Los
cristianos no podemos festejar el carnaval, y no solo festejar, sino ni
siquiera ver un segundo los programas que los transmitan por televisión o por
Internet.
Ante esta negativa,
alguien nos podría decir lo siguiente: “¿Por qué no? ¿Qué tiene de malo? ¿No es
acaso una fiesta “alegre”? ¿No corremos el riesgo los cristianos de parecer
“aburridos” y “fuera de onda” si no festejamos el carnaval?”
Los
cristianos no podemos festejar el carnaval, pero no porque somos “aburridos”.
Damos algunas
razones de nuestro firme rechazo a esta decadente fiesta pagana.
-Porque
el carnaval, que significa “baile de la carne”, no viene de Dios ni conduce a
Dios. Y lo que no viene de Dios, viene del Diablo.
-Porque
dice San Pablo que “el cuerpo es templo del Espíritu Santo”, y así como un
templo, consagrado a Dios, no puede ser convertido en un almacén o en un cine,
porque sería profanarlo, así tampoco el cuerpo, convertido en templo del
Espíritu Santo por el bautismo, no puede ser convertido en sede de pasiones
carnales y lascivas, porque es profanar al Espíritu Santo, a quien el cuerpo
pertenece.
-Porque
el cuerpo, templo del Espíritu Santo, ha sido adquirido por Cristo al precio de
su Sangre, derramada en la Cruz ,
para ser consagrado a Dios, y como tal, debe ser cubierto con la modestia y el
pudor, para ser visto sólo por Dios. Cristo no adquirió el cuerpo del hombre,
al precio de su vida, para que el cuerpo sea mostrado impúdicamente para ser
visto y deseado impúdicamente por hombres y demonios.
-Porque
si el cuerpo es templo de Dios, y como tal, debe estar perfumado por el perfume
de la gracia, adornado con las virtudes de la castidad y de la pureza, e
iluminado por la modestia y el pudor, para que el corazón, convertido en altar
y sagrario, aloje con amor santo y puro a Jesús Eucaristía. En este templo
deben escucharse cantos de alabanza y de acción de gracias a Dios Uno y Trino,
que se ha dignado enviar a la dulce paloma del Espíritu Santo a hacer del
corazón del hombre en gracia su luminoso nido.
Cuando esto no
sucede, cuando se lo expone impúdicamente y cuando se lo mueve al ritmo de
tambores y música desenfrenada, el cuerpo se oscurece en su interior, se apaga
la luz de la gracia, la dulce paloma del Espíritu Santo huye entristecida, y en
lugar del pudor, de la vergüenza, de la castidad y de la pureza, entran con
furia blasfema la impudicia, la inmodestia, la lascivia y la lujuria, y el
corazón, de nido luminoso, se convierte en oscuro cubil de feroces lobos, en
babeantes cuevas de serpientes venenosas.
En un cuerpo así, no
habita más el Espíritu Santo, sino Asmodeo, el demonio de la lujuria.
He aquí las razones
de por qué los cristianos no festejamos el carnaval.
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