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sábado, 17 de septiembre de 2016

El perdón en el matrimonio


         Antes de considerar el perdón en el matrimonio, de modo particular, podemos reflexionar acerca del perdón en general, desde la perspectiva del Antiguo y del Nuevo Testamento.
         En la Biblia el pecador es presentado como un deudor cuya deuda Dios condona (Núm 14, 19) de modo tan eficaz, que Dios ya no ve el pecado, puesto que este queda como “echado atrás” de Él (Is 38, 17), como quitado (Éx 32, 32), expiado, destruido (Is 6, 7)[1].
         Cuando se considera la pecado desde el punto de vista jurídico y humano, el perdón no se justifica: el Dios santo debe revelar su santidad por su justicia (Is 5, 16) y descargarla sobre los que lo desprecian (5, 24). ¿Cómo podría contar con el perdón la esposa infiel a la Alianza, ya que ni siquiera se ruboriza frente a su infidelidad (Jer 3, 1-5)? Pero el corazón de Dios no es el del hombre, y el santo no gusta de destruir (Os 11, 8ss): lejos de querer la muerte del pecador, quiere su conversión (Éx 18, 23) para poder prodigar su perdón; porque sus caminos no son nuestros caminos y sus pensamientos rebasan nuestros pensamientos en toda la altura del cielo (Is 55, 7ss).
         Esto es lo que hace tan confiada la oración de los salmistas: Dios perdona al pecador que se acusa (Sal 32, 5); lejos de querer perderlo (Sal 78, 38); lejos de despreciarlo, lo re-crea, purificando y colmando de gozo su corazón contrito y humillado (Sal 51, 10-14); fuente abundante de perdón, Dios es un padre que perdona todo a sus hijos (Sal 103, 8-14). Después del exilio no se cesa de invocar al “Dios de los perdones” (Neh 9, 17) y “de las misericordias” (Dan 9, 39), siempre pronto a arrepentirse del mal con el que ha amenazado al pecador, si éste se convierte (Jl 2, 13); Jonás queda desconcertado al ver que este perdón se ofrece a todos los hombres (Jon 3, 10).
         En el Nuevo Testamento, Jesús ha venido a “traer fuego sobre la tierra”, pero es el Fuego del Amor de Dios; no ha sido enviado como juez, sino como Salvador (Jn 3, 17). Invita a la conversión a todos los que la necesitan (Lc 5, 32) y suscita esta conversión (Lc 19, 1-10), revelando que Dios es un Padre que tiene gozo en perdonar (Lc 15) y cuya voluntad es que “nada se pierda” (Mt 18, 12ss). Jesús no solo anuncia este perdón, sino que además lo ejerce y testimonia con sus obras que dispone de este poder, propio de Dios, perdonando, por ejemplo, los pecados del hombre paralítico llevado en camilla ante Él (Mc 2, 5-11; Jn 5, 23).
         Cristo corona su obra obteniendo a los pecadores el perdón de su Padre. Ora (Lc 23, 34) y derrama su Sangre en la Pasión y en la Cruz (Mc 14, 24) en remisión de los pecados (Mt 26, 28). Verdadero Siervo de Dios, justifica a la multitud cuyos pecados carga (1 Pe 2, 24), pues es el Cordero de Dios que quita los pecados del mundo. Por su Sangre derramada en su Pasión y en la Cruz, somos purificados, lavados de nuestras faltas (1 Jn 1, 7) (1 Jn 1, 7; Ap 1, 5).
         Cristo, usando el mismo vocabulario que en el Antiguo Testamento, subraya que la condonación o remisión es gratuita y el deudor insolvente (Lc 7, 42; Mt 18, 25ss). La predicación primitiva tiene por objeto, al mismo tiempo que el don del Espíritu, la remisión de los pecados, que es su primer efecto (Lc 24, 47; Hech 2, 38). Otras palabras, como purificar, lavar, justificar, aparecen en los escritos apostólicos que insisten en el aspecto positivo del perdón, reconciliación y reunión.
         El perdón de Dios, en el Nuevo Testamento, se hace concreto en la cruz de Cristo: el hombre mata al Hijo de Dios, pero Dios no responde con su estricta Justicia, como debería, sino con Misericordia, porque en la misma efusión de sangre provocada por los golpes de los hombres, se produce la efusión del Espíritu Santo. El hombre atraviesa el Corazón del Hombre-Dios con una lanza de hierro, y Dios atraviesa el corazón del hombre con un dardo de Amor, el Espíritu Santo.
         Dios Padre nos perdona en Cristo, y como debemos imitar a Dios Padre para ser perfectos, como lo dice Jesús –“Sed perfectos, como mi Padre es perfecto”-, entonces también debemos perdonar en Cristo, como el Padre nos perdonó en Cristo. El cristiano que perdona en Cristo –no por motivos humanos, ni por el paso del tiempo, ni porque tiene buen corazón-, imita por lo tanto a Dios Padre, que en Cristo nos perdona.
         Ahora bien, si el perdón exige, de parte del que perdona, la imitación y participación del perdón de Cristo, también exige, en el que es perdonado, el arrepentimiento que, cuanto más perfecto, mejor, lo cual implica el cese de la conducta que es ofensiva (infidelidad, violencia, alcoholismo).
         Al momento de tratar el perdón, los cónyuges no pueden, de ninguna manera, soslayar el perdón en Cristo.




[1] Cfr. X.-León-Dufour, Vocabulario de Teología Bíblica, voz “perdón”, 680ss.

sábado, 13 de agosto de 2016

Por qué no da lo mismo casarse o no casarse por la Iglesia


         ¿Con qué se puede comparar al sacramento del matrimonio?
         Lo podemos comparar con una fuente de agua cristalina y fresca en medio de un desierto que refresca y salva de una muerte segura a quien atraviesa el desierto: los esposos que se unen en matrimonio, son aquellos que, en su travesía por el desierto de la vida, pueden beber y refrescarse de las aguas cristalinas y puras del manantial de vida eterna que es Jesucristo, el Hombre-Dios. El agua representa la gracia santificante que fortalece a los esposos para que puedan no solo permanecer unidos, sino permanecer unidos en el amor y no en el mero amor humano, sino en el Amor santo, puro, casto, fiel, celestial, de Cristo, Esposo de la Iglesia Esposa. Es esta participación al Amor de Cristo Esposo, lo que hace que el matrimonio sea perfecto: uno, indisoluble, abierto a la vida, así como es el amor de Cristo por su Iglesia. Por la gracia sacramental, los esposos se vuelven capaces de vivir cristianamente su amor esponsal, y esto quiere decir que, por la gracia, los esposos no buscan simplemente “ser buenos” en el matrimonio, sino que buscan, por medio del matrimonio, vivir un camino de santidad, un camino que los lleve a los dos a un Amor perfecto, el Amor que se vive en el Reino de los cielos.
         Además, por el sacramento del matrimonio, se hacen partícipes de los desposorios místicos entre Cristo Esposo y la Iglesia Esposa, convirtiéndose así en una prolongación, ante el mundo y los hombres, el esposo terreno, de Cristo Esposo y la esposa terrena, de la Iglesia Esposa. De esta manera, quienes vean a los esposos cristianos, deben ver en ellos no a un simple matrimonio, sino a Cristo en el esposo y a la Iglesia en la esposa. Así como Cristo da su vida por su Esposa la Iglesia en el Calvario por amor, así el esposo terreno por su esposa, y así como la Iglesia ama con amor puro, santo, exclusivo, a su Esposo Cristo en la cruz, así la esposa terrena a su esposo. Esto se debe a que, desde que reciben el sacramento del matrimonio, los esposos católicos están obligados a vivir en el amor de Cristo Esposo por su Iglesia –y del amor de la Iglesia por su Esposo, Cristo- y de ser un testimonio de ese amor ante los hombres y la sociedad.
         De este manantial de gracias que es el matrimonio sacramental se derivan también los dones para los hijos, es decir, cuando el matrimonio se convierte en familia. No da lo mismo que los hijos crezcan sin conocer ni amar a Jesús y a la Virgen, a que sí lo hagan. Y cuando surjan las tribulaciones y los problemas, tanto en el matrimonio como en la familia, no solo encontrarán siempre las gracias más que suficientes para sobrellevar todo tipo de crisis -así como en los momentos de paz y de amor, se verán también no solo reforzados, sino llevados a una paz y amor que proviene del mismo Dios-, sino que recibirán la gracia para transformarse en una familia santa, a imagen de la Sagrada Familia de Jesús, María y José.
         Estas son algunas de las razones por las cuales no da lo mismo, en absoluto, casare o no casarse por la Iglesia.

         

viernes, 11 de enero de 2013

El embarazo adolescente interrumpe todos los proyectos


A nadie le conviene ser padres antes de tiempo

Hay programas de televisión que muestran el embarazo adolescente como algo “fácil de superar”, “normal”, e incluso “divertido”. Sin embargo, en la vida real, el embarazo adolescente representa una situación dramática que cambia radicalmente la vida de las jóvenes: dejan de asistir al colegio, deben posponer o suspender definitivamente planes a futuro, como el estudio de una carrera en la universidad, debe comenzar a pensar en la alimentación y vestimenta del niño en gestación, etc. ¿Qué podemos decir a quienes sostienen que lo único ‘anormal’ en el embarazo adolescente es el hecho de ser la madre muy joven?
La situación denominada “Embarazo adolescente” –afrontar un embarazo no deseado en la adolescencia- confirma lo que decimos acerca de lo inoportunas que son las relaciones pre-matrimoniales: la adolescencia es la época del ser humano en donde se adolece de madurez psicológica, física, corporal, espiritual, y por lo tanto, iniciar relaciones en esta época de la vida, lleva a situaciones que no pueden ser afrontadas por los jóvenes, como el embarazo. En este momento de la vida, la llegada de un hijo inesperado conduce muchas veces a tomar caminos equivocados, muy dolorosos, que solo agravan el problema inicial, como por ejemplo, el aborto. Por lo tanto, tener relaciones antes de los 18 años, quiere decir hacer algo para lo que no se tiene capacidad. La llegada de un hijo debe producirse en el ámbito del matrimonio, único “lugar” en el que se dan las condiciones necesarias para ser recibido como su dignidad de persona humana se lo reclama.

El embarazo adolescente frustra los proyectos de la joven,
Pues el niño es inesperado.
El niño tiene derecho a nacer en el seno del matrimonio,
como fruto del amor de los esposos, 
y no como "accidente" de pasiones sin control.

El embarazo adolescente se produce cuando se tiene una relación sexual “sin protección”. Para prevenirlo, basta acudir a la “píldora del día después”.
Ante todo, hay que saber que la “píldora del día después” no solo tiene efecto anticonceptivo, sino también abortivo, porque no deja que anide el ovocito, en caso de haber sido fecundado. Pero el problema no es sólo la “píldora”, sino la relación en sí misma, ya que en la edad adolescente, y fuera del matrimonio, no tiene sentido de ser, porque es una falsificación del verdadero amor.
Muchas adolescentes, aconsejadas por los médicos, consumen la píldora. ¿Tiene algún efecto colateral?

La “píldora del día después”, puesto que es un producto de alto contenido hormonal que actúa alterando el ciclo menstrual de la mujer, provoca en esta numerosos efectos secundarios, como dolor de cabeza, vómito, mareos, sensibilidad en los senos, fatiga, y también, aunque con menos frecuencia, dolores fuertes en abdomen, pecho y piernas, visión borrosa y problemas respiratorios. Es un error pensar que si la adolescente tiene edad suficiente para quedar embarazada tiene también edad suficiente para recibir anticonceptivos.
¿Qué se le puede decir a una joven que ha tomado esta pastilla?
Habría que decirle no solo que no vuelva a tomar la pastilla, sino que no vuelva a tener relaciones, y que espere hasta que encuentre a una persona que la ame lo suficiente como para respetarla y estar dispuesta a compartir la vida con ella. A las adolescentes les falta madurez psíquica y preparación para entregarse a un hombre, distorsionan su desarrollo afectivo y les puede impedir vivir un amor auténtico (lo mismo les sucede a los adolescentes varones). Por otra parte, la píldora lo que hace, en todo caso, es aumentar la promiscuidad sexual, al difundir la creencia equivocada de que se puede “disfrutar” del “placer sexual” practicando un “sexo seguro”.
¿Hay datos científicos contra la “píldora del día después”?
Las estadísticas dicen que, contrariamente a lo que se busca, la “píldora del día después” lo único que hizo fue hacer aumentar enormemente el embarazo entre los 16 y 19 años, además de hacer crecer el aborto y las enfermedades de transmisión sexual. Para darnos una idea, de cada 18.000 adolescentes menores de 19 años que quedan embarazadas cada año en España, 7.000 deciden “interrumpir la gestación” (abortar), y de estas, 800 tienen entre 11 y 15 años. ¿No es una irresponsabilidad, no solo estar embarazada a esa edad, sino dar tantas hormonas a niñas sanas, y además “interrumpir el embarazo”?

Si el “sexo seguro” practicado con la “píldora del día después” no previene el embarazo adolescente, sino lo aumenta; ¿qué método se puede usar?

Está demostrado con estadísticas que la única forma de disminuir los embarazos adolescentes es con programas de educación sexual basados en la abstinencia.

*-Adopción
Es una realidad cotidiana que un gran número de países han legislado a favor de la adopción de niños por parte de los llamados “matrimonios igualitarios”. ¿Qué pensar respecto a esta situación?
Cuando los esposos se convierten en padres, ven en el hijo el fruto de su amor esponsal, al tiempo que adquieren una nueva responsabilidad, al convertirse su matrimonio en familia. Sin embargo, cuando la procreación no es posible, no por esto pierde su valor la vida conyugal, ni tampoco los esposos pierden la posibilidad de convertirse en padres. La esterilidad física puede dar ocasión a los esposos de ser padres por medio de la adopción. Por medio de la adopción los esposos, al tiempo que se convierten en padres –aunque no biológicos, pero no por eso dejan de ser verdaderos padres de los niños adoptados-, proporcionan al niño uno de los derechos básicos de todo ser humano: el de tener un padre varón y una madre mujer en la cual reflejarse para poder crecer, madurar, y afrontar la aventura de vivir.

 Preguntas para trabajo personal y/o grupal
-¿Qué es el embarazo adolescente?
-¿Por qué no se puede tomar la “píldora del día después”?
-Si una adolescente ya tomó la píldora,
¿qué hay que decirle?
-¿Cuál es el único método eficaz
para prevenir el embarazo adolescente?
¿Cuáles son los derechos básicos de un niño que es adoptado?

sábado, 27 de octubre de 2012

¡Para toda la vida! El matrimonio, para que el amor dure para siempre


La familia constituida por papá-varón, mamá-mujer, e hijos, no es algo artificial, ni depende de la religión o de la cultura, ya que sus características son ancestrales.

-Matrimonio
            ¿Para qué casarse? Muchos se casan y se separan o divorcian al poco tiempo.
            No da lo mismo casarse que no casarse. Además, el hecho de que muchos se casen y al poco tiempo decidan separarse y/o divorciarse, no dice nada en contra del matrimonio. Casarse quiere decir planear juntos un proyecto de vida y amor y estar dispuestos a llevarlo a cabo hasta el fin, lo cual necesita un amor fuerte, de esposos, sellado con el matrimonio. El matrimonio es como la “garantía” de que los esposos se aman tanto, que no dejarán solo al otro en ese proyecto común. La separación no es nunca un bien en sí mismo sino un mal menor, que en muy contados casos se puede tolerar; el divorcio, por el contrario, no es nunca aceptable. En todo caso, la separación puede y debe evitarse, y para ello, los esposos deben recurrir, a tiempo, a especialistas (terapeutas especializados en matrimonios, psicólogos, sacerdotes, etc.) que puedan ayudarlos a superar las desavenencias.

            La única diferencia entre las relaciones pre-matrimoniales y las del matrimonio, es que unos no están casados, y otros sí. Da lo mismo estar o no estar casados para tener relaciones, porque lo único que los diferencia es una ceremonia religiosa y un papel firmado por ambos.
            El placer erótico y sexual se justifica sólo cuando dos personas se aman tanto que deciden convertirse en esposos. Sólo entre esposos unidos en matrimonio, la relación sexual comunica el amor que cada uno siente por el otro, además de abrirse a la vida, a la aparición de un hijo, que va a ser el fruto de ese amor. Por todo esto, el matrimonio, que “hace posible” las relaciones sexuales entre el varón y la mujer, es algo profundo que va más allá de la ceremonia religiosa y que de ninguna manera se limita a un papel firmado por los cónyuges: implica un compromiso vital, basado en un amor profundo y verdadero, todo lo cual se encuentra ausente en las relaciones pre-matrimoniales.

            Hay muchos que viven juntos y se llevan bien, sin casarse por la Iglesia. El matrimonio no hace falta, ya que en el fondo no es más que una costumbre que viene de épocas pasadas, pero que ha perdido validez para el mundo de hoy.
En el mundo moderno de hoy, en muchos ámbitos se considera difícil o incluso imposible vincularse a una persona por toda la vida, e incluso se va todavía más allá, al burlarse abiertamente de los esposos que se comprometen a la mutua fidelidad como garantía de la indisolubilidad del matrimonio.
Pero el matrimonio con sus características ancestrales –indisolubilidad y fidelidad-, al tiempo que se corresponde a las exigencias de felicidad de los cónyuges –lo cual no se da en las llamadas “uniones libres”-, no puede nunca “pasar de moda” ni quedar “perimido”, puesto que se estas características se encuentran enraizadas en la misma naturaleza del varón y de la mujer, que exige la donación personal y total de los cónyuges para el alcanzar la felicidad propia y la de los hijos.

-Familia
            ¿Es verdad que la familia humana tal como la hemos conocido hasta hace poco, es decir, la formada por el padre, la madre y los hijos, es sólo una “construcción cultural” y que como tal puede y debe ser reemplazada por las modernas “familias”, compuestas por las más diversas combinaciones?
Un niño en gestación, que “viene en camino”, tiene muchos “derechos humanos”; el primero de todos, es el derecho a vivir, derecho básico puesto que sin este, como es obvio deducir, no existe ningún otro. Pero también tiene otros derechos, y entre ellos, figura el derecho a ser concebido como fruto del amor esponsal entre el varón y la mujer, y derecho a ser educado bajo la guía y el modelo de un padre y de una madre. Cualquier otra opción alternativa a este modelo, significa desconocer el derecho del niño y exponerlo a su vez a interrogantes que le surgirán con el tiempo, frente a los cuales no tendrá respuestas, generándole crisis de angustia existencial.

-Hijos
            En la televisión y en los medios de comunicación se ven, cada vez con más frecuencia, que muchos matrimonios, que no pueden tener hijos, recurren a las técnicas de laboratorio, como la Fecundación in vitro, o también recurren al alquiler de úteros. Si quieren tener un hijo de esa manera, ¿por qué prohibírselo?
            Todo ser humano tiene derecho a nacer en el seno de una familia, como producto del amor de sus padres, manifestado en el acto conyugal. Se vulnera este derecho cuando el hijo por nacer es concebido “accidentalmente” porque lo que se buscaba en esa relación que lo engendró era el placer y no una nueva vida humana. La dignidad intrínseca de toda persona humana exige el ser concebido en el seno de una familia.
Cualquier otra opción vulnera este derecho humano, por otra parte, básico y elemental, del niño por nacer. Otro elemento, no menos importante, que lleva a rechazar técnicas artificiales de fecundación (Fecundación in vitro, por ejemplo), es que en la realización de dichas técnicas, para lograr uno, dos o tres embriones viables, deben “descartarse” varios considerados “inviables”.

¿Qué sucede con los embriones que no se descartan?
A aquellos a los que no se los descarta, están destinados, en el mejor de los casos, a ser congelados, siempre por un tiempo limitado, puesto que luego de un período deben ser desechados. Oros embriones se destinan a la experimentación científica al ser considerados “tejidos biológicos” y no seres humanos en gestación. Todo esto hace inaceptable el recurso a estas técnicas artificiales de concepción, puesto que el fin -el hijo- no justifica nunca los medios -eliminar, descartar, desechar, congelar a los embriones que no fueron seleccionados-.



lunes, 1 de octubre de 2012

¿Pienso casarme? Me pongo de novio



El noviazgo es la etapa del mutuo conocimiento y del mutuo respeto, necesarios para pasar a la siguiente etapa, el matrimonio. Sólo si es vivido en la castidad, la continencia y el pudor, permite la construcción de un proyecto de vida y amor en común.

El noviazgo, tiempo para conocer al ser que amo

            Muchos jóvenes, de entre 12 a 17 años, están de novios. Algunos, comenzaron con el noviazgo desde muy chicos, a los 10 u 11 años. ¿Qué hago? ¿Me puedo poner de novio?
            Para saber qué hay que hacer, tenemos primero que saber qué es el noviazgo. El noviazgo es una etapa de la vida en la que dos personas de distinto sexo, varón y mujer, se enamoran y se sienten atraídos el uno por el otro de un modo muy especial y muy fuerte. Esta atracción, fruto del amor, es tan fuerte, que ambos se preguntan si será posible vivir juntos y para siempre.
            Es decir, el noviazgo es el tiempo en el que el varón y la mujer se conocen el uno al otro, ante todo desde el punto de vista espiritual y afectivo, para saber si compartirán juntos el resto de sus vidas. Ambos se quieren tanto, que planifican juntos el matrimonio y los hijos. Ponerse de novios quiere decir entonces conocer a la otra persona, teniendo en mente el matrimonio y los hijos.
            De esto vemos que pueden ponerse de novios solo aquellos que estén en condiciones de madurez afectiva, emocional, psicológica y espiritual, para formar un matrimonio y luego una familia.
            Nada de eso ocurre para el ser humano antes de los 18 años. Teniendo en cuenta lo que dijimos, hacemos esta pregunta: los niños y jóvenes de entre 10 y 17 años, ¿están capacitados para afrontar el desafío que significa unirse en matrimonio y luego formar una familia con hijos?  


            Muchos dicen que ponerse de novios ya no hace falta; ahora, lo que importa, es que dos personas gusten el uno del otro; si quieren, se van a vivir juntos por un tiempo, y cuando la relación no da para más, se separan y listo.
            Si dos personas se quieren y, más que quererse, se aman tanto que planean vivir juntos, no pueden dejar de pasar por la enriquecedora etapa del noviazgo. “Saltearse” la época de ser novios quiere decir dejar de lado algo que, en el futuro matrimonio, tendrá mucha importancia, porque el matrimonio puede decirse que es como un noviazgo perfecto, tan perfecto, que convierte a los novios en esposos. Tomar la decisión de iniciar una convivencia sin pasar por el noviazgo y, todavía más, sin una verdadera intención de formar un futuro matrimonio, es un grave error que puede costar todo el proyecto de vida.
            ¿Por qué la convivencia podría costar todo el proyecto de vida?
            Por que el noviazgo siempre será necesario para el varón y la mujer que quieran donarse el uno al otro. Para poder hacer este don, los futuros esposos deben conocerse, y para esto es el tiempo de “ser novios”: para saber cómo es el otro, cuáles son sus gustos –y cuáles son las cosas que no le gustan-, sus ideales de vida, sus exigencias, etc.
Y tiene que ser así, para que el matrimonio “funcione” luego y marche sobre carriles: si sé qué es lo que le gusta a mi futuro cónyuge, me esforzaré por darle siempre el gusto y así demostrarle mi amor, porque “el que ama desea el bien del ser amado”. Y al contrario, si sé qué es lo que no le gusta, lo evitaré, sólo para evitarle un disgusto o un mal momento. Pero para “saber” todas estas cosas, es necesario un tiempo de “ser novios”, una “escuela de amor”, en donde “aprenderé” a conocer a quien amo y con quien deseo compartir el resto de mi vida, formando una familia.


            Y si los novios no conviven, pero se aman tanto que deciden tener relaciones sexuales antes del matrimonio, ¿qué hay de malo en eso? ¿No es acaso una forma de demostrar el amor?
            Primero, no hay que confundir sexo con amor. El amor es algo grandioso, que va mucho más allá del sexo. Las relaciones pre-matrimoniales, al contrario de lo que parecen, no están motivadas por un amor verdadero y, lejos de ser “muestra de amor”, son muestra de verdadero egoísmo. El verdadero noviazgo, el noviazgo que es “escuela de amor”, combate el egoísmo y lleva a que los novios se respeten en sus cuerpos y se abstengan hasta el matrimonio. El motivo es que sólo así se guardarán el uno para el otro, para entregarse a sí mismos, sin reservas, en el matrimonio. Fuera del matrimonio, la relación sexual no lleva a la donación total, porque siempre hay una “reserva” egoísta, siempre hay un “todavía no”: “todavía no” el hijo, y por eso hay que usar anticonceptivos o preservativos. Y en el fondo, este “todavía no” es, en realidad, un “todavía no te amo lo suficiente como para que seas mi esposa”.


            Se dice que las relaciones pre-matrimoniales son signo de egoísmo y de inmadurez ¿Por qué?
            Porque en estas relaciones, o bien se evita el hijo (en eso consiste el egoísmo), o el hijo viene de manera inesperada, o aun si se lo espera, no se cuenta con una familia unida para darle todo lo que su dignidad de persona exige (en esto consiste la inmadurez).
            Si no convivimos, y si no tenemos relaciones sexuales, ¿qué pasa con la atracción sexual? ¿Hay que esperar hasta el matrimonio?
            Es cierto que los novios son novios, o sea, no son hermanos y tampoco son simples amigos, y por lo tanto, tienen que haber demostraciones de afecto “propias de novios”, que no están presentes en otras relaciones, como la simple amistad (caricias, por ejemplo). Ahora bien, para que puedan existir estas demostraciones, los novios tienen que ser, en primer lugar, “verdaderos novios”, o sea, tener en mente la perspectiva del matrimonio, además de haber otras cosas como ser una relación fiel y estable, edad adecuada, situación laboral y/o profesional, mutuo conocimiento, etc. Sólo si se dan estas condiciones, ¡bienvenidas las manifestaciones de afectos entre los novios! Pero aquí también los novios deben darse cuenta que todavía no son esposos, entonces no pueden hacer lo que hacen los esposos, y además, que son exigencias del amor verdadero la castidad en la continencia y el pudor.


            Si las relaciones sexuales son solo para el matrimonio, ¿quiere decir que el matrimonio autoriza a los esposos a tener todo tipo de relaciones?
            El hecho  de ser esposos no autoriza a una sexualidad desenfrenada. Si la sexualidad no es expresión de la unión en el amor, abierta a la vida, entonces no es auténtica.  Los esposos deben realizar el acto conyugal según el orden y la función de los órganos sexuales dado por la Naturaleza, que es sabia. ¿A alguien se le ocurriría ingerir alimentos por la nariz o por los oídos?



 Preguntas para trabajo personal y/o grupal
¿Qué quiere decir “noviazgo”?
¿Por qué la convivencia está mal?
Y si no se convive,
¿por qué no se pueden tener relaciones,
si los novios dicen que se quieren?
¿Qué características tiene el amor de novios?

jueves, 2 de agosto de 2012

Castidad, sinónimo de felicidad



La castidad no es mera represión de la sexualidad:
Significa poder amar con toda la fuerza del amor,
Y por eso es sinónimo de felicidad.

Muchos dicen que el noviazgo debe ser "casto", que el matrimonio debe ser "casto", que debemos vivir "castamente". ¿Qué relación hay entre castidad y sexualidad?  ¿Qué quiere decir "castidad"?
Podemos decir que la castidad es el dominio del hombre sobre el placer y el instinto, mediante el cual integra la sexualidad a la totalidad de la persona, evitando así inconvenientes.
¿Por qué la castidad tiene tan mala propaganda?
Tal vez porque se la asocia equivocadamente a elementos puramente negativos como censura y represión, pero no debe ser así, puesto que la castidad no desprecia a la sexualidad, ni la considera mala sino que, por el contrario, considera a la sexualidad y al placer sexual como algo bueno, siempre y cuando se ordenen la sexualidad y el placer a la escala de valores que la razón presenta como justo y razonable. Por la castidad, el hombre adquiere dominio de sí mismo y se vuelve capaz de orientar la sexualidad hacia los valores más altos, todo lo cual redunda en el crecimiento y fortalecimiento del hombre casto.
¿Cómo valorar positivamente la castidad?
Para ayudarnos, imaginemos la siguiente escena: un hombre montado a caballo, pierde el control de este al desbocarse el animal, el cual comienza a correr aceleradamente y sin una dirección fija. ¿Qué es lo que le sucederá, con toda probabilidad? Terminará desbarrancado, o cayéndose de la montura y fracturándose todos los huesos. Con este ejemplo queremos graficar la sexualidad sin castidad, una sexualidad descontrolada, como el caballo del ejemplo. Sin control, la sexualidad se vuelca sin freno hacia el placer sexual, y termina por hacer estrellar a la persona.
Por el contrario, la sexualidad unida a la castidad, la sexualidad casta, es como un jinete experto que controla y domina la dirección de su corcel, dirigiéndolo hacia el destino que lo hará feliz. Por la castidad, el placer sexual se orienta hacia aquello que hace íntegro y feliz a la persona.
¿Qué formas hay de vivir la castidad?       
Como valor positivo que, lejos de reprimir la sexualidad y censurarla como mala, la ensalza en todo su valor positivo al integrarla en la totalidad de la persona y en su proyecto existencial de vida, toda persona está llamada a vivir la castidad, sea cual sea su estado -soltero, casado, célibe- y su edad -joven o viejo-.
Por ejemplo, la castidad pre-matrimonial, consiste en evitar ocasiones y, por supuesto, faltas concretas de pureza; la castidad matrimonial, en cambio, radica en un trato moderado y no evitar los hijos, y así por el estilo.
La castidad, como fuerza positiva que regula el placer sexual, lejos de reprimir la sexualidad, la ordena según su significado primigenio, subordinándola a otros valores más altos, de lo cual se sigue el auto-dominio para la persona y la posibilidad de dedicarse con toda la fuerza de su corazón, al ser que es el objeto de su amor. Para algunos, será el cónyuge; para otros, será Dios.
¿Cómo integrar la castidad en un proyecto de vida?
Ser casto quiere decir amar sin división, es decir, no tener el corazón dividido, sino consagrar a este con toda la fuerza del amor al ser amado. Para algunos, será el cónyuge; para otros, será el celibato. Para todos, la castidad será sinónimo de amor puro, y también de felicidad, porque ya es un inicio de la felicidad lograr el auto-dominio, y es una felicidad mucho más plena y perfecta, integrar la sexualidad positivamente a la persona y a su proyecto de vida. El amor casto es entonces no solo el amor puro, despojado de otros amores que lo adulteran, sino el amor que se aplica con toda su fuerza al ser amado.
¿Cuáles son algunas otras ventajas de la castidad?
Algunos creen que la sexualidad siempre será penosa y de esfuerzos costosos por ser objeto de represión para evitar culpas y remordimientos. En cambio, la castidad posibilita su vivencia fácil y deleitable en el estricto sentido del término. En concreto, hace que no cueste frenar impulsos que pueden  volverse irrefrenables, que tantas veces, o nos hacen experimentar problemas y caídas, o también broncas y frustraciones, por no poder hacer lo que nos gusta, y como si esto fuese poco, también existe el deleite de manejar las funciones sexuales con pleno dominio y agradabilidad (como cuando un guitarrista interpreta bien una partitura, o un futbolista domina el balón).
Preguntas para trabajo personal y/o grupal
            ¿Qué es la castidad?
            ¿Por qué la castidad no es algo negativo?
¿Qué relación hay entre castidad y felicidad?
            ¿Cómo se integra la castidad al proyecto personal de vida?

jueves, 25 de agosto de 2011

La sexualidad humana es un don de Dios para el matrimonio y solo para el matrimonio




Y porque es un don, debemos considerarla como lo que es: un don.
¿Qué es un don?
Un don es un regalo, y un regalo es algo que se recibe por parte de alguien, el donante. Como regalo, implica gratuidad, porque el regalo es algo no debido, sino, precisamente, donado, regalado, gratuitamente.
Pero ante todo, el don o regalo implica, de parte del donante, amor al destinatario del don, porque el regalo se hace a quien se ama, como expresión del amor del que dona.
Recibir un regalo, o un don, es entonces recibir el amor de quien hace el regalo. No se trata de recibir algo en virtud de un pago hecho por un trabajo: se trata de recibir algo que no se debía recibir, que es gratuito, y que además demuestra el amor del que dona.
Esto nos lleva a considerar la actitud de quien recibe el don: no puede ser de frialdad, o de indiferencia, mucho menos de hostilidad, hacia quien dona. Todo lo contrario, la actitud hacia el donante, debe ser la de corresponder al don y al amor expresado en el don. De lo contrario, la donación, el acto de donar, queda trunco, como un amor no correspondido.
En el caso de la sexualidad humana, para que ésta pueda ser apreciada en su verdadera dimensión, debe ser considerada como lo que es: un don del Amor divino.
¿Cómo considerar a la sexualidad humana como un don, para así corresponder al donante del don, el Amor divino?
Un buen punto de partida para la consideración de la sexualidad humana como don del Amor divino, es considerarla como parte de la creación: Él la creó, porque la ideó así para el hombre, porque fue Él quien creó al hombre diferenciado en dos sexos: varón y mujer: “Y dijo Dios: «Hagamos al ser humano a nuestra imagen, como semejanza nuestra (…) Creó, pues, Dios al ser humano a imagen suya, a imagen de Dios le creó, macho y hembra los creó”. Y los bendijo Dios, y les dijo Dios: «Sed fecundos y multiplicaos” (Gn 26-28).
Por otra parte, aún sin recurrir al texto sagrado, es de experiencia común que sólo existen dos sexos: masculino y femenino, con lo que vemos cómo estos datos de la experiencia coinciden con la Revelación.
Ahora bien, debido a que Dios todo lo crea con Sabiduría y Amor infinitos y perfectísimos -de otra manera, no sería Dios-, la sexualidad humana, como parte integrante de la Creación, no es mala en sí misma, ya que refleja la Sabiduría y el Amor de Dios.
Dios crea la sexualidad humana, y la crea diferenciada y complementaria, pero la crea según un designio bien preciso, para ser usada en un ámbito específico, el matrimonio, y con una finalidad específica: la comunicación del amor entre los esposos y la comunicación de la vida.
Vista la sexualidad desde un punto de vista humano, la sexualidad humana tiene dos fines: unitivo y procreativo (expresión del amor de los esposos y abierta a la vida). La sexualidad humana tiene el fin de unir a los esposos mediante el amor, y de procrear, o generar, nueva vida. Las dos dimensiones, la unitiva y la generativa, están íntima y estrechamente ligadas, de tal manera que una no se comprende sin la otra, y tanto una como la otra se encuentran vacías de sentido si están separadas.
En estos fines de la sexualidad humana -unión y procreación-, vemos el sentido de la creación diferenciada y complementaria: porque son dos distintos, que se complementan, pueden dar lugar al amor, como éxtasis del Uno al Otro, y como donación plena, en espíritu y en cuerpo, que finaliza con el fruto del amor, la aparición del Tercero, el hijo.
El hecho de ser diferentes y complementarios, varón y mujer, posibilita la expresión y la comunicación plena del don contenido en cada sexo, y es la co-creación de la vida, lo cual acontece en el marco del amor esponsal.
Cada sexo, don en sí mismo, tiene a su vez un don potencial -comunicación del amor y co-creación de la vida-, pero sólo puede ser actuado este don potencial, en un marco y en un ámbito específico, el del amor esponsal.
De ninguna otra manera se produce la actuación del don pre-contenido en el don de la sexualidad humana, que no sea en el ámbito del amor esponsal y del matrimonio, porque fuera de este ámbito, no se dan las condiciones de dualidad, o sea, de diferencia, y de complementariedad.
Y si no se da esto, diferencia y complementariedad, no hay amor esponsal, y si no hay amor esponsal, sólo hay egoísmo, ya que el amor de dos es reemplazado por la tiránica pasión que pretende satisfacer sólo el propio deseo.
Esta diferencia y complementariedad es lo que determina, no de forma arbitraria, sino porque así está dada la verdad de la naturaleza humana, el hecho de que no puede haber unión sin procreación (anticoncepción), ni procreación sin unión (fertilización asistida): en cualquiera de los dos casos, la sexualidad humana queda incompleta y privada de sentido, alejada del plan divino, y envuelta en el egoísmo humano. Esto es así porque las dos dimensiones son, en realidad, dos facetas de una misma realidad humana: el amor, manifestado en la unión carnal, es fuente de vida.
La unión sin procreación falsifica y adultera a la sexualidad humana, porque le falta el fruto y don del amor, que es el hijo; la procreación sin unión falsifica y adultera a la sexualidad humana, porque la aparición del fruto, el hijo, se da de un modo artificial y aséptico, el ambiente de un laboratorio, y no en el marco del acto sexual matrimonial, expresión del amor esponsal. En uno y en otro caso, no hay amor, como fundamento que legitima y plenifica la unión matrimonial.
Por otra parte, considerada la sexualidad desde un punto de vista teológico, en el ámbito del matrimonio, y siempre usada en modo casto, la sexualidad humana es fuente de santificación para los esposos, porque el matrimonio ha sido elevado por Jesucristo a la categoría de sacramento, es decir, de productor de gracia. Un sacramento es algo que produce la gracia santificante, porque en el sacramento actúa Cristo, Autor de toda gracia. El sacramento del matrimonio es productor de gracia, porque ha sido injertado en una Alianza esponsal mística, la de Cristo con su Iglesia.
El matrimonio es santo porque la unión esponsal entre Cristo Esposo y la Iglesia Esposa, es una unión esponsal santa y santificante.
Ahora bien, sólo en el ámbito del matrimonio sacramental, se dan las condiciones para que el uso de la sexualidad sea santo y fuente de santidad, según lo pensó Dios, con su Amor y su Sabiduría, desde la eternidad.
De esto se ve cómo el uso de la sexualidad, por fuera del matrimonio, cualquier uso de la misma, se sale del pensamiento y del querer de Dios.
Dios no quiere el uso de la sexualidad humana fuera del ámbito matrimonial, y que no sea su voluntad su usa fuera del matrimonio, se deduce de los fines mismos del matrimonio: unión y procreación.
El matrimonio, con su unión sexual, según el plan divino, es santo; es decir, la unión carnal, en el matrimonio, no es lejana a la santidad, por el contrario, los esposos deben acudir a Dios, para que la unión carnal sea santa. El ejemplo lo tenemos en Tobías quien, antes de unirse carnalmente con su esposa, invoca a Dios, y él, junto a su esposa, le rezan antes de la unión. Leemos así en el libro de Tobías: “Cuando acabaron de comer y beber, decidieron acostarse, y tomando al joven le llevaron al aposento. Recordó Tobías las palabras de Rafael y, tomando el hígado y el corazón del pez de la bolsa donde los tenía, los puso sobre las brasas de los perfumes.
El olor del pez expulsó al demonio que escapó por los aires hacia la región de Egipto. Fuese Rafael a su alcance, le ató de pies y manos y en un instante le encadenó.
Los padres salieron y cerraron la puerta de la habitación. Entonces Tobías se levantó del lecho y le dijo: «Levántate, hermana, y oremos y pidamos a nuestro Señor que se apiade de nosotros y nos salve.» Ella se levantó y empezaron a suplicar y a pedir el poder quedar a salvo. Comenzó él diciendo: ¡Bendito seas tú, Dios de nuestros padres, y bendito sea tu Nombre por todos los siglos de los siglos! Te bendigan los cielos, y tu creación entera, por los siglos todos. Tú creaste a Adán, y para él creaste a Eva, su mujer, para sostén y ayuda, y para que de ambos proviniera la raza de los hombres. Tú mismo dijiste: ‘No es bueno que el hombre se halle solo; hagámosle una ayuda semejante a él’. Yo no tomo a esta mi hermana con deseo impuro, mas con recta intención. Ten piedad de mí y de ella y podamos llegar juntos a nuestra ancianidad. Y dijeron a coro: «Amén, amén.» Y se acostaron para pasar la noche” (cfr. Tob 1, 9).
Notemos que Tobías y su esposa utilizan quema el hígado y el corazón del pez, por indicación del Arcángel San Rafael, y con esta acción, expulsa al demonio que estaba pronto para pervertir la unión matrimonial. Esto sería el equivalente a los sacramentales de la Iglesia, el agua bendita y la sal exorcizada.
Otra cosa que debemos tener en cuenta de este episodio es que, si no está Dios santificando la unión matrimonial, indefectiblemente se hace presente el demonio, del cual sólo pueden venir desgracias, infortunios, maldiciones, y tristeza, como lo atestigua la historia de la esposa de Tobías, viuda siete veces antes de Tobías. Tobías es el único que no muere, porque invoca a Dios y Dios expulsa al demonio, impidiendo el mal que éste quería hacer, y concediendo bendiciones, las cuales comienzan esa misma noche, porque Tobías no sólo no muere, sino que comienza una vida de felicidad al lado de su esposa, a quien ama.
La Presencia de Dios en el matrimonio sólo puede traer bendiciones, amor y paz, porque Dios es “un océano de amor infinito”, mientras que su ausencia sólo puede traer dolor, tristeza, pesar y sufrimiento.
En un determinado momento, Tobías dice: “Yo no me uno a mi esposa con deseo impuro, sino con recta intención”, y la “recta intención” es el amor, y éste es otro aspecto a tener en cuenta: el verdadero amor esponsal, que es el único que legitima la unión carnal. Si no existe el amor esponsal, en su lugar sólo hay un “deseo impuro”, el cual es rechazado por Tobías.
Esto quiere decir que la unión y la procreación están dignificadas por lo más noble del hombre: el amor. Sólo en el matrimonio hay amor verdadero, y sólo el amor verdadero lleva a que un hombre y una mujer unan sus vidas y sus cuerpos y decidan engendrar, educar y criar hijos juntos, como si fueran uno solo.
Fuera de esto, no hay ni unión, ni procreación, porque no hay amor. Fuera del matrimonio, no hay amor verdadero, aunque se piense que es así; en realidad, es sólo egoísmo, y uso materialista, hedonista y placentero de la otra persona. Se trata a la otra persona como objeto, al cual uso mientras me sirve, y cuando no me sirve, la descarto, como a un vaso de plástico.
Si hubiera verdadero amor en el noviazgo, se respetarían mutuamente en sus cuerpos, porque amar es desear el bien del otro, y no hay mayor bien, para los novios, que la castidad, porque así tendrán para ofrecer a su cónyuge un don, el don de la sexualidad.
Obrar de otra manera –relaciones pre-matrimoniales- es obrar no movidos por el amor, sino por el egoísmo, y es no amar a la persona por lo que es, sino usarla por fines egoístas.
También los animales fueron creados sexuados, y ellos usan de su sexualidad para procrearse, pero lo hacen no con perversión –tampoco con amor, porque no pueden amar, como el hombre, al no tener un alma espiritual-, sino guiados por el instinto, puesto por Dios, y de acuerdo al plan divino.
Cuando un animal se une sexualmente a otro, lo hace, a su modo, glorificando a Dios, porque fue Dios quien dispuso que así lo hicieran. El animal no puede, de ninguna manera, cometer una perversión, cosa que sí puede hacer el hombre, y así lo hace, toda vez que se une carnalmente fuera del matrimonio.
Es por esto que podemos decir que el hombre no se “animaliza”, sino que se convierte en algo inferior a un animal –un perro, un gato, un cerdo- cuando usa de la sexualidad fuera del matrimonio, y mucho más cuando usa la sexualidad de un modo perverso.
Nada de esto se da en el matrimonio casto, pues es en ese ámbito en donde encuentra la sexualidad humana su expresión más alta y digna, la única expresión querida y deseada por Dios Trino.
Sólo en el matrimonio, la sexualidad humana se vuelve parte integral del plan de salvación divino para la humanidad, porque el matrimonio, por un lado, perpetúa la especie humana, de donde surgen hijos de Dios, y por otro, prolonga y actualiza en el mundo el misterio nupcial de Cristo Esposo y de la Iglesia Esposa.