La Eucaristía y los jóvenes
lunes, 5 de enero de 2026
miércoles, 29 de octubre de 2025
Misa para las Familias
(Escuela Cortadera 291025)
La familia
es una institución creada por Dios, formada por el esposo-varón, la esposa-mujer
y los hijos como frutos del amor de los esposos. La creación de la familia por
Dios figura en el Génesis (cfr. 1, 26-27). Luego, a partir de Jesucristo, la
familia es bendecida y unida al misterio pascual de Jesucristo por medio del
Sacramento del matrimonio (cfr. Mt 4, 4), por medio del cual los esposos
y los hijos reciben absolutamente todas las gracias más que necesarias para
superar todas las tribulaciones que puedan surgir en el camino de santidad de
los componentes de la familia hacia el Cielo.
Sin embargo,
en nuestros tiempos, el hombre se ha rebelado contra Dios y ha inventado nuevas
formas de familias que no forman parte de su designio original y que no cuentan
con su bendición y esto es importante tenerlo en cuenta, porque lo que no está
bendecido por Dios está maldito.
La Madre
Mariana de Jesús Torres de Ecuador tuvo una serie de apariciones de la Virgen
conocidas como “Apariciones de la Virgen del Buen Suceso”[1],
en donde la Virgen le profetiza en nuestros tiempos sobre la crisis de la
familia como consecuencia de la acción de la masonería, que intentaría destruir
la familia, y esto sería un signo de la pronta venida del Anticristo.
La Virgen
le dice así la Madre Mariana: “Te
hago saber que a partir del final del siglo XIX y poco después de mediados del
siglo XX… habrá una corrupción total de las costumbres (morales)”.
La Virgen nos sigue avisando del desprecio que habrá́ por
los sacramentos: “ …el desprecio que tendrán los vivientes de ese siglo por el Sacramento de la
Penitencia; como enraizados en el pecado tratarán de desconocerlo, para ellos
nada será pecado; los mundanos harán caso omiso de él; los sacerdotes, unos lo
mirarán con indiferencia, otros no lo administrarán, o lo harán
despectivamente, alejando a las almas de él. El sacramento del matrimonio, el
que representa la unión de Cristo con la Iglesia, será atacado y profanado en
toda la extensión de la palabra… [se aprobarán] inicuas leyes procurando
extinguirlo, facilitando a todos vivir mal y propagándose la generación de
hijos mal nacidos y sin la bendición de la Iglesia, irá decayendo rápidamente
el espíritu cristiano”.
La indiferencia hacia la Eucaristía, la pérdida del
pudor y la infiltración del mal dentro de la misma Iglesia también se
refieren a nuestros tiempos: ¡Ay, cuánto siento manifestarte que habrá muchos y
enormes sacrilegios públicos y también ocultos, profanando la Sagrada
Eucaristía!… ¡Muchas veces, en esa época, los enemigos de Jesucristo,
instigados por el demonio, robarán en las ciudades las Hostias Consagradas, con
el único fifin de profanar las Especies Eucarísticas! Mi Hijo Santísimo se verá
rodado por el suelo y pisoteado por inmundas plantas. “Casi no se encontrará inocencia en los niños ni pudor en
las mujeres, y en esta suprema necesidad de la Iglesia, callará quien a tiempo
debió hablar. Tiempos funestos sobrevendrán, en los cuales… aquellos que
deberían defender en justicia los derechos de la Iglesia, sin temor servil ni
respeto humano, darán la mano a los enemigos de la Iglesia para hacer lo que
estos quieran. ¡Cuánto sufrirá la Iglesia durante esta noche oscura! …
Careciendo de un prelado y padre que los guíe con amor paternal, dulzura,
fuerza, sabiduría y prudencia, muchos sacerdotes perderán su espíritu, poniendo
sus almas en gran peligro”.
Gracias a Dios, también la Virgen habla de las almas que
se mantendrán fieles en estos tiempos difíciles: “… almas ocultas y bellas, que trabajarán con valentía y
celo desinteresado por la salvación de las almas. Contra ellos, los impíos
desencadenarán una guerra cruel, dejando caer sobre ellos vituperios, calumnias
y vejaciones con el fin de impedir el cumplimiento de su ministerio. Pero, al
igual que columnas, se mantendrán firmes y lo enfrentarán todo con el espíritu
de humildad y sacrificio con el que ellos están investidos, en virtud de los
méritos infinitos de mi Santísimo Hijo, quien les amará en las fibras más
íntimas de su Corazón Santísimo y tierno”.
Cuando todo parezca perdido, cuando “el mal parecerá
triunfar”, Nuestra Madre promete a la Madre Mariana que vendrá el momento de
su victoria: “Es
llegada mi hora en la que Yo, de una manera maravillosa, destronaré a los
soberbios y maldeciré a Satanás, pisoteándolo bajo mis pies y atándolo en el
abismo infernal, dejando por fin libres a la Iglesia y a la Patria de esa cruel
tiranía”.
La Virgen anuncia aquí, al igual que en Fátima siglos
más tarde, el triunfo de su Inmaculado Corazón, lo cual nos sigue animando y
llenando de esperanza. La última palabra la tendrá Ella y, si queremos estar
en el lado ganador, debemos quedarnos muy cerca y mirarla siempre. No olvidemos
que con nuestras oraciones y sacrificios podemos adelantar el tiempo del
triunfo de la Inmaculada en el mundo. Con una Madre tan buena, ¿qué hemos de
temer?
Prestemos atención a las palabras de la Virgen para que
no descuidemos a la Eucaristía y a los Sacramentos, sobre todo al Sacramento de
la Eucaristía, de la Penitencia y del Matrimonio, para que los Sagrados Corazones
de Jesús y María sean los que reinen en nuestras familias.
jueves, 8 de febrero de 2024
El Carnaval no es para los católicos
Todos los años surge la misma pregunta, recurrente una
y otra vez: ¿puede un católico participar/celebrar el carnaval?
Antes de entrar de lleno en la reflexión que nos
conduce a la respuesta, tengamos como dato preliminar lo que decían los santos acerca
del carnaval, como por ejemplo, Ana Catalina Emmerich. Su director espiritual
escribía lo siguiente de la santa, para tiempos de carnaval: “Los días de
carnaval eran para Ana Catalina Emmerich días de terribles sufrimientos a causa
de los pecados que se cometen en esos días. Sobre esto llegó a decir: “Dios me
hace ver todas las abominaciones y el libertinaje en pensamientos y la malicia
de los corazones y las trampas tendidas por el Diablo”.
Teniendo en cuenta esto, consideremos qué es el
Carnaval en sí mismo o, mejor dicho, qué es lo que No es el Carnaval: el Carnaval
NO ES una mera expresión cultural de distintos pueblos en distintos lugares y
tiempos de la historia humana; el Carnaval NO ES una “fiesta inocente”, en la
que las personas pueden asistir lícitamente a tomar unos momentos o días de
rélax o de descanso; el Carnaval NO ES una fiesta familiar; el Carnaval NO ES
una celebración neutra, equidistante entre el bien y el mal, como si se lo
pudiera ubicar moralmente entre ambos, sin importar sus consecuencias; en el
Carnaval NO ESTÁ Dios ni su Santo Espíritu; en el Carnaval se cometen
blasfemias, burlas sacrílegas, ofensas inimaginables, contra la Madre de Dios,
contra Jesucristo, contra todo lo bueno, lo santo, lo verdadero. Y así podríamos
seguir hasta el infinito.
Una vez considerado qué es lo que NO ES el Carnaval,
consideremos entonces qué es lo que SÍ ES el Carnaval.
-El Carnaval es la exaltación de todo lo que Cristo ha
venido a destruir: las obras del Demonio, el Pecado y las Pasiones sin control.
-En el Carnaval, a lo largo de la historia humana,
desde que se tienen registros de su celebración, la figura central es el
Enemigo de Dios y de las almas, el Demonio, a quien se ensalza, se adora, se
rinde homenaje y esto nos dice prácticamente todo.
-En el Carnaval se dejan de lado, exprofeso, las
Sagradas Personas de Nuestro Señor Jesucristo y de la Madre de Dios, María Santísima,
porque siendo el Carnaval una “fiesta de las tinieblas” no hay, como dicen las
Escrituras, “nada en común entre la luz -la Luz Eterna que es Cristo- y las
tinieblas -que es el Príncipe de las tinieblas, el Ángel caído, Satanás.
-Al ser dejados de lado Nuestro Señor y la Virgen, en
el Carnaval no existen frenos espirituales, ni morales, ni mucho menos racionales
a las pasiones depravadas de los hombres, en donde todas y cada una de las
pasiones es dejada a su libre y plena expresión, destacándose en cada persona
una pasión “personal”, que es la fuente de su vicio o pecado dominante; por
ejemplo, en unos será la lujuria, en otros, la pereza, en otros, la gula, y
así.
-En el Carnaval se exalta todo lo que el Pecado
Original contaminó, arruinó, destruyó, en el hombre, comenzando por la carne,
por los placeres carnales, haciendo de estos el principal sino único objetivo
de la participación en estos decadentes bacanales.
-Se instala en el Carnaval la idea de la diversión por
la diversión en sí misma, sin una causa y sin un objetivo, como en el
cristianismo, en donde la alegría se origina en Dios, que es “Alegría infinita”,
tal como dice Santa Terea de los Andes. Este deseo de “diversión por la misma
diversión”, no es inocente, además de ser un signo del fin de los tiempos, ya
que fue profetizada por Nuestra Señora de Lasalette, quien en una de sus apariciones,
advirtió que una de las señales de la pronta Venida de su Hijo sería que “en
los Últimos Tiempos todo el mundo buscará divertirse” y esto lo podemos ver no
solo en el Carnaval, sino en prácticamente en todos los aspectos de la vida
cotidiana de nuestros días, en donde la diversión prevalece como criterio para
realizar o no realizar una actividad -por ejemplo, “no vengo a Misa porque no
es divertida”-, lo cual es una grave tergiversación de la naturaleza de los
hechos, ya que la Santa Misa no es ni divertida ni aburrida, sino un misterioso
don de la Divina Misericordia por el cual Dios perdona nuestros pecados,
derrota a nuestros enemigos espirituales, nos alimenta con la substancia de su
Cuerpo y de su Sangre y nos abre las Puertas del Reino de los cielos.
Por todo esto y mucho más, nos damos cuenta acerca de
las razones por las cuales el católico debe alejarse del Carnaval como si del
Demonio mismo se tratase (que se trata del Demonio).
martes, 7 de noviembre de 2023
La Familia, creación de Dios
Cuando
nos preguntamos qué es una familia, podemos definirla como una “comunión de
personas unidas en el amor”, pero debemos ser un poco más precisos, porque la
“comunión de personas”, para se familia, deben ser el “varón-papá”, la
“mamá-mujer” y los hijos, sean biológicos o adoptados, que son el fruto del
amor de los esposos. Solo así, podemos decir que la familia es comunión de
personas -padre-madre-hijos- unidos por el amor -el amor familiar-.
La
familia le pertenece a Dios, porque fue Dios quien la creó; fue Dios quien creó
al hombre como varón y mujer y dispuso que el varón, al unirse a la mujer, y la
mujer, al unirse al varón, no solo encontraran la felicidad en ese encuentro,
sino que el fruto de la felicidad y del amor del varón y de la mujer, unidos en
matrimonio, fueran los hijos. Entonces, en un primer momento, el varón y la
mujer forman el matrimonio y cuando aparecen los hijos, como fruto del amor que
los une, entonces el matrimonio se transforma en familia.
La
familia entonces, como dijimos, pertenece a Dios, porque Él la creó, Él fue
quien la ideó en su Sabiduría Divina y Dios creó un solo modelo de familia, el
modelo formado por el papá-varón, la mamá-mujer y los hijos frutos del amor de
los esposos. Los hombres pueden inventar muchos modelos alternativos de
familias, pero solo una es válida ante los ojos de Dios y es la familia que Él
creó y que figura en el Génesis: “Dios creó al hombre a su imagen y semejanza,
lo creó varón y mujer”. No hay ningún otro modelo de familia agradable a Dios
que no sea el que Él mismo creó.
Otro
aspecto a tener en cuenta es que toda familia cristiana debe tener como modelo,
como ejemplo, a la Sagrada Familia de Nazareth, formada por San José, por la
Virgen y por el Niño Jesús. Los padres varones deben tener por modelo de esposo
fiel, dedicado y providente a San José; las mamás mujeres deben tener como
modelo de madre y esposa dedicada a su familia, a la Virgen Santísima, la Madre
de Dios; los hijos de la familia deben tener como modelo y ejemplo al Hijo de
la Familia de Nazareth, Jesús, y tratar de ser como era Él cuando era Niño:
amaba a sus padres más que a nada en el mundo, les profesaba un respeto y un
cariño enorme, los ayudaba en sus tareas, los acompañaba en todo momento,
obedecía siempre con prontitud y alegría.
La
familia debe también tener un altar en el hogar, en donde se encuentren Jesús,
la Virgen, San José y los santos católicos de su devoción, para reunir a orar,
al menos una vez a la semana y esto porque el centro de la familia no puede ser
el televisor o la computadora, porque así la familia se arruina. Solo si la
familia tiene como centro a los Sagrados Corazones de Jesús y María, solo así,
la familia encontrará lo que Dios tiene para darle: paz, alegría, fortaleza,
serenidad, amor, como un anticipo del cielo.
lunes, 20 de febrero de 2023
Un cristiano católico no debe nunca, bajo ninguna circunstancia, participar del Carnaval
Un cristiano católico no debe nunca, bajo ninguna circunstancia, participar del Carnaval
Quien se precie de ser católico, hijo de Dios por el
bautismo, no debe nunca participar del Carnaval, por las siguientes razones:
Ante todo, en el Carnaval se exalta, se ensalza, se glorifica,
todo aquello que Cristo derrotó en la Cruz: el Demonio, las pasiones, el hombre
viejo dominado por el pecado, el pecado en todas sus formas y variantes.
En el Carnaval se exalta al Demonio: esto es una realidad que
podemos constatar en todas las culturas de todas las naciones del mundo, en
cualquier época de la humanidad; desde las culturas más refinadas y avanzadas,
hasta las más primitivas, en el Carnaval, la figura central es el Demonio; es
al Ángel caído a quien se recuerda de diversas maneras, con disfraces alusivos,
con bailes, con música desenfrenada. Un católico no puede JAMÁS participar en
esta idolatría demoníaca llevada a cabo en todos los carnavales de todos los
puntos de la tierra.
En el Carnaval se exaltan las pasiones del hombre, las
pasiones no dominadas ni por la razón humana ni mucho menos por la gracia; se
exalta, se promociona, se premia, el desenfreno y la alegría no solo banal, sino
la alegría de las bajas pasiones, la alegría pecaminosa, la alegría que no
viene de la Alegría Increada que es Dios, sino una alegría basada en motivos
humanos no originados en las virtudes sino en los vicios y pecados y también originada
en causas preternaturales provenientes del Ángel caído.
En el pecado se exalta, se ensalza, se glorifica, al hombre
caído, al hombre viejo, al hombre dominado por las pasiones sin control, sobre todo
las pasiones carnales que conducen al pecado de la lujuria, pasiones y pecados
que son la causa de la pérdida eterna de las almas en el Infierno; pasiones y
pecados que son la principal causa de la caída de las almas en el lago de
fuego, tal como lo dicen los Pastorcitos en las apariciones de Fátima: “Los
pecados de la carne (la lujuria) son la causa de la mayor parte de las
condenaciones en el Infierno”. Si en el Carnaval se exaltan los pecados, el que
ocupa el primer puesto es el de la lujuria, seguido por la embriaguez, dos de las
principales causas por las cuales se cierran al hombre las Puertas del Cielo y
se abren las Fauces del Infierno.
Por el Carnaval se pierde la gracia santificante, al participar
del mundo de pecado que consiste el Carnaval, gracia necesaria para la
disposición del alma para participar del inicio de la Cuaresma con el Miércoles
de cenizas. Los días previos al inicio de la Cuaresma deben ser preparatorios
para participar de la misma con el alma en gracia, pero por el Carnaval, se
olvida toda referencia a la Pasión Salvadora del Redentor Jesucristo, para dar rienda
suelta a las pasiones descontroladas del hombre sin Dios.
En el Carnaval, entonces, se celebra mundanamente todo lo que
ha sido derrotado por Cristo en la cima del Calvario, en la Santa Cruz, por lo
que celebrar el Carnaval es celebrar mundana y sacrílegamente, con una alegría
no humana sino preternatural sobre la Sangre de Cristo, pisoteándola y burlándose
sacrílegamente de la Sangre del Cordero.
Por último, en el Carnaval se exaltan todos los pecados
posibles en su máximo grado, al punto de considerar que la humanidad, después
del Carnaval, sigue todavía viva por un designio de la Divina Misericordia, que
con su brazo frena la Justicia Divina, tal como lo dicen los santos, como Santa
Faustina Kowalska en su Diario[1]: “Estos dos últimos días
de Carnaval, he vivido una gran acumulación de castigos y pecados. El Señor me
dio a conocer en un instante los pecados de todo el mundo estos días (de Carnaval). Me
desmayé de terror y, a pesar de conocer toda la profundidad de la Divina Misericordia,
me maravillé de que Dios permita que exista la humanidad".
jueves, 16 de febrero de 2023
A propósito de la obtención de la Copa del Mundo por la Selección Argentina en Qatar 2022
Considerando el hecho en sí mismo -una competencia deportiva, un partido de fútbol-, alguien podría decir, con razón, que se trata de algo superficial, casi banal, pasajero, sin mayor trascendencia.
Les damos la razón, sin embargo, hay algunos aspectos
que vale la pena considerar y que hacen que esta final de la Copa del Mundo -la
más televisada en la historia, que fue vista casi por cuatro mil millones de personas,
además de ser la más dramática y la mejor final de todos los tiempos-, hacen
que trascienda el mero aspecto futbolístico.
A nivel natural, fue como un soplo de alegría
-instantánea, pasajera, superficial en cuanto emocional, pero alegría al fin- que
recorrió nuestra amada Patria, tan castigada, no tanto por desastres naturales
ni guerras -que sí las hubo, contra el terrorismo apátrida y contra los
usurpadores ingleses en Malvinas-, sino por una clase política populista, inoperante,
indolente de las verdaderas urgencias de la Nación Argentina, preocupadas solo
por el poder y el dinero y esto desde hace setenta u ochenta años, y ese soplo
de alegría disolvió, aunque sea por un breve instante, las amarguras que la
Nación Argentina padece desde hace décadas.
El Pueblo Argentino, sufrido y castigado por la inoperancia de sus dirigentes, salió a las calles de literalmente todo el país, desde Humahuaca, Jujuy, hasta la Base Marambio, en la Antártida Argentina, en la provincia de Tierra del Fuego e Islas Malvinas; desde el Oeste cuyano -Mendoza, San Juan, San Luis, La Rioja-, hasta el este bonaerense -toda la provincia de Buenos Aires, incluida su Capital, Ciudad de la Santísima Trinidad y Puerto de Santa María de los Buenos Aires; desde lo más profundo del Norte argentino Tucumán, Salta, Chaco, Catamarca-, hasta lo más profundo del Sur -Chubut, Santa Cruz, Tierra del Fuego e Islas Malvinas-, pasando, cómo no, por el centro de nuestro amado país -Córdoba, Santiago-. En la Capital, Buenos Aires, se calcula que la concentración fue de unos cuatro a cinco millones de personas, algo que ningún dirigente político, utilizando todas las artimañas y coerciones que suelen utilizar, pudo lograr jamás, a lo que hay que agregar que, milagrosamente -literalmente, por un milagro, por una intervención divina, no hubo fallecidos, aunque sí hubo desmanes, ya que nunca falta quien no entiende la situación y hace lo que no debería hacer-. Es decir, todo el país -imposible nombrar todas las provincias, pero fue todo el país, literalmente- estuvo unido -brevemente, fugazmente, pero unido-, sin ninguna clase de banderías políticas, sin ninguna mención a ninguno de los innumerables desastrosos partidos políticos que des-gobiernan la Argentina desde hace décadas. Lo que unió a la Argentina fue la alegría por el triunfo de la Selección y aquí hay que hablar del triunfo en sí, puesto que a todas luces fue un triunfo que reivindica la meritocracia, es decir, el premio al mejor y en este caso, al mejor de los mejores, el equipo argentino. Si nos tuviéramos que guiar por los parámetros del mundo, que abomina de la meritocracia en pos de una anti-natural “igualdad” -los seres humanos no somos todos iguales y por ello nos complementamos y tenemos necesidad unos de los otros, lo cual lleva a una armónica convivencia humana-, en el equipo argentino no estarían los mejores, sino los “iguales” y así es imposible, de toda imposibilidad, ganar nada. Por otra parte, al haber sido un triunfo sacrificado, reivindica valores olvidados en este mundo progresista, modernista y anti-cristiano: el esfuerzo, el sacrificio, la solidaridad, el deseo de ser el mejor y la puesta en práctica, por obra, de aquello que conduce al camino del éxito -aunque este no esté asegurado de ninguna manera-, la superación de las adversidades, la superación de las voces que sin conocer ni apreciar el mérito, el esfuerzo y el sacrificio, denostan a los que sí lo hacen, y así con muchos otros valores y virtudes mostrados a lo largo de la competencia.
Los jugadores dieron, al mundo entero, una mínima,
pequeñísima muestra, pero muestra al fin, de la vigencia perenne del orden
natural: si bien con seguridad, por los tiempos de apostasía en los que
vivimos, casi ninguno está unido por el sacramento del matrimonio, pero la gran
mayoría mostró al mundo que el orden natural, creado por Dios, está más vigente
que nunca, porque todos se mostraron con sus familias, con sus esposas, sus
hijos, sus familiares, dando así una fugaz pero inmortal postal de la familia
natural, la familia creada por Dios, formada por el varón, la mujer y los hijos
frutos del amor esponsal -aun cuando, suponemos, la mayoría no esté unido por
el sacramento del matrimonio, por lo que no es, de ninguna manera, una reivindicación, ni siquiera implícita, de las uniones extra-sacramentales- y esto es de un valor incalculable, porque esta
postal -fugaz- se dio en el contexto en el que las más perversas mentes del
planeta -como el PSOE en la amada España- decretan leyes inicuas intentando dar
validez legal a lo que es anti-natural[1].
Un aspecto a considerar es que, en el "canto del Mundial", que se popularizó entre los argentinos, si bien es un típico canto popular futbolístico, con lo cual parecería que no hay nada para rescatar, sin embargo, sí hay algo para rescatar y es la mención a "los pibes de Malvinas", aunque en realidad debería decir: "los Héroes de Malvinas", pero como sea, la mención de las Islas Malvinas y de quienes dieron sus vidas para recuperarlas del invasor inglés, contribuye a la lucha contra la desmalvinización propuesta por los sucesivos gobiernos "democráticos" que en este y en otros aspectos, obraron y obran en contra de los verdaderos intereses de la Patria.
Otro aspecto a considerar -y nos parece que es el
elemento sobrenatural que le da una trascendencia superior al hecho fubolístico
en sí- es que la Bandera Argentina ondeó, materialmente, en todo el país, y flameó
sola, sin ninguna bandería de la (inicua) política argentina y además, ondeó -al
menos virtualmente, pero ondeó-, por TODO EL MUNDO, debido a que, como decíamos
al inicio, se trató del evento deportivo más televisado en la historia, al
menos del deporte. ¿Y cuál es la importancia de que la Bandera Nacional
Argentina haya ondeado en el País y en todo el mundo?
Y aquí, en la respuesta a esta pregunta, viene lo que
consideramos el aspecto sobrenatural del triunfo de la Selección y que hace
trascender lo meramente deportivo: la Bandera Nacional Argentina, por
disposición divina, ES el Manto celeste y blanco de la Inmaculada Concepción y
esto no es un dato dicho por autores piadosos, sino, además, porque es una
verdad histórica: el General Belgrano recibió la gracia de homenajear a la
Inmaculada Concepción, Nuestra Señora de Luján, dando a la Bandera Argentina
los colores del Manto de la Virgen, según las declaraciones del hermano del General
Belgrano y según las investigaciones de numerosos historiadores que llegaron a
esta conclusión luego de rigurosas investigaciones científicas historiográficas.
Entones, al ser el Manto de la Inmaculada Concepción, a través del triunfo
deportivo, podemos decir, con toda certeza, que el Manto de la Inmaculada
Concepción flameó, ondeó, aun por un breve instante, por todo el mundo,
cubriendo sobrenaturalmente al mundo y cobijándolo bajo su protección maternal.
Además de la alegría de una tercera Copa Mundial, en
el triunfo de la Selección podemos contemplar -al menos en nuestra modesta
opinión-, una mínima restauración del orden natural, una reivindicación de la
meritocracia, sin lo cual nadie llega a ningún lado y lo más hermoso de todo,
que la celeste y blanca, la Bandera Argentina, que es el Manto de la Inmaculada
Concepción, cubrió todo el mundo envolviéndolo, como si la Madre de Dios, en su
advocación de la Inmaculada Concepción, en su advocación de Nuestra Señora de
Luján, hubiera cubierto el mundo, resguardándolo de la tormenta que se avecina.
[1] El PSOE, filial inconfesada del
Partido Comunista, “legalizó” hasta dieciséis (16) tipos diferentes de familias,
contrariando intencionalmente al orden natural creado por Dios.
jueves, 5 de enero de 2023
Argentina pone la Copa del Mundo a los pies de la Virgen de Luján
Copa del Mundo ganada por Argentina en Qatar 2022 en el Santuario de la Virgen de Luján. Crédito: Twitter / Santuario de Luján.Por David Ramos
4 de enero de 2023 / 9:24 p. m.
El presidente de la Asociación de Fútbol Argentino (AFA), Claudio Fabián “Chiqui” Tapia, llevó la Copa del Mundo de la FIFA a los pies de Nuestra Señora de Luján, la patrona del país.
En un comunicado, el Santuario de Luján señaló hoy que "con gran alegría recibimos la visita del Sr. Presidente de la Asociación del Fútbol Argentino, Claudio “Chiqui” Tapia; quien en un gesto de gratitud llevó la Copa del Mundo recientemente obtenida por la Selección Argentina de Fútbol en el Mundial de Qatar 2022, ante la mirada de la Virgen de Luján, Patrona del Pueblo Argentino".
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"La recepción estuvo a cargo del Padre Lucas García, Rector del Santuario y Basílica Nuestra Señora de Luján, quien presidió la oración de un Ave María en Acción de Gracias por el logro que regaló también una sonrisa a la sociedad argentina toda".
"Damos gracias a nuestra Madre de Luján por los frutos de este gesto", concluyó el santuario mariano.
MÁS EN AMÉRICA
Tapia por su parte dijo en Twitter que “esta tarde le llevé la Copa del Mundo a la Virgen de Luján, patrona de los argentinos”.
El Presidente de la AFA agradeció también al P. Lucas García, así como “a los empleados de la Basílica y a toda la ciudad de Luján por la calidez y el trato recibido”.
La Basílica de Nuestra Señora de Luján es el principal santuario mariano de Argentina, y recibe alrededor de tres millones de peregrinos y devotos a lo largo del año.
La selección de fútbol de Argentina se coronó campeona del Mundial Qatar 2022 el 18 de diciembre de 2022, tras un partido considerado una de las mejores finales de la historia de la Copa del Mundo frente al seleccionado de Francia.






