, tiene muchos “derechos humanos”; el primero de todos, es el derecho a vivir, derecho básico puesto que sin este, como es obvio deducir, no existe ningún otro. Pero también tiene otros derechos, y entre ellos, figura el derecho a ser concebido como fruto del amor esponsal entre el varón y la mujer, y derecho a ser educado bajo la guía y el modelo de un padre y de una madre. Cualquier otra opción alternativa a este modelo, significa desconocer el derecho del niño y exponerlo a su vez a interrogantes que le surgirán con el tiempo, frente a los cuales no tendrá respuestas, generándole crisis de angustia existencial.

-Hijos
            En la televisión y en los medios de comunicación se ven, cada vez con más frecuencia, que muchos matrimonios, que no pueden tener hijos, recurren a las técnicas de laboratorio, como la Fecundación in vitro, o también recurren al alquiler de úteros. Si quieren tener un hijo de esa manera, ¿por qué prohibírselo?
            Todo ser humano tiene derecho a nacer en el seno de una familia, como producto del amor de sus padres, manifestado en el acto conyugal. Se vulnera este derecho cuando el hijo por nacer es concebido “accidentalmente” porque lo que se buscaba en esa relación que lo engendró era el placer y no una nueva vida humana. La dignidad intrínseca de toda persona humana exige el ser concebido en el seno de una familia.
Cualquier otra opción vulnera este derecho humano, por otra parte, básico y elemental, del niño por nacer. Otro elemento, no menos importante, que lleva a rechazar técnicas artificiales de fecundación (Fecundación in vitro, por ejemplo), es que en la realización de dichas técnicas, para lograr uno, dos o tres embriones viables, deben “descartarse” varios considerados “inviables”.

¿Qué sucede con los embriones que no se descartan?
A aquellos a los que no se los descarta, están destinados, en el mejor de los casos, a ser congelados, siempre por un tiempo limitado, puesto que luego de un período deben ser desechados. Oros embriones se destinan a la experimentación científica al ser considerados “tejidos biológicos” y no seres humanos en gestación. Todo esto hace inaceptable el recurso a estas técnicas artificiales de concepción, puesto que el fin -el hijo- no justifica nunca los medios -eliminar, descartar, desechar, congelar a los embriones que no fueron seleccionados-.



lunes, 1 de octubre de 2012

¿Pienso casarme? Me pongo de novio



El noviazgo es la etapa del mutuo conocimiento y del mutuo respeto, necesarios para pasar a la siguiente etapa, el matrimonio. Sólo si es vivido en la castidad, la continencia y el pudor, permite la construcción de un proyecto de vida y amor en común.

El noviazgo, tiempo para conocer al ser que amo

            Muchos jóvenes, de entre 12 a 17 años, están de novios. Algunos, comenzaron con el noviazgo desde muy chicos, a los 10 u 11 años. ¿Qué hago? ¿Me puedo poner de novio?
            Para saber qué hay que hacer, tenemos primero que saber qué es el noviazgo. El noviazgo es una etapa de la vida en la que dos personas de distinto sexo, varón y mujer, se enamoran y se sienten atraídos el uno por el otro de un modo muy especial y muy fuerte. Esta atracción, fruto del amor, es tan fuerte, que ambos se preguntan si será posible vivir juntos y para siempre.
            Es decir, el noviazgo es el tiempo en el que el varón y la mujer se conocen el uno al otro, ante todo desde el punto de vista espiritual y afectivo, para saber si compartirán juntos el resto de sus vidas. Ambos se quieren tanto, que planifican juntos el matrimonio y los hijos. Ponerse de novios quiere decir entonces conocer a la otra persona, teniendo en mente el matrimonio y los hijos.
            De esto vemos que pueden ponerse de novios solo aquellos que estén en condiciones de madurez afectiva, emocional, psicológica y espiritual, para formar un matrimonio y luego una familia.
            Nada de eso ocurre para el ser humano antes de los 18 años. Teniendo en cuenta lo que dijimos, hacemos esta pregunta: los niños y jóvenes de entre 10 y 17 años, ¿están capacitados para afrontar el desafío que significa unirse en matrimonio y luego formar una familia con hijos?  


            Muchos dicen que ponerse de novios ya no hace falta; ahora, lo que importa, es que dos personas gusten el uno del otro; si quieren, se van a vivir juntos por un tiempo, y cuando la relación no da para más, se separan y listo.
            Si dos personas se quieren y, más que quererse, se aman tanto que planean vivir juntos, no pueden dejar de pasar por la enriquecedora etapa del noviazgo. “Saltearse” la época de ser novios quiere decir dejar de lado algo que, en el futuro matrimonio, tendrá mucha importancia, porque el matrimonio puede decirse que es como un noviazgo perfecto, tan perfecto, que convierte a los novios en esposos. Tomar la decisión de iniciar una convivencia sin pasar por el noviazgo y, todavía más, sin una verdadera intención de formar un futuro matrimonio, es un grave error que puede costar todo el proyecto de vida.
            ¿Por qué la convivencia podría costar todo el proyecto de vida?
            Por que el noviazgo siempre será necesario para el varón y la mujer que quieran donarse el uno al otro. Para poder hacer este don, los futuros esposos deben conocerse, y para esto es el tiempo de “ser novios”: para saber cómo es el otro, cuáles son sus gustos –y cuáles son las cosas que no le gustan-, sus ideales de vida, sus exigencias, etc.
Y tiene que ser así, para que el matrimonio “funcione” luego y marche sobre carriles: si sé qué es lo que le gusta a mi futuro cónyuge, me esforzaré por darle siempre el gusto y así demostrarle mi amor, porque “el que ama desea el bien del ser amado”. Y al contrario, si sé qué es lo que no le gusta, lo evitaré, sólo para evitarle un disgusto o un mal momento. Pero para “saber” todas estas cosas, es necesario un tiempo de “ser novios”, una “escuela de amor”, en donde “aprenderé” a conocer a quien amo y con quien deseo compartir el resto de mi vida, formando una familia.


            Y si los novios no conviven, pero se aman tanto que deciden tener relaciones sexuales antes del matrimonio, ¿qué hay de malo en eso? ¿No es acaso una forma de demostrar el amor?
            Primero, no hay que confundir sexo con amor. El amor es algo grandioso, que va mucho más allá del sexo. Las relaciones pre-matrimoniales, al contrario de lo que parecen, no están motivadas por un amor verdadero y, lejos de ser “muestra de amor”, son muestra de verdadero egoísmo. El verdadero noviazgo, el noviazgo que es “escuela de amor”, combate el egoísmo y lleva a que los novios se respeten en sus cuerpos y se abstengan hasta el matrimonio. El motivo es que sólo así se guardarán el uno para el otro, para entregarse a sí mismos, sin reservas, en el matrimonio. Fuera del matrimonio, la relación sexual no lleva a la donación total, porque siempre hay una “reserva” egoísta, siempre hay un “todavía no”: “todavía no” el hijo, y por eso hay que usar anticonceptivos o preservativos. Y en el fondo, este “todavía no” es, en realidad, un “todavía no te amo lo suficiente como para que seas mi esposa”.


            Se dice que las relaciones pre-matrimoniales son signo de egoísmo y de inmadurez ¿Por qué?
            Porque en estas relaciones, o bien se evita el hijo (en eso consiste el egoísmo), o el hijo viene de manera inesperada, o aun si se lo espera, no se cuenta con una familia unida para darle todo lo que su dignidad de persona exige (en esto consiste la inmadurez).
            Si no convivimos, y si no tenemos relaciones sexuales, ¿qué pasa con la atracción sexual? ¿Hay que esperar hasta el matrimonio?
            Es cierto que los novios son novios, o sea, no son hermanos y tampoco son simples amigos, y por lo tanto, tienen que haber demostraciones de afecto “propias de novios”, que no están presentes en otras relaciones, como la simple amistad (caricias, por ejemplo). Ahora bien, para que puedan existir estas demostraciones, los novios tienen que ser, en primer lugar, “verdaderos novios”, o sea, tener en mente la perspectiva del matrimonio, además de haber otras cosas como ser una relación fiel y estable, edad adecuada, situación laboral y/o profesional, mutuo conocimiento, etc. Sólo si se dan estas condiciones, ¡bienvenidas las manifestaciones de afectos entre los novios! Pero aquí también los novios deben darse cuenta que todavía no son esposos, entonces no pueden hacer lo que hacen los esposos, y además, que son exigencias del amor verdadero la castidad en la continencia y el pudor.


            Si las relaciones sexuales son solo para el matrimonio, ¿quiere decir que el matrimonio autoriza a los esposos a tener todo tipo de relaciones?
            El hecho  de ser esposos no autoriza a una sexualidad desenfrenada. Si la sexualidad no es expresión de la unión en el amor, abierta a la vida, entonces no es auténtica.  Los esposos deben realizar el acto conyugal según el orden y la función de los órganos sexuales dado por la Naturaleza, que es sabia. ¿A alguien se le ocurriría ingerir alimentos por la nariz o por los oídos?



 Preguntas para trabajo personal y/o grupal
¿Qué quiere decir “noviazgo”?
¿Por qué la convivencia está mal?
Y si no se convive,
¿por qué no se pueden tener relaciones,
si los novios dicen que se quieren?
¿Qué características tiene el amor de novios?