martes, 27 de marzo de 2018

Via Crucis para los jóvenes



Oraciones iniciales.

Por la señal, de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Acto de contrición.

Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío; por ser Vos quien sois, Bondad infinita y porque os amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón de haberos ofendido; también me pesa porque podéis castigarme justamente con las penas del infierno por mis pecados cometidos libremente, si no obtengo con tu ayuda una perfecta contrición. Ayudado de vuestra divina gracia, propongo firmemente nunca más pecar, confesarme, y cumplir la penitencia que me fuere impuesta, para que así pueda algún día llegar a disfrutar de vuestra compañía, del Padre y del Espíritu Santo, en las moradas eternas que Tú me tienes preparado para mí, pobre pecador. Amén.


1ª Estación: Jesús es sentenciado a muerte.


(De rodillas) V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
R. Pues por tu santa cruz redimiste al mundo.

Meditación: Luego de sufrir un juicio injusto, Jesús es condenado a muerte. La causa de su condena es la verdad de su afirmación de que Él es el Hijo de Dios, que ha venido a este mundo para salvarnos. Cada vez que elegimos el pecado volvemos a condenar a muerte a Jesús. Cada vez que negamos a Jesús como a nuestro Salvador y Redentor, renovamos la sentencia de muerte de Jesús. ¡Oh Jesús, perdóname por todas las veces que he negado que Tú eres mi Dios, mi Rey y mi Salvador y en vez de cumplir tus Mandamientos, he preferido hacer mi voluntad!
Padrenuestro, Avemaría y Gloria.
Jesús, pequé: Ten piedad y misericordia de mí.
Bendita y alabada sea la pasión y muerte de nuestro Señor Jesucristo y los dolores de su santísima Madre, triste y afligida al pie de la cruz.


2ª Estación: Jesús carga con la cruz a cuestas.


(De rodillas) V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
R. Pues por tu santa cruz redimiste al mundo.
Meditación: Cargan sobre los hombros de Jesús un pesado leño. Pero no es el madero lo que hace pesada la cruz: son mis pecados. En el madero de la cruz que lleva Jesús sobre sus hombros, van mis pecados. Todos. Desde los veniales hasta los mortales. Él recibirá en mi lugar el castigo que yo me merezco por esos pecados. Cuando el madero de la cruz quede impregnado de su Sangre Preciosísima, mis pecados quedarán borrados para siempre. ¡Oh Jesús, que yo me decida a no pecar más, para no hacer más pesada tu cruz!
Padrenuestro, Avemaría y Gloria.
Jesús, pequé: Ten piedad y misericordia de mí.
Bendita y alabada sea la pasión y muerte de nuestro Señor Jesucristo y los dolores de su santísima Madre, triste y afligida al pie de la cruz.


3ª Estación: Jesús cae por primera vez bajo el peso de la cruz.


(De rodillas) V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
R. Pues por tu santa cruz redimiste al mundo.
Meditación: ¡Qué fuerza tiene el pecado, que hace tambalear y caer a Dios! Son mis pecados, aquellos pecados en los que caigo una y otra vez, los que hacen caer a Jesús. En su caída, Jesús se lastima sus manos, sus rodillas, sus piernas. Sus heridas se abren y dejan salir abundante sangre. ¡Oh Jesús, graba en mi mente y en mi corazón tu caída bajo la cruz, para que yo me decida a no volver a caer en el pecado por falta de lucha espiritual!
Padrenuestro, Avemaría y Gloria.
Jesús, pequé: Ten piedad y misericordia de mí.
Bendita y alabada sea la pasión y muerte de nuestro Señor Jesucristo y los dolores de su santísima Madre, triste y afligida al pie de la cruz.


4ª Estación: Jesús se encuentra con su Madre, la Virgen.


(De rodillas) V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
R. Pues por tu santa cruz redimiste al mundo.
Meditación: En su camino hacia el Calvario, colmado de dolores y penas por causa mía, Jesús recibe un alivio: se encuentra con su Madre, la Virgen. Si bien los soldados impiden que la Madre y el Hijo se fundan en un abrazo, la mirada materna y amorosa de María es más que suficiente para darle fuerzas a su Hijo, a fin de que Jesús pueda llegar hasta el Calvario y así poder dar su vida por mi salvación. ¡Oh María Santísima, Madre de Dios y Madre mía, acompáñame tú en el camino del Calvario y cuando yo desfallezca, mírame con tus ojos de amorosa Madre y, al igual que a Jesús, dame las fuerzas para llevar mi cruz!
Padrenuestro, Avemaría y Gloria.
Jesús, pequé: Ten piedad y misericordia de mí.
Bendita y alabada sea la pasión y muerte de nuestro Señor Jesucristo y los dolores de su santísima Madre, triste y afligida al pie de la cruz.


5ª Estación: el Cireneo es obligado a llevar la cruz.


(De rodillas) V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
R. Pues por tu santa cruz redimiste al mundo.
Meditación: viendo los soldados que Jesús iba a morir antes de llegar a la cima del Monte Calvario y movidos por el deseo de que sea crucificado y no por verdadera compasión, obligan a Simón de Cirene a ayudarle a Jesús a llevar su cruz. Muchas veces llevo la cruz como Simón de Cirene: obligado, sin un sentido sobrenatural. ¡Oh Jesús, ayúdame a llevar la cruz como Tú la llevas, con amor y no por obligación y para eso dame del amor con el que Tú abrazas la cruz!
Padrenuestro, Avemaría y Gloria.
Jesús, pequé: Ten piedad y misericordia de mí.
Bendita y alabada sea la pasión y muerte de nuestro Señor Jesucristo y los dolores de su santísima Madre, triste y afligida al pie de la cruz.


6ª Estación: la Verónica enjuga el Rostro de Jesús.


(De rodillas) V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
R. Pues por tu santa cruz redimiste al mundo.
Meditación: la Verónica, compadeciéndose del dolor de Jesús, se arrodilla para enjugar su Santo Rostro y así aliviar en algo las penas de su Corazón. En recompensa a su gesto de misericordia, Jesús deja estampada milagrosamente su Santa Faz en el lienzo de la Verónica. ¡Oh Jesús, yo no tengo un lienzo para que imprimas tu Rostro en él, pero te ofrezco mi corazón, mi pobre corazón, para que dejes impreso en Él, grabado a fuego con el Amor de Dios, tu Santa Faz!
Padrenuestro, Avemaría y Gloria.
Jesús, pequé: Ten piedad y misericordia de mí.
Bendita y alabada sea la pasión y muerte de nuestro Señor Jesucristo y los dolores de su santísima Madre, triste y afligida al pie de la cruz.


7ª Estación: Jesús cae por segunda vez.


(De rodillas) V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
R. Pues por tu santa cruz redimiste al mundo.
Meditación: a mitad de camino hacia el Calvario, Jesús cae por segunda vez. No es el peso del madero lo que lo hace vacilar y caer. Su Cuerpo es fuerte y puede resistir el peso del leño. Es su Alma Santísima la que, abrumada por la malicia de mis pecados, desfallece de angustia y dolor. ¡Oh Jesús, por tu segunda caída, ayúdame para que no vuelva más a caer en mis pecados!
Padrenuestro, Avemaría y Gloria.
Jesús, pequé: Ten piedad y misericordia de mí.
Bendita y alabada sea la pasión y muerte de nuestro Señor Jesucristo y los dolores de su santísima Madre, triste y afligida al pie de la cruz.


8ª Estación: Jesús consuela a las hijas de Jerusalén.


(De rodillas) V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
R. Pues por tu santa cruz redimiste al mundo.
Meditación: las mujeres piadosas de Jerusalén se conmueven al ver a Jesús en tan lastimoso estado: golpeado, herido, fatigado, cubierto de salivazos, bañado en su propia sangre, y lloran por Él. Pero Jesús les dice que no lloren por Él, sino ellas y por toda la humanidad, porque en la condición en la que Él se encuentra es como el pecado deja al alma. ¡Oh Jesús, dame la gracia de poder llorar mis pecados, para no provocarte ya más heridas en tu Cuerpo sacratísimo!
Padrenuestro, Avemaría y Gloria.
Jesús, pequé: Ten piedad y misericordia de mí.
Bendita y alabada sea la pasión y muerte de nuestro Señor Jesucristo y los dolores de su santísima Madre, triste y afligida al pie de la cruz.


9ª Estación: Jesús cae por tercera vez.


(De rodillas) V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
R. Pues por tu santa cruz redimiste al mundo.
Meditación: agobiado por el peso de tantos pecados, el Hombre-Dios Jesucristo cae por tercera vez. No solo lleva mis pecados personales –todos mis pecados, desde el primero hasta el último-, sino que lleva todos los pecados de todos los hombres, desde Adán y Eva hasta el último hombre nacido en el Día del Juicio Final. ¡Oh Jesús, tu Sangre Preciosísima quita los pecados del mundo para que la humanidad pueda nacer de nuevo, sin malicia –sin relaciones pre-matrimoniales, sin aborto, sin pornografía, sin drogas, sin violencia hacia los padres y los hermanos, sin envidias, sin avaricia- y en estado de gracia!
Padrenuestro, Avemaría y Gloria.
Jesús, pequé: Ten piedad y misericordia de mí.
Bendita y alabada sea la pasión y muerte de nuestro Señor Jesucristo y los dolores de su santísima Madre, triste y afligida al pie de la cruz.


10ª Estación: Jesús es despojado de sus vestiduras.


(De rodillas) V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
R. Pues por tu santa cruz redimiste al mundo.
Meditación: al llegar a la cima del Monte Calvario, los soldados arrancan las vestiduras de Jesús y de forma tan violenta, que todas sus heridas vuelven a abrirse, dejando brotar abundantemente su Sangre Preciosísima. Jesús se despoja de las vestiduras y queda vestido con un manto rojo, el manto de su propia Sangre, la Sangre con la cual lavará nuestros pecados. Jesús se deja despojar de sus vestiduras, para reparar por todos aquellos que, despojados del pudor y de la santa pureza, se dejan arrastrar por las pasiones más bajas. ¡Oh Jesús, por el manto de Sangre con el que te cubriste en el Calvario, dame la gracia de desear vivir siempre en la santa pureza de cuerpo y alma!
Padrenuestro, Avemaría y Gloria.
Jesús, pequé: Ten piedad y misericordia de mí.
Bendita y alabada sea la pasión y muerte de nuestro Señor Jesucristo y los dolores de su santísima Madre, triste y afligida al pie de la cruz.


11ª Estación: Jesús es clavado en la cruz.


(De rodillas) V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
R. Pues por tu santa cruz redimiste al mundo.
Meditación: Jesús permite que sus manos y sus pies sean atravesados por gruesos clavos de hierros, los cuales le provocan profundos dolores y hacen brotar abundante sangre. Jesús deja traspasar sus manos por los clavos de hierro, para que mis manos nunca se eleven contra mi hermano, sino que se tiendan hacia él en gesto de ayuda y misericordia, y para que se eleven al cielo en gesto de agradecimiento a Dios por el sacrificio en cruz de Jesús. Jesús deja traspasar sus pies, para que mis pasos se aparten del pecado y se dirijan en pos de Jesús, cargando la cruz, camino al Calvario. ¡Oh Jesús, que mis manos solo obren la misericordia y que mis pasos se encaminen detrás de tu cruz!
Padrenuestro, Avemaría y Gloria.
Jesús, pequé: Ten piedad y misericordia de mí.
Bendita y alabada sea la pasión y muerte de nuestro Señor Jesucristo y los dolores de su santísima Madre, triste y afligida al pie de la cruz.´


12ª Estación: Jesús muere en la cruz.


(De rodillas) V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
R. Pues por tu santa cruz redimiste al mundo.
Meditación: luego de tres horas de larga y dolorosa agonía suspendido en el madero de la cruz, Jesús muere a las tres de la tarde. Con su muerte, ha vencido a los tres grandes enemigos de mi alma: el Pecado, la Muerte y el Demonio. Pero además, con la Sangre de su Corazón, que brotó luego de ser traspasado en la cruz, me concedió la vida nueva, la vida de la gracia, la vida que me hace vivir como verdadero hijo de Dios y no como hijo de las tinieblas. ¡Oh Jesús, crucifícame contigo, para morir al hombre viejo y nacer al hombre nuevo, el hombre que vive la vida de la gracia, la vida de Dios!
Padrenuestro, Avemaría y Gloria.
Jesús, pequé: Ten piedad y misericordia de mí.
Bendita y alabada sea la pasión y muerte de nuestro Señor Jesucristo y los dolores de su santísima Madre, triste y afligida al pie de la cruz.


13ª Estación: Jesús es colocado en brazos de su Madre.


 (De rodillas) V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
R. Pues por tu santa cruz redimiste al mundo.
Meditación: descienden de la cruz el Cuerpo muerto de Jesús y lo colocan en brazos de su Madre, María Santísima. Es tanto el dolor de la Virgen, que de sus ojos brotan tan abundantes lágrimas, que cayendo sobre el Rostro de Jesús, tumefacto, lívido, cubierto de sangre, barro y salivazos, lavan su Rostro y lo dejan casi tan hermoso como cuando estaba vivo. Llora la Madre la muerte de su Hijo y lo ama a tanto, que desearía cambiar su vida por la muerte de Jesús, para Ella morir y Jesús vivir. La causa de la muerte de Jesús son mis pecados y por eso mismo, yo soy la causa de las lágrimas de la Virgen. ¡Nuestra Señora de los Dolores, dame el dolor de tu Inmaculado Corazón; dame las lágrimas de tu amor, para que arrepentido de mis pecados, llore contigo la muerte de tu Hijo Jesús!
Padrenuestro, Avemaría y Gloria.
Jesús, pequé: Ten piedad y misericordia de mí.
Bendita y alabada sea la pasión y muerte de nuestro Señor Jesucristo y los dolores de su santísima Madre, triste y afligida al pie de la cruz.


14ª Estación: Jesús es sepultado.


(De rodillas) V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
R. Pues por tu santa cruz redimiste al mundo.
Meditación: depositan el Cuerpo muerto de Jesús en el sepulcro nuevo de José de Arimatea, quien así demuestra su amor por su Señor. Cuando se cierra la puerta con la piedra, el sepulcro queda en silencio, frío y a oscuras, porque no entra la luz del sol. Es la figura del corazón humano sin Dios: oscuro, frío, sin alabanzas a su Señor. Pero el Domingo de Resurrección, el sepulcro resplandecerá con una luz más intensa que miles de millones de soles juntos: la luz de la gloria del Ser trinitario de Jesús, que glorificará su Cuerpo, resucitándolo para la vida eterna. Es la figura del corazón del hombre que, en gracia, recibe el Cuerpo glorioso de Jesús Eucaristía. ¡Oh Jesús, haz que mi corazón, oscuro y frío como el sepulcro del Viernes Santo, sea resplandeciente por la gracia como el sepulcro el día de la Resurrección, cuando Tú ingreses en él por la Comunión Eucarística!
Padrenuestro, Avemaría y Gloria.
Jesús, pequé: Ten piedad y misericordia de mí.
Bendita y alabada sea la pasión y muerte de nuestro Señor Jesucristo y los dolores de su santísima Madre, triste y afligida al pie de la cruz.

Oración Final:

Te suplico, Señor Jesucristo, por intercesión de tu Madre la Virgen y por el rezo y meditación de tu Santo Via Crucis, que me concedas las gracias que necesito para la salvación de mi alma y la de mis seres queridos y que me acompañes de ahora en adelante en cada momento de mi vida, hasta que me llegue la hora del feliz tránsito a la vida eterna en tu compañía y la de tu Madre Santísima. Amén.

Nuestra Señora de los Dolores, tú que acompañaste a tu Hijo Jesús en el camino del Calvario, acompáñame también a mí para que, muriendo al hombre viejo, pueda nacer a la vida de la gracia, la vida de los hijos de Dios, como anticipo de la vida eterna que por la Misericordia Divina espero gozar en la eternidad. Amén.

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