jueves, 15 de septiembre de 2016

¿Cuál es la relación entre el templo de mi Parroquia y nuestra vida espiritual?


El sentido espiritual de un centenario parroquial
         En el decreto de fundación de la Parroquia, se dice que su objetivo es: “facilitar el cumplimiento de los deberes de los sacerdotes” y para “satisfacer las necesidades espirituales de los bautizados”. Ahora bien, para comprender el sentido espiritual de un centenario parroquial, es necesario hacer una analogía y reemplazar el término “parroquia” por el de “iglesia”, puesto que la parroquia es, en cierto modo, la presencia visible de la Iglesia de Jesucristo. Si esto es así, entonces a la Parroquia, como estructura de la Iglesia que representa a la Iglesia, le corresponde la misma misión de la Iglesia. ¿Y cuál es esta misión? Ante todo, debemos aclarar cuál NO ES la misión de la Iglesia: si bien la Iglesia está llamada a obrar la misericordia, y dentro de esta misericordia está el atender a los más pobres y necesitados, la misión de la Iglesia –y, por lo tanto, de la Parroquia-, no es la de terminar con la pobreza del mundo, ni saciar el hambre –al menos, el hambre corporal, porque sí tiene la misión de saciar el hambre de Dios que toda alma tiene desde que es concebida-, porque la Iglesia no es una ONG, ni una organización social, ni un club filantrópico: la misión de la Iglesia es la de comunicar a los hombres el Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo, es decir, la Buena Noticia de la salvación que el Hombre-Dios nos obtuvo con su sacrificio redentor en la cruz. Por un lado, todo hombre tiene derecho a saber cuál es esta Buena Noticia, y por otro, Jesús, el Hombre-Dios, tiene derecho a ser conocido, amado y adorado por todos los hombres, puesto que Él es su Creador, su Redentor y su Santificador. La misión de la Iglesia es la de comunicar el mensaje de la salvación de Nuestro Señor Jesucristo, que nos salva de nuestros tres enemigos mortales: el Demonio, el mundo y el pecado, pero no solo eso, sino que además este mensaje consiste en que Jesús nos quita los pecados con su Sangre, nos concede la filiación divina y, con sus brazos extendidos en la cruz, nos abre las puertas del cielo para que así podamos, por su gracia y misericordia, entrar a las habitaciones que el Padre ha dispuesto para nosotros en su Reino.
         Ahora bien, este aniversario coincide con los doscientos años de Nuestra Patria Argentina, lo cual no es un hecho aislado de nuestra misión como Parroquia, pues nuestra Patria nació a los pies de la Cruz de Nuestro Señor Jesucristo –la Independencia fue meramente política pero no cultural ni religiosa- y arropada en manto de María, pues los colores de la Bandera que le dio Belgrano son un homenaje al manto celeste y blanco de la Inmaculada Concepción de Luján. Entones, nuestra misión como Parroquia, la de transmitir el Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo, se corresponde con el nacimiento de nuestra Patria a la sombra de la Cruz de Jesús y del Manto de María.

         Por último, en la Dedicación del templo parroquial, debemos ver la prefiguración de nuestra propia condición, en cuanto cristianos, de templos del Espíritu Santo, en el momento de haber recibido el bautismo sacramental. Así como el templo se dedica a Dios y deja de ser un espacio físico y meramente material, para ser Casa de Dios, pues Dios lo consagra con su santidad, así debemos ver nuestros cuerpos como templos del Espíritu Santo, consagrados por el bautismo y por lo tanto pertenecientes a Dios desde ese momento. Así, al entrar en el templo parroquial, debemos recordar que así como el templo es Casa de Dios, así nuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, con lo cual debemos procurar vivir en santidad, para que nuestros corazones sean los altares en donde sea adorado el Dios de la Eucaristía, Cristo Jesús.

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