En la vida hay muchos caminos para seguir y muchos dependen
de lo que nosotros elegimos. Algunos eligen ser futbolistas, otros eligen ser
maestros, otros eligen ser zapateros, otros militares y así podríamos seguir
todo el día.
Todos estos caminos son buenos y tienen algo en común: todos
son caminos de la tierra, que comienzan en la tierra y terminan en la tierra. Para
esos caminos, además, tenemos a los papás, a los maestros y a los amigos, que
nos enseñan adónde ir.
Pero hay Alguien que nos enseña un camino distinto, es un Maestro del cielo, que nos
lleva a un lugar que no es la tierra pero tampoco el universo que conocemos. Ese
Alguien es Jesús, que nos lleva al Reino de la luz, un lugar en donde no hay
llanto, ni dolor, ni tristeza, ni enfermedad, ni aflicción; es un lugar en el
que todo es felicidad, alegría y gozo para siempre, porque es el lugar donde
están la Trinidad y el Cordero de Dios, la Jerusalén celestial.
El que nos enseña el camino para la eterna luz es Jesús: Él
es el Divino Maestro que nos enseña el camino para el cielo; Él es el camino
que lleva al cielo, el único camino posible.
Si queremos ir al cielo, tenemos que seguir a Jesús, que nos
enseña el camino y el camino que nos enseña Jesús es el Camino de la Cruz, el
Via Crucis, un camino áspero y difícil, porque es en subida y hay que llevar la
cruz de cada día y hay que cumplir los Mandamientos, pero el Camino de la Cruz es seguro porque finaliza en el
Reino de Dios, que es el Reino de la Eterna Luz. El mundo ofrece otros caminos,
que no son el Camino de la Cruz; además, son más fáciles de recorrer, porque no
es necesario llevar la Cruz, ni tampoco es necesario cumplir los Mandamientos de Dios, pero estos caminos finalizan en el Abismo Oscuro
en donde habita el que fue expulsado del Cielo, el Príncipe de las tinieblas, el Padre de la mentira. Sólo el Camino de la Cruz nos
lleva a la Eterna Luz, la luz que nunca se apaga, la luz que da la Vida y el
Amor de Dios al alma.
Si en esta vida vivimos unidos a Jesús en la Cruz, en la otra vida viviremos con Jesús en la Eterna Luz. Que en nuestras mentes y corazones estén siempre presentes estas palabras: "Por la Cruz de Jesús, llegaremos a la Vida eterna".
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