miércoles, 3 de febrero de 2016

El joven está llamado a la santidad y la santidad la otorga el Hombre-Dios Jesucristo


(Homilía para la Santa Misa de acción de gracias por los dieciocho años de vida de un joven)

A los dieciocho años, se inicia una nueva etapa en la vida del hombre: de adolescente, se pasa a ser joven, así como a los 12-13 años, se pasó de niño a adolescente. Se inicia la etapa de la juventud y con la juventud, aparecen en el horizonte de la vida muchos proyectos, que dependerán, entre otras cosas, de nuestra libertad, para que se lleven a cabo o no. Aparecen el estudio, el trabajo, el noviazgo, el matrimonio, la familia, los hijos; también aparece la vida consagrada, como posible camino de santidad, si es que el joven es llamado por Dios, para que lo siga por ese camino. Con la juventud, los proyectos futuros se acercan cada vez más y que puedan o no concretarse, dependen, como hemos dicho, principalmente de nuestra libertad, aunque también son muy importantes, para poder realizar nuestro proyecto de vida, la familia, los amigos, la sociedad en general. Sin embargo, más allá de los proyectos que se presentan para el joven -y cualquiera que sea este proyecto-, hay algo que el joven debe siempre tener presente en el pensamiento y grabado a fuego en el corazón: hay un alma para salvar, hay un cielo para conquistar, hay un infierno para evitar, hay un Dios a quien adorar y dar gracias porque nos ha salvado con su Pasión y ese Dios es Jesús, que está en la Eucaristía y está en la Cruz. Dice San Pedro: “Él llevó nuestros pecados en su cuerpo hasta el leño, para que, muertos a los pecados, vivamos para la justicia. Con sus heridas fuisteis curados” (1 Pe 2, 14). Jesús, que es Dios Hijo encarnado, compró para todos los hombres, al precio de Sangre derramada en la cruz, la justificación, que no es sólo remisión de los pecados, sino también santificación y renovación del hombre interior, por medio de la gracia santificante, para que los hombres nos convirtamos, de injustos en justos y de enemigos a amigos de Dios, además de herederos del Reino de los cielos. Más allá de los proyectos que puedan aparecer en el horizonte de la vida, el joven no tiene que olvidar que está llamado a la santidad y que la santidad la otorga Jesucristo, Presente en la Eucaristía y crucificado para nuestra salvación. Ningún proyecto de vida se realiza sin la santidad de Jesucristo, y todo proyecto es perfecto con Cristo, el Dios eternamente joven.

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