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Un
católico no debe celebrar Carnaval por diversos motivos:
Porque el
Carnaval aparenta una alegría que no viene de Dios, sino que su alegría es una
alegría mundana, superficial, banal, y basada en el pecado. El católico tiene
su propio motivo de alegría, que no viene del Carnaval precisamente, ni de
ningún motivo terreno, sino de Dios, que es “Alegría infinita” y que comunica
de esta alegría a quien a Él se le acerca.
Porque el
Carnaval exalta las pasiones, la lujuria, el desenfreno, la codicia, la
embriaguez, la falta de pudor, la falta de vergüenza, la impudicia y el
deshonor. Contrariamente, el cristiano se caracteriza por hacer el sacrificio
para vivir virtuosamente y si no posee las virtudes, se esfuerza por
alcanzarlas.
Porque
el Carnaval exalta al hombre viejo, al hombre que vive en pecado, al hombre que
voluntariamente rechaza la gracia porque prefiere y elige vivir en la antigua
condición, la condición del pecado. El cristiano, por el contrario, se
caracteriza por vivir la vida de la gracia, la vida del hombre nuevo redimido
por Cristo.
Porque el
Carnaval exalta al pecado en todas sus formas, sutiles y explícitas, porque el
Carnaval no sólo vive del pecado, sino que lo genera, lo produce, lo aumenta y
lo enarbola como derecho humano. Al contrario, el cristiano rechaza
radicalmente al pecado, porque en vez del pecado, prefiere tener en su alma la
gracia santificante.
Porque el
Carnaval ensalza a Satanás como a su rey y esto se puede constatar por el hecho
de que en todas las culturas, independientemente de su geografía, del tiempo y
de la distancia, el rey del Carnaval siempre es Satanás. De modo opuesto, el
Único Rey para el cristiano es Cristo, Rey de reyes y Señor de señores.
Porque por
su cercanía con la Cuaresma cristiana, el Carnaval exalta y ensalza todo lo que
la Cuaresma condena y rechaza. Al iniciar la Cuaresma, el cristiano se esfuerza
por vivir la vida de la gracia, que es todo lo contrario al pecado.
Porque el
Carnaval, con su colorido, con su música estridente, con sus bailes sensuales y
con todo lo que hay en él, en vez de alegría y la vida, celebra la tristeza y
la muerte, porque ensalza todo lo que Cristo ha derrotado en la Cruz.
Por todas estas razones, el cristiano católico no debe
celebrar el Carnaval, bajo ningún concepto.
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